En la televisión pública española, en la primera cadena para ser exactos, hay un programa deportivo, sobre fútbol para ser más precisos, que todos los domingos a partir de las once de la noche, para concretar todos los detalles horarios, que se llama El Rondo, y que dirige ese periodista catalán (me imagino que es catalán por el apellido) que se llama Quique Guasch, acompañado por otra periodista de rostro aniñado y sonrisa complaciente, que hace lo que puede entre siete u ocho hombres que hablan de fútbol con la pasión del forofo que vive del tema (esto del tema es lo que repite continuamente un amigo mío, para el que todas las cuestiones laborales, sociales, religiosas, culturales o políticas o gastronómicas acaban convirtiéndose en temas , que si el tema del divorcio, que si el tema de la eutanasia, que si el tema del carnet por puntos, en fin.
En primer lugar ignoro quién o quiénes son los responsables del título del programa: El Rondo. Ignorancia que se une al desconocimiento de lo que pueda significar esa palabra, porque en castellano la única voz conocida que se pueda asemejar a ella es rondó , con acento en la última letra o (o de otorrea: flujo mucoso o purulento procedente del conducto auditivo externo, y también de la caja del tambor cuando, a consecuencia de enfermedad, se ha perforado la membrana timpánica). Hablo de la otorrea y no del rondó (rondó: composición musical cuyo tema se repite o insinúa varias veces).
Así que vamos llegando por métodos científicos y onomásticos a la clave del tema (como dice ese amigo mío temático: "háblame del tema", "tengo el tema encima de la mesa", "ese tema es del vicedecano" etc, etc). O sea, que el rondó es una repetición insoportable de ruidos vocales, de interrupciones de conversación, de intervenciones truncadas por la mala educación de los intervinientes, de noticias sobre los entresijos de la directiva del Madrid, de los líos de los presidentes del Betis y el Sevilla, de la mujer de Beckham y sus modistos, de la obesidad de Ronaldo, de las declaraciones de Eto´o a un periódico comarcal de Camerún, del compromiso clandestino de Capello con un club de los emiratos árabes, de la Biblia en verso y el sursum cordam cogidos de la mano.
LA MUSICA, pasada de decibelios, del rondo, repetitiva hasta la náusea, e ininteligible a causa del follón verbal de los invitados, lleva al telespectador a la otorrea, a percibir y sentir cómo el flujo purulento o mucoso procedente del conducto auditivo externo se desparrama por las orejas y el cuello, después de que le hayan perforado la membrana timpánica del tema. Así que se irá comprobando, con el paso de los años y suponiendo que el programa siga vivo unas cuantas ligas más, cómo los españoles aficionados al fútbol van perdiendo capacidad auditiva, con los tímpanos perforados y el pus y los flujos expelidos desde la caja del tambor tímbrico de los distintos pabellones del tema (como dice ese amigo mío). Dentro de cuarenta años habrá congresos de otorrinología en Europa que intentarán descubrir por qué hacia los años 2005, 2006, 2007, 2008 y 2009 (si antes de esa fecha nos le da una apoplejía a los intervinientes e invitados del programa), se produce en España una enfermedad de oídos que afecta a un veinte por ciento de la población. Nadie sabrá entonces que la epidemia de sordera fue producida por el rondo de Quique Guasch y sus ensordecedores contertulios.
La verdad es que (como inician siempre los futbolistas sus respuestas a los medios: "la verdad es que el árbitro se tragó el penalti de fulano", "la verdad es que jode no ir convocado ante el derby", "la verdad es que estoy hasta la boina de la prensa"), la verdad es que, repito, entre unas cosas y otras el fútbol se está convirtiendo en un espectáculo insoportable. Porque entre las masas de jumentos que van al campo a insultar y a intentar romperle el alma al linier, la grosería y desfachatez de muchos de los presidentes y directivos (Del Nido y Lopera han sobrepasado los límites de lo permisible, no ahora sino hace ya años), la falta de conocimientos técnicos de los principales directores de prensa deportiva (por el rondo pasan una semana sí y otra también los directores del As, Marca, Mundo Deportivo , o sus redactores jefes) que son los que se dedican con más denuedo a destripar las vidas de los futbolistas, que por otra parte, y al margen de lo estrictamente deportivo, carecen del mínimo interés.
MENOS MAL que al programa de este gracioso de todo a cien -moreno uva, bigote marqués de Ahumada, ropa de diseño para estancia en Marina D´Or, y una carencia absoluta de sus propios límites- concurren también algunos exjugadores, representantes y entrenadores en ejercicio o cesantes (Carrasco, De Felipe, Karpin, el vasco Aguirre y otros), que ponen una nota de sensatez y educación en la tertulia, pero que casi siempre tienen que callarse la boca, interrumpidos por la palabrería los supuestos especialistas del tema.
Qué diferencia entre estos listillos de la murmuración, la bomba informativa y la confidencia a voces, y aquellos que, en los años difíciles (los Antonio Valencia, Cronos, Alfredo Relaño, García Candau y demás esforzados de la Olivetti), transmitían la información limpia de polvo y caspa. Que Jules Rimet nos ampare.
Álvaro Ruiz de la Peña. Profesor de la Universidad.

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