Tenían que elegir arma para la esgrima parlamentaria y eligieron la poesía. Los ministros de Justicia e Interior, señores Fernández Bermejo y Pérez Rubalcaba, se apoyaron en sendos poetas, uno romántico (Bécquer) y el otro post-romántico (Tabares Barlett), para eludir la ofensiva verbal de seis diputados del PP en el turno de preguntas orales. Fue uno de los momentos más brillantes en la sesión de control al Gobierno.
El cerco era contra el ministro recién nombrado, por segundo miércoles consecutivo, pero se repartieron el trabajo. Valió la pena. Poesía, pero también ironía e intención. Esgrima de calidad en la sesión de ayer tarde. Hasta el punto de eclipsar el clásico cruce de Zapatero y Rajoy, como ya ocurrió la semana pasada. Nada nuevo sobre la renovación del Consejo General del Poder Judicial -lo legal y lo legítimo-, la huelga de De Juana Chaos o la posición del Gobierno sobre la eventual participación de Batasuna -con otros collares, claro- en las elecciones de mayo. Pero al menos nos divertimos.
El tándem Bermejo-Rubalcaba dio espectáculo y, en mi opinión, los preguntantes salieron trasquilados aunque no por aplastamiento. Con suaves ejercicios de recuperación quedan disponibles para nuevas batallas "preventivas". El tándem, ahí sí, se rindió a la reconocida experiencia del PP en esa especialidad. No obstante, lo de ayer podría aconsejar la frenada en las arremetidas contra el nuevo ministro. No parece haberle salido muy rentable sacudirle con tanta furia incluso desde antes de abrir la cartera recibida de López Aguilar.
Arrancó Eduardo Zaplana con una etérea alusión a un imaginario pasado franquista de Bermejo (¿?) y al origen digital -no electivo- de todos los cargos desempeñados a lo largo de su carrera. Y cerró la ofensiva Ana Torme, destinataria del primer arrebato lírico de la tarde. Por cuenta del nuevo ministro, al que alguien le ha aconsejado la práctica de todas las suertes del toreo pero sin entrar a matar: "Tener para la ofensa recibida pronto perdón y olvido para el daño", dijo recitando al poeta tinerfeño José Tabares Barlett, un romántico tardío.
Como Rubalcaba es de Ciencias, se fue al romántico de manual, al de las enciclopedias, al Bécquer de "¿Qué es poesía?, dices mientras clavas en mi pupila tu pupila azul.". Además el destinatario era Angel Acebes, al que ni siquiera puede hablar de tú en el hemiciclo, con lo cual las dosis de mala intención abolieron el toque poético: "¿Qué es mentira?, ¿Y usted me lo pregunta? Mentira es usted, señor Acebes".
En cambio, en su cruce con Jaime Ignacio del Burgo, la sobredosis de ironía del ministro del Interior casi ahoga la comprensión del lance. Elogió las dotes del diputado navarro como "intrépido reportero" pero hubo necesidad de documentar el recuerdo de su entrevista por cuestionario a Rafa Zouhier, uno de los procesados por la masacre del 11-M, al que el diputado del PP atribuyó en su día "una inteligencia poco común". Algo que ya han podido comprobar todos los españoles en las recientes y televisadas declaraciones de semejante sujeto ante el tribunal.

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