Barcelona debe ser una ciudad en la que se pueda dormir pero no tiene que convertirse en una ciudad dormitorio". Así expresó ayer Jordi Hereu a los representantes de las salas que programan música en vivo su voluntad de que la capital catalana amplíe esta oferta de sin que ello suponga perturbar el derecho al descanso de los ciudadanos. La primera medida será que los bares musicales puedan acoger conciertos, algo que ahora tienen vetado, aunque hay casos en que la norma no se cumple.
En la reunión, el alcalde adquirió el compromiso de modificar las ordenanzas municipales para incorporar esta actividad; eso sí, cumpliendo las limitaciones acústicas vigentes.
La previsión del Ayuntamiento es que la nueva norma esté lista en otoño. Paralelamente, el municipio abrirá una línea de ayudas - un millón de euros este año- destinadas a que los locales puedan hacer las reformas necesarias para poder programar música en vivo.
La ordenanza municipal de actividades y establecimientos de concurrencia pública fija que únicamente los cafés teatro y cafés concierto así como las salas de fiestas con espectáculo, las de baile y, ocasionalmente, las discotecas pueden acoger música interpretada en vivo. Los bares musicales sólo pueden reproducir música pregrabada.
Los responsables del Ayuntamiento son conscientes de que con las actuales normas es muy difícil que haya más música en directo. Una de la razones es que los planes de usos de los distritos limitan e incluso congelan la concesión de licencias. Además, el control del ruido, que ha motivado cierres, ya sea por saltarse los límites acústicos - La Paloma, por ejemplo- como por no tener la licencia adecuada - el caso del Mas i Mas Bar-, ha generado una corriente social contraria a todo lo que tenga que ver con los establecimientos en que se programa música, ya sea en vivo o enlatada.
El concejal de Cultura, Carles Martí reconoció que hay un "estrangulamiento" que, con las medidas anunciadas ayer, se pretende corregir, salvaguardando siempre que no se va a producir ruido. "Las salas que ofrecen música en vivo son equipamientos culturales", insistió el edil, quien puntualizó que no son los locales que programan actuaciones los que suelen causar más problemas de este tipo. "Es un contrasentido - manifestó Carme Zapata, gerente de la Associació de Sales de Concert de Catalunya (Asacc), que los bares musicales estén acondicionados para soportar 90 decibelios y no puedan celebrar, por ejemplo, un concierto acústico que no va a rebasar ese límite". Zapata explicó que de las 21 salas que actualmente programan música en vivo en Barcelona "sólo 15 lo hacen legalmente".
Los asistentes a la reunión coincidieron en que la oferta de este tipo es bajísima y no se corresponde con el vigor de Barcelona en otros ámbitos culturales. Con la modificación de la ordenanza, además de regularizar la situación de algunos establecimientos que programan conciertos, se pretende hacer crecer su número. La capital catalana cuenta con 191 locales que, con el cambio legal, podrían incorporar esta oferta.
En cuanto a la convocatoria de ayudas, el concejal de Cultura explicó que su voluntad es que se haga "de acuerdo con la Generalitat y el Ministerio de Cultura, como ya se hace con los teatros privados". Martí aseguró que, si no se fija una vía conjunta antes de otoño, "el Ayuntamiento convocará las ayudas por su cuenta". Esta medida fue criticada por la Federació Catalana de Locals d´Oci Nocturn (Fecalon), por considerarla insuficiente y, sobre todo, discriminatoria. "Sea la música en vivo o no - manifestó esta entidad-, la cultura no deja de serlo porque se reproduzca por medios mecánicos o presenciales" y, por ello, todos deberían tender acceso a las ayudas. En este sentido, la citada federación rechaza que los establecimientos con música enlatada sean los más ruidosos y recuerda que "los decibelios permitidos por la ordenanza son los mismos para todos".

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