La Coctelera

Reggio

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4 Marzo 2007

Por republicano. En el aniversario de la muerte de Leopoldo Alas Argüelles (I), de Francisco Galera Carrillo en El Comercio

EN su interesante 'El atroz desmoche', sobre la destrucción de la universidad española por el franquismo, Jaume Claret afirma que el ajusticiamiento de Leopoldo Alas, en febrero de 1937, «no se debió a su ideología ni a los cargos ostentados, sino al hecho de ser hijo del autor de 'La Regenta'», y añade que mi investigación doctoral demuestra esta hipótesis. Hace años, mi admirado David Ruiz afirmó algo similar en un trabajo sobre la memoria de 'Clarín' en el Oviedo franquista, e imagino que de ahí viene la rotunda afirmación de Claret.

Esta tesis no es novedosa. Ya cuando se conoció el fusilamiento de Alas, recuerda Paco Ignacio Taibo, «nadie dudó un instante: -Una venganza de los curas. (...) En Oviedo las culpas literarias de los padres las pagan los hijos». Juan Antonio Cabezas fue el principal apologista de esta teoría. En abril de 1937 titula su necrológica en 'Avance': «Odio de vivos y muertos contra Leopoldo Alas», y escribe: «Al hijo de 'Clarín' lo perseguían en Oviedo los hombres y los fantasmas de la reacción. A los falangistas acusadores, se unían -coro invisible de grotesca tragedia- los personajes de 'La Regenta', aquellos curas, canónigos, marqueses y algún obispo que no perdonaron a 'Clarín'». Incluso los telegramas enviados a Franco desde medio mundo pidiendo clemencia, «recordaban lo peor: que [Alas] era hijo del gran escritor asturiano y universal 'Clarín'». Años después, Cabezas dará formato literario al argumento: «Lo fusilarán. Se saldrán con la suya los 'nietos de La Regenta'». Los que no han perdonado a su padre esa radiografía del Oviedo levítico, hipócrita y aburguesado de los años de la Restauración. Lo matarán para vergüenza de Oviedo, de la Universidad y de la universal Vetusta de 'Clarín'». El propio Alas hijo alimenta esta teoría cuando el día antes de su muerte confiesa a López Cuesta, compañero de prisión: «Matan en mí la memoria de mi padre».

Y aunque este debate entra en el terreno de las especulaciones, no dudo que para señalados personajes de la capital asturiana la desaparición de Alas fuera un desagravio necesario. Sin embargo, es preciso indagar si esa fue la motivación principal en el proceso y condena de Alas y, sobre todo, tendríamos que preguntarnos por qué y cómo el hijo se hizo acreedor a tan trágico galardón.

No vamos a valorar aquí la influencia social de 'La Regenta'. Es difícil separar críticas literarias de la valoración del público, aunque es imaginable que determinadas censuras, sobre todo de clérigos, influyeran en la actitud de las gentes de orden. El obispo de Oviedo la calificó en 1885 de «escarnio a las prácticas cristianas» e «injurioso con respetabilísimas personas», lo cual le valió una memorable réplica. Sin embargo, 'La Regenta' fue un libro poco editado y 'Clarín' había fallecido treinta y cinco años antes. Tal es así que en 1931 ya había reunido suficiente reconocimiento para merecer un monumento en Oviedo, saludado calurosamente por la prensa conservadora e inaugurado con presencia de autoridades y principales. El mismo Alas hijo, que había regresado a Oviedo en 1920, parece perfectamente integrado en la fracción más inquieta de la burguesía capitalina. Por ejemplo, en la Universidad de Oviedo, en un claustro netamente conservador, con los Arias de Velasco, Galcerán o el mismísimo Pedro Sainz Rodríguez, panegirista de Franco pero antes de 'Clarín'; en el Colegio de Abogados, en cuya Junta de Gobierno figura con Ramón Prieto o José María Guisasola, entre otros; en el Centro de Estudios Asturianos, junto a personajes tan diversos como «su amigo» José María Fernández-Ladreda, futuro ministro de la dictadura, Aurelio de Llano, el Conde de la Vega del Sella, el Marqués de la Rodriga o Juan Uría. Y así en varias iniciativas sociales y culturales: desde la Asociación de Amigos del Campo de San Francisco al propio Ateneo Popular de Oviedo, entidad más burguesa que obrera en la cual confluyen numerosas sensibilidades. Algunos de los citados serán furibundos franquistas; otros, los menos, sufrirán algún tipo de represalia. ¿Qué pasó entonces? ¿Qué rompió la convivencia?

Sucedió pocos días antes de la inauguración del monumento a 'Clarín', un 14 de abril. Lo explica Antonio Machado: «Unos cuantos hombres honrados, obedientes a la voluntad progresiva de la nación, tuvieron la insólita y genial ocurrencia de gobernar atenidos a normas estrictamente morales (...). Para ellos eran sagradas las más justas y legítimas aspiraciones del pueblo; satisfacerlas era precisamente la más honda razón de ser de todo gobierno». Y habrá torpezas, excesos y no pocas tibiezas, pero Alas será uno de aquellos hombres. Se equivoca, por tanto, Claret cuando afirma que «Alas Argüelles no tenía una vinculación muy fuerte con la República». En 1904, con apenas veinte años, ya participa en un mitin republicano. Su familia conserva un cuaderno escolar con un significativo '¿Viva la República!' anotado al margen. Durante treinta años militó en las sucesivas formaciones políticas de la izquierda republicana, a excepción de un corto período en 1919 que se integra en el partido socialista. En febrero de 1926 es el primer firmante del manifiesto de la Alianza Republicana, la plataforma sobre la cual cristalizará la oposición a Primo de Rivera. Desde su puesto de decano de la Facultad de Derecho encabeza la protesta de la Universidad de Oviedo contra el dictador. En 1930 es vicepresidente del Centro Republicano de Oviedo, y responsable, entre otros, de que la militancia ovetense pase en masa al partido radical socialista de Álvaro de Albornoz. Alas será acérrimo defensor de la participación socialista en las instituciones republicanas. (Dirá: «Ahora España comienza a estar presente en la historia. ¿Cómo? Con ese brazalete rojo que llevan estudiantes y obreros», y se alegrará de ver junto a la bandera tricolor, «la otra, la roja, la vuestra»).

Con la República asume Alas nuevas obligaciones: rector de su Universidad (22 de mayo de 1931), miembro de la Sección de Universidades del Consejo de Instrucción Pública, bajo la presidencia de Miguel de Unamuno; diputado en las Cortes Constituyentes, miembro de la Comisión de Constitución, con Jiménez de Asúa, de la Comisión Jurídica Asesora, subsecretario de Justicia en el ministerio de Álvaro de Albornoz, entre 1931 y 1933. Ante las elecciones de noviembre de 1933, aparca por unas semanas su deseo de retirarse y no elude ponerse al frente del Comité Ejecutivo provincial de un partido completamente fracturado. En ese compromiso constante e indeclinable con el proyecto republicano es donde hay que buscar la raíz del conflicto que llevará a Alas ante el pelotón de ejecución.

Si algo caracteriza al bloque hegemónico desalojado del poder en 1931 es su absoluta falta de generosidad. Una cadena interminable de crisis y disensiones obró el milagro del 14 de abril, pero la confusión inicial fue rápidamente superada... y el enemigo identificado. En junio de 1931, un acto del partido liberal demócrata es reventado y Alas, junto a otros candidatos de la izquierda como Pepín Díaz Fernández, es señalado como instigador del alboroto. En agosto de 1932, tras la fallida sublevación de Sanjurjo, el Gobierno inicia una depuración de funcionarios supuestamente desafectos. En el departamento de Justicia son jubilados o cesados decenas de jueces y magistrados, y aunque la medida apenas erosiona un tejido profesional extremadamente conservador, numerosos Colegios de Abogados -entre ellos el de Oviedo- podrán en la picota al tándem Albornoz-Alas. Uno de los cesados depondrá en el expediente de depuración de Alas, instruido después de su muerte.

Pero más allá de medidas concretas más o menos acertadas, es el tímido programa reformista en su conjunto el que provoca rechazos a derecha e izquierda. Cuando en diciembre de 1931 Alas se incorpora a la Subsecretaría de Justicia el objetivo es ambicioso: poner en marcha la separación Iglesia-Estado. Muchas de las propuestas están en nuestro nada revolucionario ordenamiento jurídico (divorcio, matrimonio civil, etcétera), pero entonces fueron descalificadas como un asalto a la conciencia nacional católica. Albornoz será apodado 'tragacuras' y los medios conservadores no tendrán ninguna dificultad para agitar a sus alarmadas bases sociológicas: burguesías locales, propietarios, terratenientes y, tras ellos, un complejo entramado de redes clientelares y feudatarios ideológicos. «Dicen algunos -trata de explicar Alas- que la República hace una obra sectaria y peligrosa, habiendo introducido la intranquilidad en los espíritus. Tengo que declarar que es verdad. La República ha venido a intranquilizar, agitar y remover las conciencias». Azaña dirá algo parecido. Verdadero 'Elogio de la inquietud', por utilizar el título que otro institucionista asturiano, también hoy desconocido y también asesinado en 1936, Ernesto Winter Blanco, pusiera a su particular guía para perplejos. Buena filosofía pero mala política o, tal vez, necesidad hecha virtud: en 1931 ni el encasillado, ni los borboneos, ni siquiera los Martínez Anido -aunque se intentará- son ya válidos en un escenario de extraordinaria movilización política. Lo que no imaginaban aquellos hombres es que en ese contexto de desconfianza creciente, de inquina contenida hacia los protagonistas del primer bienio republicano, hacia ellos mismos, sobrevendría la catástrofe.

Octubre de 1934: miles de mineros invaden la ciudad de Oviedo en nombre de la revolución socialista. Durante diez días, el bastión de la burguesía provincial se convierte en un auténtico campo de batalla. La ciudad queda literalmente arrasada: manzanas enteras del caserío, bancos, hoteles, negocios, los centros de poder de las élites asturianas, desde la Audiencia hasta la catedral, pasando por el Banco de España, son engullidos por las llamas y la dinamita. Sevicia horrenda, por supuesto, pero también coartada para la crispación permanente en la que se instalará la burguesía de la capital. La desconfianza y el recelo se tornarán revancha y ansias de venganza. Se abre un tenso compás de espera que no se cerrará sino con la sublevación de julio de 1936. La hora de saldar cuentas.

FRANCISCO GALERA CARRILLO.INVESTIGADOR EN HISTORIA CONTEMPORÁNEA.

Tags: alas

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Julia Maroto Sanchez

Julia Maroto Sanchez dijo

¿Para cuándo el próximo artículo?:
Después de la primera parte, esperaba con ansiedad la publicación de la segunda que por supuesto fue, incluso, más apasionante que la primera. Artículos más dignos de una revista de investigación ( sin con ello menospreciar este periódico en el que aparecen). Artículos escritos con la pasión que supone (imagino) muchos años de entrega, de intensa labor.
Animo a su creador a seguir deleitándonos con estos hechos de nuestra historía.
Gracias.

13 Marzo 2007 | 10:47 AM

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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