Al Pedro J. no le gustan pero le excitan las diatribas del nuevo director de El País, José Luis Moreno y sus muñecos, quien hizo su bautizo de sangre acusando al diario El Mundo de desestabilizar las instituciones democráticas —burda exageración— con sus teorías conspirativas del 11M. Esto a Pedro J. le molesta porque ahora está empeñado en su triunfo social —quiere ser marqués, pero se tendrá que casar con Agatha—, y para ello necesita el reconocimiento de la izquierda política y cultural, lo que no conseguirá por más que haga manitas con Zapatero y que el presidente se deje cortejar diciéndole a sus compañeros del PSOE y de Prisa que lo está matando a besos. Pero la embestida de Javier Moreno y sus muñecos —González en el papel de doña Rogelia— tampoco le disgusta al director de El Mundo, que tiene su vena sadomasoquista —lo suyo sería el marquesado de Sade—, porque ¿qué mayor placer que verse fustigado en público por el diario El País sólo por poner en marcha el culebrón de la conspiración del 11M? En realidad, una simple broma como aquella que le costó al poeta Désorgues su encierro en el manicomio, donde metieron a Sade, por escribir un par de versos al emperador: “oui, le grand Napoleón/ est un gran Camaleón”.

Lo más divertido de la última soflama de Pedro J. es cuando escribe, para curarse en salud y volviendo locos a todo su ejército de conspiradores: “Conste que este periódico no sostiene al día de hoy una versión alternativa sobre lo que ocurrió el 11M”. ¡Ole el arte! O sea, que las 200 portadas, 300 editoriales y 500 crónicas conspirativas sólo eran un juego. En realidad a Pedro J. le gusta que lo fustiguen los de El País porque de esa manera lo señalan como el periodista líder del PP, por eso el mandril Losantos se pasa el día de rodillas ante el toril de la SER a ver si le embisten y lo hacen famoso. Además, en el diario El Mundo están encantados con la compra de Recoletos y esperan que el clan de La Sexta, el grupo mediático de Contreras y Barroso que se presenta como el segundo multimedia de Zapatero para bajarles los humos a El País, saquen pronto el diario El Público, popular izquierdista, para quitarles a los de Prisa 50.000 ejemplares y dejarlos al alcance del látigo de las siete colas nuestro marqués del Casteldosrius/Sade.

No obstante, constituye una desvergüenza, muy propia del acaparador director de El Mundo, que Pedro J. se presente como defensor de los periodistas y los intelectuales independientes que denunciaron el crimen de Estado y la corrupción —insisto en lo de los independientes y no en los activistas intrigantes que conspiraron y pactaron, y en algún caso pagaron, con Amedo, Domínguez, Garzón y dirigentes del PP, nada que ver con el periodismo limpio Watergate—, porque como dijo José María García, sin precisar el disparo, a todos éstos no sólo los agredió el grupo Prisa sino que los machacó Aznar. Y lo hizo con una miserable confabulación en la que Pedro J. desempeñó el papel de sicario exterminador, para convertirse en valido de Aznar y pegar el gran pelotazo (en la operación triangular que Juan Villalonga montó con Pearson y Recoletos), exigiendo la disolución de la AEPI —que permanece hibernada pero no muerta— “en el mismo día de la toma de posesión por Aznar de la presidencia del Gobierno”, porque según Pedro J. así lo pactaron Rato y Pujol para garantizar los votos de CiU en dicha investidura, con el compromiso añadido del PP de “pasar la página de la corrupción” del felipismo —en la que también estaba pillado Pujol—, silenciando a los periodistas independientes. Y para tranquilizar a Pujol y dejar constancia de semejante atropello a la libertad de expresión de Aznar y Pedro J., el director de El Mundo escribió un infamante artículo titulado “Borrón y cuenta nueva para Felipe González”, que en la hemeroteca está y del que pronto se arrepintió cuando se empezó a distribuir el canallesco vídeo sobre su vida íntima y sexual.

Pero como Aznar no paga traidores al final no le facilitó a Pedro J. el pleno control del multimedia de Telefónica como pretendía. Lo puso a la disposición de sus mediocres publicistas del partido, los Ferrari, Buruaga, Urdaci y Sánchez —entre los que repartió RTVE y Antena 3 TV— para al final entregar el grupo mediático de Telefónica a José Manuel Lara para disfrute del Grupo Planeta que había fracasado en Quiero TV. Un regalo que al final le salió muy mal al PP porque, tras la llegada de Maragall y Zapatero a la Generalitat y a la Moncloa, el catalán se achantó ante el poder bicéfalo del PSC y PSOE. Dineros son calidad.

Pero mientras tanto el pequeño rencoroso, Aznar, cumplió su compromiso con Pujol (en el que también estaba incluida la cabeza de Alex Vidal Quadras), sobre todo una vez que murió Antonio Herrero, al que Aznar pretendió amordazar (como lo confirmaron García y Losantos). Y con ayuda de Pedro J., Luis Herrero, Losantos y demás publicistas de Antena 3TV y RTVE hicieron una escabechina brutal en el periodismo independiente, al que el tío del bigote llamaba con desprecio “el ejército de Pancho Villa” que, mire usted por donde, han sobrevivo a Aznar y lo han cazado en sus mentiras del 11M y la guerra de Iraq. Esos periodistas limpios que por haberse enfrentado al felipismo y no acatar el silencio de los corderos que impuso Aznar apenas tenían donde ir o donde trabajar.

Y todo esto es lo que calla o no sabe explicar José María García, que se quedó colgado de la brocha cuando quiso ir a su aire, y lo que explica y da sentido a las denuncias de García contra Aznar, Losantos, Buruaga, Martín Marín y Herrero, pero ocultando lo de Pedro J., y desde su millonaria posición. Y los dos saben que esta carnicería del mejor periodismo de este país —en plenas bacanales con Villalonga y comilonas en Moncloa—, a la que se añadió luego el fracaso de Aznar a la hora de montar un multimedia alternativo a Prisa, acabó con el estrambote de la entrega de Vía Digital a Polanco, para salvarle al editor de Prisa del ruinoso negocio de la televisión de pago. Y ¿saben ustedes por qué? Pues porque El País, que ahora dirige Javier Moreno y sus muñecos, había pillado al ex vicepresidente económico, Rodrigo Rato, lavándose las manos sucias en Aguas de Fuensanta y Aznar tuvo que pagar por el rescate su cabeza. Y precisamente por eso Rato no fue luego el sucesor.