Aprender inglés en Catalunya, de Mercè Vilarrubias en El Periódico
UN AVANCE EDUCATIVO LARGAMENTE REIVINDICADO
El pasado 16 de febrero, en el marco del Pacto por la Competitividad, la patronal catalana, reunida con miembros del Govern y los sindicatos, hizo un llamamiento a la mejora del aprendizaje del inglés en Catalunya. El mismo día, el conseller d'Educació, Ernest Maragall, anunciaba que su departamento iba a dar un gran impulso a la enseñanza del inglés con una partida presupuestaria considerable: 215 millones para los próximos cuatro años. Pocos días después, Joan Badia, director general d'Innovació Educativa, afirmaba que el inglés sería uno de los ejes de actuación de su departamento porque "lo pide la sociedad: educadores, empresarios y familias".
Parece, pues, que hay un acuerdo general por el que se requieren cambios en profundidad para mejorar el conocimiento de inglés en Catalunya. Los estudios más recientes muestran que solo alrededor del 15% de la población catalana es capaz de comunicarse cómodamente en una lengua extranjera, siendo esta mayoritariamente el inglés, cuando la media europea se acerca al 60%.
LA EXPLICACIÓN que se baraja más a menudo para entender el bajo nivel de inglés en Catalunya es el deficiente sistema escolar de enseñanza de idiomas. Es cierto, pero hay al menos dos razones más. Que el sistema educativo es pobre está fuera de toda duda. El énfasis en las explicaciones gramaticales y los ejercicios escritos no lleva a mucho más que a lograr que algunas palabras y frases "suenen". Y lo que requiere el aprendizaje es, en primer lugar, exposición a la lengua: es decir, escuchar el inglés, familiarizarse con él y, luego, mucha práctica oral.
Es posible que el nuevo plan de educación ayude a mejorar la enseñanza. Sin embargo, los expertos en aprendizaje de idiomas advierten de que son necesarias al menos 2.500 horas de exposición a una lengua para empezar a hablarla con cierta fluidez. El sistema educativo (de los 6 a los 18 años) proporciona solo unas 1.000 horas. Por lo tanto, el resto debe buscarse fuera.
La segunda explicación que hace del aprendizaje del inglés una tarea extremadamente dificultosa es la actitud cultural que hay en Catalunya frente a los idiomas. No se valoran como la riqueza que son: más bien podríamos decir que son rechazados. La prueba es la predilección por que todo esté únicamente en catalán o español, y que lo que está en lenguas extranjeras sea doblado o traducido. Las películas extranjeras están dobladas y en los informativos de la televisión raras veces se puede escuchar a personas extranjeras hablando en su idioma con subtítulos. En mi opinión, se perdió una gran oportunidad cuando se creó TV-3 y se optó por no usar subtítulos. El resultado es que hoy en Catalunya, si no se busca activamente, el inglés no se oye, no se está expuesto a él, y la exposición es una condición necesaria para el aprendizaje.
Además, ni en Catalunya ni en España hay referentes culturales, personas de prestigio, que sean multilingües. Los presidentes del Gobierno no hablan inglés, y cuando, por ejemplo, Pedro Almodóvar o Fernando Alonso dan una conferencia de prensa en inglés, la voz en off del traductor silencia sus palabras.
El referente cultural es más bien que nuestro destino es no saber expresarnos si no es en nuestra lengua materna. Un ejemplo: cuando hace un tiempo, Andreu Buenafuente, en uno de sus monólogos, dijo que él no necesitaba ir a clases de inglés porque tenía un nivel muy alto, el público lanzó grandes carcajadas. En España, decir que hablas bien inglés es considerado un chiste.
Otra manifestación de esta actitud cultural de rechazo por los idiomas la vemos en las deficientes traducciones escritas en muchos lugares públicos. Los anuncios en inglés del transporte público de Barcelona tienen muchos errores; algunas webs en inglés de la propia Generalitat son incomprensibles. Pero nadie parece preocuparse por ser lingüísticamente riguroso.
LA TERCERA explicación de por qué cuesta tanto aprender inglés en Catalunya es el hecho de que aquí también hablamos castellano, una de las lenguas mayoritarias del mundo, y por ello tenemos acceso a muchas cosas a través de ella. Hay numerosos estudios que avalan que cuanto más mayoritaria es la lengua materna de una comunidad, menos predisposición hay a aprender lenguas extranjeras. En este sentido, nosotros somos como los franceses o los alemanes que, al tener lenguas grandes, también tienen más dificultades para hablar inglés. En cambio, los escandinavos o los holandeses, con lenguas maternas minoritarias, si no saben inglés no pueden comunicarse con casi nadie de fuera de sus países, lo que les hace valorar el inglés de otra manera y les predispone a aprenderlo.
Obviamente, los catalanes no podemos cambiar el hecho de que también hablamos castellano, ni falta que hace. Sin embargo, sí podemos empezar a cambiar las otras cosas que he mencionado. Necesitamos un buen sistema de aprendizaje, la presencia constante del inglés con subtítulos en los medios de comunicación y, sobre todo, una actitud de valoración real de los idiomas. Cuando exista en la sociedad catalana -si llega a existir- la idea de que el hablar únicamente la lengua o lenguas maternas es una pequeña pobreza, entonces podremos empezar a construir una sociedad trilingüe.
Mercè Vilarrubias. Profesora de inglés de la Escola Oficial d'Idiomes de Barcelona-Drassanes.
