Comer bien, comer sano, respetando la sostenibilidad y la vida de los pueblos y comunidades agrícolas, que siguen siendo mayoritarios en el mundo, es un derecho básico. Un derecho que no puede verse subyugado por las leyes del mercado, en especial cuando la liberalización del comercio no ha sosegado el problema del hambre en el mundo -más bien todo lo contrario- ni ha reportado beneficios a los agricultores, puesto que sólo las compañías monopolísticas y las grandes cadenas comerciales disfrutan de los enormes beneficios que protege esta libertad de mercado impuesta por las instituciones económicas del Norte a los países pobres del Sur.

Tras cuatro días de intensas discusiones en el Foro para la Soberanía Alimentaria que ha reunido en Mali a delegados de más de 80 países, ayer fue aprobada la declaración de Nyeleni, que proclama la "soberanía alimentaria" como concepto que debería imponerse al de "seguridad alimentaria", una idea "nefasta", puesto que la "comida a cualquier precio" acaba siendo el peor enemigo de los pobres. "Nuestra herencia como productores de alimentos -afirma la declaración- es fundamental para el futuro de la humanidad (...) Pero esta capacidad de producir alimentos nutritivos, de calidad y en abundancia, se ve amenazada y socavada por el neoliberalismo y el capitalismo global". La soberanía alimentaria "pone a los que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias".

Uno de los aspectos del Foro Nyeleni más interesantes ha sido el hecho de que por primera vez los movimientos sociales, liderados por Vía Campesina -organización muy extendida en Asia y América Latina, que agrupa a unos 200 millones de campesinos-, han entrado en contacto con otros sectores implicados en la soberanía alimentaria, desde pescadores hasta pueblos indígenas, para abrir un diálogo que ha permitido descubrir intereses a veces contrapuestos y hacer propuestas comunes. Ha sido muy educativo descubrir cómo África, el continente más afectado por las injustas políticas alimentarias, es también donde más difícil resulta movilizar a la sociedad civil, pues la lucha social aún choca contra la verticalidad de la política y es muy difícil, por no decir peligroso, movilizar a una sociedad socavada por los conflictos, la falta de liderazgo y de experiencia.

El Foro Nyeleni ha contado entre sus financiadores con la Agència Catalana per la Cooperació i el Desenvolupament, dependiente del Govern catalán. Andreu Felip y Regina Ventura, que han viajado en su representación a Sélingue, han manifestado a La Vanguardia que el concepto de soberanía alimentaria, integrado en el plan director que el Govern presentará al Parlament, forma parte del ideario de la cooperación catalana, así como el esfuerzo en colaborar por reforzar el tejido asociativo en los países pobres.