Las manifestaciones políticas se suceden en las calles madrileñas para protestar contra la política antiterrorista del gobierno. Ya van ocho en los últimos meses. Ayer, desde Córdoba, Mariano Rajoy nos aseguró que su partido no había convocado ninguna protesta callejera en esta legislatura y que había llegado el momento de invitar a los españoles a hablar con pancartas y consignas.

Lo que ha hecho el Partido Popular, según Rajoy, es sumarse a las manifestaciones convocadas por otros, desde el Foro de Ermua a la Asociación de Víctimas contra el Terrorismo. Es el momento de ponerse oficialmente delante de la manifestación contra el gobierno.

No deja de ser pintoresco este afán de manifestarse de forma tan continuada. Tiene derecho todo el mundo a manifestarse dónde y sobre lo que quiera, pero estábamos acostumbrados a ver desfilar colectivos que estaban fuera de los circuitos institucionales del poder.

Rajoy dirá a los españoles en las próximas fechas cuándo nos convoca y a qué nos convoca. Esperamos con atención si la convocatoria será en el barrio, en la ciudad en que vivimos, en la capital de provincia o en el mismo Madrid.

La decisión del gobierno de atenuar la prisión del etarra De Juana Chaos es, según palabras de la vicepresidenta Fernández de la Vega, "escrupulosamente legal". El ministro Rubalcaba asumió el jueves todas las consecuencias de esta decisión explicando que "a diferencia de los terroristas, el Estado de Derecho y el Gobierno, que lo respeta y protege, es magnánimo aunque tenga que tomar decisiones que provoquen rechazo por ser difíciles de entender".

Haga lo que haga el gobierno hasta las próximas elecciones será rechazado por la oposición, que está en su derecho a convocar a quien quiera. Pero me interesa más lo que se diga en el Congreso y que las discusiones y debates políticos, todo lo crispados que se quiera, tengan lugar en las instituciones.

La política no se hace en la calle. Tenemos foros en los que se pueden discutir los valores e intereses comunes, aportando todas las discrepancias y críticas que sean pertinentes en cada momento. La democracia no se encuentra cómoda con las pancartas, los gritos, las concentraciones masivas.

El sistema requiere discusión, respeto, críticas, pronunciamientos alternativos. Lo más interesante de la democracia no es mantener a los gobiernos sino echarlos. Pero en las urnas, después de que todos y cada uno digan lo que estimen conveniente.

No me inspira ninguna simpatía De Juana Chaos que tiene el miserable historial de haber asesinado a 25 personas inocentes. Cumplió su condena siguiendo la legislación vigente. Escribió dos artículos repugnantes en 2004 y, después de todas las peripecias judiciales, fue condenado a tres años de cárcel.

Por muy despreciable que sea la actitud del etarra que amenazó al estado con una huelga de hambre que le podía causar la muerte en unas semanas, la atenuación de la pena está dentro del marco legal en vigor.

La fiscalía exageró al pedir 96 años de cárcel por dos artículos publicados. La misma fiscalía corrigió la petición de pena y la redujo a doce años hasta que el Tribunal Supremo lo dejó en tres años de los que había cumplido dos. El gobierno tenía la facultad legal de atenuar la pena, que no significa dejarle en libertad. Y lo hizo sabiendo que se entregaba al Partido Popular un nuevo argumento para salir en manifestación.

Vamos a esperar los acontecimientos. Pero toda la bulla organizada en las calles para protestar contra la política antiterrorista y contra cualquier movimiento del gobierno que se aparte de lo que los populares proclaman como verdad absoluta e inmutable.

Pero la cita a las urnas se va acercando y los españoles expresarán su opinión. Mucho me temo que si Mariano Rajoy no llega a ser presidente del gobierno, la calle seguirá ocupando el espacio central de la política española. Es muy peligroso y ciertamente insólito. Es irresponsable.