No todo es desaliento en el aluvión de noticias que nos llegan diariamente desde Irak. Entre la telaraña de informaciones sobre terroristas suicidas, violencia interreligiosa, asesinatos selectivos e indefensión de la población civil surgió hace unos días un rayo de esperanza, un atisbo de cordura y normalidad. La noticia se coló entre las redacciones de los periódicos de todo el mundo y provocó un suspiro de alivio, cuando no un balbuciente regocijo: una comisión iraquí visitaba España con el fin de estudiar, y esperemos que a la postre importar, nuestro sistema autonómico en el país de Oriente Medio.

Algún malpensado habrá murmurado que menudo ojo que tienen los iraquíes. Pues nada más lejos de la realidad ni nada más alejado de un análisis sereno e imparcial del asunto. Todo indica que los iraquíes atesoran en su tierra elementos de los más preciados a la hora de trasladar con éxito y acierto nuestro modelo político. Pero, reconozcámoslo con una pizca de esperanza, también para nosotros se abren posibilidades nada desdeñables pues el intercambio será beneficioso para unos y para otros.

Veamos, en esta hora de abatimiento por la baja participación en el Estatuto andaluz, algunas aplicaciones de lo que se antoja como savia nueva en el debate autonómico. Sin ir más lejos, los derechos históricos, que tanto juego nos han dado y con los que tantos e hilarantes ratos hemos pasado, ¿no corren peligro de acabar quedándose un poco deslavazados y paliduchos? ¿No estamos perdiendo incluso, a fuerza de manoseo, un cierto respeto por estas venerables creaciones de nuestro genio nacional? Imaginemos por un momento lo que puede ser música celestial de un futuro cercano: un intercambio con los iraquíes. A cambio de entregarles los arcanos de la elaboración de estatutos de autonomía (con sus referéndums fracasados y todo), ellos nos podrían ceder retazos de sus cinco mil años de historia escrita con sus batallas, victorias, derrotas, ocupaciones, anexiones... ¿Cuántas competencias blindadas se podrían aquí sacar con la sola invocación del código de Hammurabi? ¿Cuántas disposiciones transitorias con la sola remembranza de la ciudad de Ur?

Se me ocurre así, a bote pronto, incluso una oferta absolutamente irrechazable: un programa de «petróleo por políticos autonómicos». Por cien mil barriles de petróleo les podríamos prestar, o donar, si se me apura, un presidente de comunidad autónoma de vía lenta y por dos cientos mil uno de comunidad autónoma histórica. Se podría incluso hacer una oferta y suministrar por el mismo precio dos consejeros de Fomento, uno implicado en casos de corrupción urbanística y otro limpio como una patena, para que luego ellos utilizaran, según las circunstancias, el que más les conviniera.

Y todo esto no es más que la punta del iceberg, pequeñas pinceladas de un panorama de goce autonómico, pues piénsese (¿por qué no soñar?) en una «cláusula Camps» que estipule que todo lo que consiga el Kurdistán o Kerbala en el futuro Irak también podrá ser aplicable a la comunidad autónoma española que así lo considere oportuno. ¿Y qué decir de las posibilidades del deporte? ¿Alguien en su sano juicio se perdería un partido de pádel entre la selección de La Rioja y la de Al Anbar?

Bienvenida sea, pues, la comisión iraquí. Enseñémosles lo que solicitan y exijamos lo que nos corresponde.