Premisa: afirmar que el catalanismo favorece siempre al pueblo catalán equivale a otorgarle un principio de infalibilidad inviable. Por consiguiente es necesario detenerse periódicamente para revisarlo, como hicieron los autores de La Rectificación, pero sobre todo resulta obligado superar la crítica, extrayendo propuestas de ella.

Premisa: el pasado, la tradición, el clasicismo no esclaviza, al contrario ayuda a comprender el presente, articulándolo con lo acaecido, para así construir el futuro. Lo que ha de venir sólo existe en relación con lo que hemos sido, gestionado por cada generación. Por esta razón nadie mejor que Aristóteles para definir unos objetivos para encarar el inicio de nuestro siglo XXI: "La ciudad es la comunidad en el bien para alcanzar una vida virtuosa". La verdad es que mejor y más breve imposible, aunque exige pensar. Es la propuesta básica.

Sin embargo, las grandes definiciones quedan en nada sin modestos pero concretos pasos. He aquí algunos imprescindibles:

1. Estabilizar el Estatuto y asegurar su cumplimiento en lo que tiene de bueno, optimizando las posibilidades de la financiación. Promover una mejor política regional para España.

2. Ganar la guerra a la crispación española entre sí y para con. Esa es nuestra gran batalla, la mejor heroicidad catalana a día de hoy.

3. Anclar al Partido Popular en el autonomismo real y la colaboración plena con el catalanismo y su concepción de España. Utilizar Catalunya para construir un frente antipopular es quemar nuestro país en el altar del partidismo más cerril, al igual que instrumentalizarla para reclutar votos en el resto de España.

4. Reconstruir los fundamentos que han dado a Catalunya, su especificidad, prosperidad, y continuidad como pueblo. Se trata de sus infraestructuras sociales, las grandes olvidadas. Nuestra fuerza está en la sociedad civil que se desmorona en el silencio de los hogares, el escándalo de las aulas, la insurrección juvenil en nombre de la ideología del ocio y del deseo. La sociedad catalana era musculosa porque lo eran sus familias: matrimonios con voluntad de tener hijos, educarlos, y trabajar juntos el futuro. Por eso es tan prioritario restituir el sentido de estas instituciones, así como las políticas favorecedoras de los matrimonios con hijos, la paternidad y maternidad educadora, la reconciliación intrafamiliar, y la conciliación entre hogar y profesión.

5. Recrear como proyecto político el imperio de la sociedad civil, el único que permite unir Catalunya i l'Espanya gran. La síntesis política más lograda de Prat y Cambó, de todo aquel movimiento político y cultural.

6. Gobernar desde la excelencia y la meritocracia. Desterrar la endogamia partidista, la mediocridad forjada en el absurdo del patriotismo de partido. ¡Desde cuándo un simple medio puede ser una patria!

7. Renovar y regenerar la política, empezando por la condición necesaria: nuestros diputados y concejales han de ser elegidos directa y nominalmente por los electores y responder ante ellos.

8. Afrontar de una vez los problemas vitales que nos amenazan: la implosión demográfica, la quiebra de las pensiones, el laberinto de la productividad, la crisis de la enseñanza, la formación de una sociedad injusta por dual, el escándalo de la vivienda, el crecimiento de la delincuencia, la partitocracia y la burogamia, el subdesarrollo de la justicia, la degradación de sanidad, la integración de la inmigración y la protección del medio ambiente.

9. Integrar en la excelencia. El catalán como lengua vehicular de la enseñanza es un triunfo del buen sentido, que debe articularse bien con el respeto a la lengua materna. A partir de ahí, sólo la recuperación de la excelencia cultura y social asentará nuestro idioma y forjará la cultura compartida.

10. Asumir la plenitud de nuestra cultura, en un 80% cristiana, sin que ello signifique confesionalismo: conocer a Gaudí y su obra no equivale a confesarse católico. La cultura catalana es cristiana hasta entrado el siglo XIX y, de esa cultura depende, ya compañía de otros, la mayor parte del siglo XX. Ese gran capital no puede ser suplantado por una burda caricatura de lo que somos.