CATALUNYA CIUDAD
La precampaña electoral de las elecciones municipales de mayo está en marcha desde hace algunas semanas. En Barcelona, la situación es curiosa e incluso divertida. Durante las tres últimas legislaturas, la capital catalana ha estado gobernada por el tripartito (PSC, ERC e ICV) y siempre que se acerca la cita con las urnas es habitual que los tres socios de gobierno se desmarquen y busquen enviar mensajes diferenciados para captar a sus electorados.
Aunque esta vez, el desmarque está siendo muy evidente y la brega política está calando en el ambiente del Govern municipal de tal manera que no parece que sean socios de gobierno sino más bien oposición. Mientras tanto, CiU y PP reclaman para ellos el papel de oposición verdadera y alertan de que esta puesta en escena de republicanos y ecosocialistas es puro teatro, porque el tripartito, si logra volver a sumar mayoría, está garantizado para cuatro años más, como mínimo.
No obstante, esta tensión electoral sí que está haciendo mella real en la relación entre los principales candidatos del tripartito. Los tenientes de alcalde Jordi Portabella e Imma Mayol, que hace sólo cinco meses dieron su voto incondicional para investir a Jordi Hereu como alcalde, han tenido tiempo de conocer mejor al candidato socialista y quieren aprovechar la supuesta debilidad del nuevo alcalde, todavía poco conocido, para trasvasar hacia sus filas algunos de los 15 concejales que tiene ahora el PSC. De ahí que la verdadera batalla electoral se esté dando hasta ahora en el interior del gobierno municipal.
Pero todavía hay una explicación más a todo este ambiente enrarecido. Se trata de una encuesta que corre por los pasillos del Consistorio que al parecer se encargó desde la órbita socialista y que ofrece unos resultados inquietantes para todos los contendientes. El PSC no crece todo lo esperado tras la llegada de Hereu, ERC está estancada e ICV es la única formación del tripartito municipal que tiende al alza. Respecto a CiU, si bien registra un incremento de voto, no logra el suficiente respaldo para gobernar, puesto que no sumaría mayoría ni con el PPC ni con ERC. El dato que más alarma genera es la aparición de Ciutadans en el panorama municipal. Si esa encuesta no yerra, este nuevo partido entraría con un mínimo de dos concejales, suficientes para llegar a dar o quitar la vara de alcalde.

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