LA NUEVA AGENDA
Arthur Meier Schlesinger Jr., muerto el pasado miércoles en Manhattan, siempre vivió en Camelot. Primero, porque pudo decir, como el senador demócrata Daniel Patrick Moyniham, que escribió más libros que los que leyeron sus críticos. Y, segundo, porque fue un historiador entusiasta de la agenda liberal demócrata, multilateralista y partidario del cambio para el avance social.
La infancia de Schlesinger fue privilegiada, una combinación de genes de primera clase, tutores brillantes, magníficas conexiones sociales y una posición envidiable para observar los sufrimientos provocados por la gran depresión y la Guerra Mundial. Este bagaje le procuró un armamento sofisticado para interpretar la sociedad estadounidense: compasión, avidez de conocimiento, ironía y sátira. A la edad de 14 años, como cuenta en el primer volumen de su autobiografía (A life in the 20th century: innocent beginnings, 1917-1950),había leído 598 libros.
La primera vez que le entrevisté fue por casualidad. Le sorprendí telefónicamente en su despacho del piso 15 del edificio del City College of New York, en la calle 42. Era septiembre de 1995, y Schlesinger, ya retirado, estaba recogiendo sus libros. "Estoy horriblemente ocupado, pero si viene a eso de las 11.30, estaré por usted", dijo. Y así fue.
El despacho no dejaba lugar a la duda. En dos fotografías se veía a Schlesinger junto a John Kennedy, cuyos mil días en la presidencia le dieron material para escribir un clásico, y en compañía de Robert Kennedy, también asesinado. Y unos cuantos libros más a la izquierda, Schlesinger estaba junto a George McGovern, el liberal demócrata que fue destrozado por Richard Nixon en las elecciones presidenciales de 1972.
La entrevista fue una lección. Menudo, de ojos pequeños que traslucían una extraordinaria inteligencia, fue rápido, conciso y punzante. "¿Qué opina de la reciente reducción del Estado de bienestar aprobada por el Senado?", le pregunté. "The New York Times la ha criticado y yo estoy de acuerdo", dijo. "Pero un editorial de The Wall Street Journal…",intenté contestar. "No me tomo en serio los editoriales de The Wall Street Journal;son increíbles", replicó.
El joven Schlesinger fue un activista demócrata. En The age of Jackson,que escribió durante el cuarto mandato de Franklin Roosevelt, Schlesinger argumenta que la democracia en la era de Jackson fue un movimiento social que empezó entre la ciudadanía pobre de las regiones del este y del sur de Estados Unidos. Este libro le valió el premio Pulitzer en 1946 y, a continuación, fue contratado por el Departamento de Historia de Harvard, donde centró sus investigaciones en otra de sus debilidades: Franklin Roosevelt. Después de trabajar en la presidencia de Kennedy (se dice que se reunían cada día) y de abandonar Harvard, escribió A thousand days: John F. Kennedy in the White House (1965), con el que ganó su segundo Pulitzer.
Schlesinger siempre vivió políticamente en Camelot. Escribió los discursos de Adlai Stevenson en las campañas presidenciales de 1952 y 1956, de John Kennedy en 1960 y de Robert Kennedy en 1968. Como historiador no le fue a la zaga de un presunto ancestro,
George Bancroft, considerado el primer gran historiador estadounidense. Y los genes tampoco le fallaron a la hora de observar la conducta humana y condenar el racismo. Schlesinger cuenta en su autobiografía una anécdota en la India del decenio de 1930. Su madre se dirigió a un oficial británico para preguntarle cómo se decía "gracias" en hindi. Y el oficial le contestó: "Ningún blanco debe dar las gracias a un indio por nada".
En los años noventa defendió la integración y criticó el multiculturalismo (The disuniting of America),que lo consideró como una amenaza a la unidad cultural de Estados Unidos. ¿Una versión del choque de civilizaciones de Samuel Huntington? "No creo en el choque de civilizaciones porque tampoco podemos contemplar a todas y cada una de las civilizaciones como algo monolítico", dijo en el encuentro de septiembre de 1995.
La segunda vez que entrevisté a Schlesinger eran tiempos de ataque preventivo. "La guerra preventiva unilateral no es legítima ni moral; es ilegítima e inmoral. Durante doscientos años no hemos sido esa clase de país", había escrito el historiador en agosto del 2002. Dos años después, en vísperas de las elecciones presidenciales que enfrentaron a George W. Bush y John Kerry, Schlesinger seguía siendo el liberal impenitente.
"¿Qué significa la doctrina Bush?", le pregunté. "El rechazo de la tradicional política exterior estadounidense. Creo que Woodrow Wilson estaba en lo cierto sobre la necesidad de una seguridad colectiva. Y también acertó Franklin D. Roosevelt con la fundación de la ONU. Los intereses y la seguridad de Estados Unidos se defienden mejor colaborando con nuestros aliados. El cambio operado, que significa el abandono de la política de contención y de disuasión, es perjudicial para EE. UU.", contestó. Schlesinger ha muerto, a los 89 años, sin salir de Camelot.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados