Fue Tarradellas, poco después del "Ja sóc aquí", quien dijo que ETA era el cáncer de España. Muchos se le echaron encima porque creían, seguramente, que llegada la democracia ETA dejaría de matar. Se equivocaron; la banda terrorista mató más y justamente en los tiempos de Suárez asesinó a militares como para provocar otro alzamiento.

Pasados los años vemos que el diagnóstico de Tarradellas era muy válido. El cáncer ya no es tanto una enfermedad mortal. Muchos conviven con él y otros se ven curados. En España se ha convivido -valga la palabra- con ETA durante décadas y hay quien preferiría que continuara así: con algún asesinato de vez en cuando y muchos etarras en las cárceles. Precisamente de la posibilidad de excarcelamiento o no de De Juana Chaos surgió la convocatoria de la última manifestación de víctimas, en Madrid, con presencia de dirigentes del PP. Como la televisión suele transmitir bastante de lo que se ve y se oye, en esa última convocatoria madrileña no había tanta concurrencia como en anteriores manifestaciones y sí, en cambio, expresiones ultras en pancartas y gritos como "Zapatero, con tu abuelo" (es sabido que el abuelo de Zapatero, perteneciente al bando republicano, fue fusilado). Seguro que la presencia y expresión de los ultras no gustó a importantes dirigentes del PP. Posiblemente comprobaron que se habían pasado en demagogia permitiendo que infiltrados ultras emergieran como timoneles.

Sea por la sensación de haber tocado techo, sea por otra causa, la realidad es que desde ese día parece haber cedido la crispación que durante tanto tiempo ha embargado la política española. Algunos corresponsales extranjeros en Madrid han recogido últimamente el índice de crispación existente en lo que ellos también llaman ya "las dos Españas". Una designación que evoca, de una manera u otra, la Guerra Civil...

Puede ser más una sensación que una constatación que desde la aludida manifestación de Madrid ha habido un descenso de esa tensión tan impropia, especialmente en tiempos no de campaña electoral. Quizá como consecuencia del último sondeo del CIS, que relegaba a Rajoy a puesto secundario en el rango de estimación de líderes, o sea por otra causa, el actual presidente del PP cambió de registro en las declaraciones que hizo durante su visita al monasterio de Poblet. Allí anunció que recorrería comarcas catalanas para conocerlas y darse a conocer. Si hubiéramos empezado por ahí, nos hubiéramos ahorrado la demagogia anticatalana a propósito del Estatut, que tanto ha cundido en medios de comunicación afines al PP.

Prácticamente coincide este apaciguamiento del gran partido de la oposición -que parece que quiere volver al centroderecha- con las declaraciones que Otegi hizo a La Vanguardia, publicadas el pasado domingo. Es posible que Otegi se mostrara tanto más moderado que de costumbre porque aspira a ver su formación política incorporada a las próximas elecciones municipales. Para Batasuna son más importantes que para otro grupo político puesto que en gran parte su fuerza radica en los caseríos de la verde campiña guipuzcoana. El hecho de que Otegi afirmara que ETA no pondrá precio político a una eventual negociación, es ya mucho para quienes presentaban un programa maximalista para ir al diálogo. Querían nada menos que unir Euskadi con Navarra. Cierto que parte de Navarra responde al vascuence, pero la gran mayoría son sólo navarros y, como tales, se autodefinen como españoles. Y eso desde los tiempos en que Navarra pudo escoger entre ser francesa o española. Empezada la Guerra Civil los navarros no se aproximaron a Euskadi, sino que se lanzaron en dirección contraria. Como sus antepasados de las guerras carlistas, se tocaron con la boina roja antes de descender montañas abajo.

Es incluso ilógico pretender, como dijo Otegi, que la tregua esté en pie, pese al bombazo de Barajas. Pero nada se opone a que se abra una nueva tregua, aunque será difícil darle crédito después del mencionado Barajas. Sin embargo, si dan tiempo y prueba inequívoca de la no violencia, quizá se pueda salir del callejón donde ahora sólo se topa con muertes y cárceles.

Creer que actualmente puede producirse un descenso de la tensión entre partidos democráticos puede ser más la visión de un iluso que la de un ilusionado. Sin embargo, soy de los que opinan que no todos los españoles albergan, como decía don Miguel de Unamuno, "el sentimiento trágico de la vida". Pueden ser muchos, puesto que sin ellos no hubiera habido Guerra Civil. Pero también cuentan los que desde entonces han luchado por una convivencia democrática y civilizada, que es preciso mantener.