El primer ministro italiano defiende la misma política exterior que hizo caer al Ejecutivo
El primer ministro italiano, Romano Prodi, solicitó ayer al Senado que renueve la confianza a su Gobierno de centroizquierda e izquierda, que arrastra una grave crisis desde su caída el pasado miércoles 21 tras una votación adversa en esa misma cámara parlamentaria, donde Prodi dispone de una mayoría muy ajustada. La votación de confianza se celebrará hoy miércoles.
En su discurso para convencer a los senadores, il Professore atribuyó la crisis no sólo "a las tensiones y disputas en el seno de la coalición gobernante" - imposibles de ocultar-, sino también a "la transición institucional inacabada que inició el país a principios de los años noventa, cuya dificultad principal es la ley electoral vigente".
Prodi concluyó que la mayor prioridad para Italia, sobre todo a la luz de esta crisis, es la reforma de esa ley electoral -aprobada en el 2005 por el anterior Gobierno de centroderecha de Silvio Berlusconi-, que reintrodujo el sistema proporcional después de que los propios italianos lo descartaran en referéndum en 1993 para apostar por el sistema mayoritario. El sistema proporcional, instaurado con el nacimiento de la República italiana después de la Segunda Guerra Mundial, provocó durante decenios gobiernos de breve duración, atrapados por los caprichos y personalismos de los muchos partidos y minipartidos que lograban escaños en el Parlamento.
Estos días muchos analistas han visto ecos de ese pasado en las escenas registradas el miércoles 21 en el Senado en la votación sobre política exterior, cuando la abstención de dos senadores comunistas disidentes -contrarios a la presencia militar italiana en Afganistán- provocó la caída del Gobierno. Incluso el centroderecha autor del retorno al proporcional se muestra ahora proclive a una reforma, y ello explica el poco énfasis con que ha evocado la posibilidad de que el jefe del Estado convocase elecciones anticipadas.
En reproche directo a Berlusconi, que aprobó la reintroducción del proporcional a base de rodillo, Prodi dijo que tales reformas constitucionales "no deben ser decididas nunca más sólo por la coalición gobernante", sino ser producto del consenso. Entonces anunció que toca al Parlamento, con absoluta prioridad, abordar esa fijación definitiva del sistema electoral italiano que cierre casi veinte años de debate.
Il Professore dedicó amplia parte de su discurso de 35 minutos a la política exterior, en sustancia la defendida la semana pasada por el ministro de Exteriores, Massimo D'Alema, y tumbada por los dos senadores díscolos. Prodi defendió el multilateralismo y "la relación estrecha con Francia, Alemania y España, sin atenuar las relaciones con el Reino Unido"; y dijo que "la alianza con Estados Unidos es complemento natural de nuestro europeísmo, y continúa una tradicional política atlántica que viene del pasado".
Luego, dirigiéndose claramente al ala comunista y verde de su propia coalición -que piensa como los dos senadores disidentes, pero que aquel miércoles votó pensando en la estabilidad gubernamental-, Prodi defendió la misión militar italiana en Afganistán, pero admitió que "sola no basta", y que se necesita una acción política paralela, para la cual Italia propone organizar una conferencia internacional en Roma. "El Gobierno está dispuesto a usar sus tropas al servicio de la paz y la estabilidad", dijo y, en un último aviso a navegantes, zanjó: "Una política madura por la paz debe ser juzgada por su diseño total, y no sólo por cada una de sus opciones".
En su comparecencia, Romano Prodi se detuvo a recalcar las políticas de familia que su Gobierno promete: "Daremos mayor apoyo a la maternidad, y ayudas económicas a las familias con criterio universal, y habrá más guarderías". También prometió que reduciría la contribución de los pisos de residencia habitual para las familias numerosas. En cambio, no hizo la menor referencia al proyecto de ley de parejas de hecho, las DICO -diritti e doveri dei conviventi (derechos y deberes de los convivientes)-, considerada gran víctima indirecta de la crisis.
Entre los otros asuntos delicados que abordó, figura la decisión de apostar por el TAV (tren de alta velocidad) entre Turín y Lyon, cuyo impacto medioambiental preocupa a los verdes. Sobre la mejora de la economía admitió que "no todo el mérito puede ser atribuido a nuestro Gobierno", y prometió inversiones y seguridad pública para el sur.

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