Los comicios legislativos se celebrarán el 7 de septiembre
Chakib Benmusa y Fuad Ali Himma, principales responsables del Ministerio de Interior marroquí, han terminado sus deberes. Es posible que este año, tras la votación del 7 de septiembre, no haya que esperar días para que se anuncie el resultado oficial. En esta ocasión el control al que habitualmente son sometidos los escrutinios en el país magrebí ya se ha ejecutado con un extraño reparto de diputados por circunscripciones.
La democrática representatividad política que debe garantizarse en cada región debería regirse por el número de habitantes y su geografía, pero en el caso de Marruecos han sido los resultados de las últimas elecciones legislativas (celebradas en el 2002) la base sobre la que las autoridades marroquíes han decidido que una ciudad como Tánger será dividida en dos. La primera, Tánger-Asilah, con 762.583 habitantes, contará con cuatro asientos en el Parlamento, y la segunda, completamente rural, con 97.295 habitantes, tendrá dos asientos.
La razón del desproporcionado reparto no va únicamente acorde con los criterios que antes mencionábamos, sino que fundamentalmente se explica porque Tánger es un feudo de los islamistas moderados del Partido Justicia y Desarrollo (PJD), presentes sobre todo en el medio urbano, y de esta manera se reducen en uno o dos asientos los que sin duda obtendrá esta formación política. La sospecha se confirma cuando comprobamos que en Sidi Kacem, con 692.239 habitantes y donde el PJD apenas tiene seguidores, el Ministerio de Interior ha otorgado siete asientos.
La lista de ilógicos repartos sin razonamiento democrático es larga. Desde la creación de nuevas circunscripciones para dividir los votos en los lugares donde hay una mayor concentración de seguidores de un partido hasta la decisión de otorgar un número de asientos diferentes en situaciones casi paralelas.
"Es una charcutería electoral perfectamente anti-PJD", escribe el semanario independiente Tel Quel sobre la confección del preplano político, en el que los islamistas, la tercera fuerza más votada en las últimas elecciones a pesar de que sólo se presentaron en un 60% del territorio, estarán obligados a permanecer en la oposición. "Todos los indicadores muestran que el rey no está preparado, al menos por el momento, para aceptar a un partido provisto de una mayoría absoluta. Este partido correría el riesgo de competir con la representación que encarna la monarquía", explica con sutileza el politólogo Mohamed Darif.
Pero quizás el escenario político que más teme el rey Mohamed VI, avanzado por una encuesta publicada por el IRI (International Republican Institute) en marzo del año pasado, que daba al PJD como favorito con un holgado resultado, es el de permitir que los islamistas moderados planteen sus inquietudes sociales y económicas desde el gobierno.
Ante el actual panorama electoral, las filas del PJD están divididas. Saad Othmane Eddine, su secretario general, prefiere aceptar las reglas del juego y no distanciarse del Palacio Real, mientras que el ala más reaccionaria, encabezada por el diputado Mustafa Ramid, clama por una reacción más contundente. Los partidos del actual Ejecutivo, los socialistas de la USFP y los nacionalistas del Istiqlal, guardan su habitual silencio.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados