Que Leopoldo Alas Argüelles estaba predestinado a acabar su vida ante un pelotón de fusilamiento en el patio de la cárcel de Oviedo el 20 de febrero de 1937 se veía venir desde su llegada al mundo de los vivos. No presagiaba nada bueno que naciera en la calle Oscura de Oviedo en 1883 mientras en la mente de su padre se gestaba La Regenta, una novela que al publicarse un año después causaría tanta admiración entre el común de la gente como incomodidad entre la clase bienpensante de Vetusta.
Normal que le diera por estudiar Derecho en la Facultad de la Universidad donde enseñaba su padre que también era catedrático y en la que por cierto no había entonces muchas carreras donde elegir. Pero un tanto sospechoso fue que después de licenciarse en Leyes se fuera a la Universidad de Madrid a estudiar los Cursos de Doctorado que impartían un grupo de profesores entre los que más de uno pertenecía a la Institución Libre de Enseñanza, organización laicista defensora no sólo la idea de que en la Universidad se debía investigar más y mejor sino que para modernizar España era imprescindible que la instrucción llegara hasta el último rincón del país, idea que no les hacía ninguna gracia a los gobernantes de una monarquía que continuaban creyendo que para ser un buen operario de la agricultura y de la industria no era un requisito imprescindible saber leer, escribir y algo de cuentas porque además, paternalistas ellos, consideraban que era un ejercicio que les podía dañar la vista. Pero casi una osadía intolerable fue que el joven Alas Arguelles obtuviera una beca de la Junta de Ampliación de Estudios y se plantara en universidad extranjera, en la alemana de Halle, para hacer la tesis de doctoral que leyó en la universidad madrileña en 1915, permitiéndole presentarse a las oposiciones de cátedras logrando en 1920,en el segundo intento, la de Derecho Civil de la Universidad de Oviedo. Naturalmente celebró el éxito académico pero tampoco fue un buen augurio que con los días que tiene el año fuera precisamente el 20 de febrero cuando se la adjudicaran.
La trayectoria posterior tampoco fue para perder la pista de este profesor que nada más tomar posesión de la plaza se casa con la mierense Cristina Rodríguez Velasco -cuñada de un amigo abogado que se llamaba Vital Buylla- y en lugar de volcarse en abrir una bufete de lujo para los notables de la provincia como solía ser lo habitual entre los colegas de la especialidad, prefiere atender más bien a los modestos y se vuelca en la Universidad; hasta el punto de que tres años después de obtener la cátedra y de matrimoniar fijará su residencia familiar en el número 8 de la calle Altamirano para estar lo más cerca posible del “alma mater”. ¿ Qué hizo en ella y por ella el profesor ovtense a partir de 1920 que a sus 37 años de edad podía tener media vía por delante?
A juzgar por los datos que aporta Francisco Galera en un documentado y pormenorizado estudio de la trayectoria del personaje que hoy homenajeamos -pendiente aún de presentar con tesis de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid-, además de cumplir escrupulosamente con la obligación de impartir clases, investigar, publicar artículos y libros que aún hoy siguen siendo referencia obligada en su especialidad. Y cuando fue decano de la Facultad, tratar de redimir a esta del desprestigio a la que le había llevado la proliferación de aprobados generales por “ pródigos y benevolentes” profesores.
Al margen de la Universidad en su tiempo libre, además de publicar artículos en la prensa -,madrileña más que asturiana- se dedicará a promover en unos casos y a secundar en otros iniciativas tales como la fundación del celebrado Centro de Estudios Asturianos (no confundir con el posterior IDEA) a conferenciar en los Ateneos Populares que iban surgiendo en la región, a participar en las 3 asociaciones conservacionistas existentes en la capital de la provincia (la de los “amigos del árbol”, la del “Campo de San Francisco” y la del “Naranco” ) a disfrutar de la buena música de la Sociedad Filarmónica de Oviedo de la que también era socio, y a firmar algún manifiesto que otro como el de 1922 a favor de la libertad de cátedra en el que su nombre apareció nada menos que al lado del de los 4 grandes de la ciencia y la cultura española del momento: Cajal y Menéndez Pidal, Unamuno y Machado.
Pero el caso fue que tanta era su adicción al oficio que en 1929 no pudo resistir la tentación de encabezar un escrito contra la dictadura de Primo de Rivera por ordenar el cierre la Universidad de Murcia, protesta que sería respaldada por una serie de notables del saber que ya estaban plenamente convencidos de que la solución a los problemas del país pasaba por poner fin a la monarquía. Craso error el del profesor Alas Argüelles de meterse en política ya que al ser cesado como decano cobró mayor notoriedad pública llevándole después a ser designado rector de la Universidad de Oviedo el 27 de mayo de 1931 a las seis semanas de caer la monarquía y proclamarse la II República. Pero la cosa no quedó ahí, unas semanas después era elegido diputado a las Cortes Constituyentes del nuevo régimen democrático y finalmente, en diciembre del mismo año 1931, requerido por Gobierno republicano-socialista para desempeñar la subsecretaria del Ministerio de Justicia.
Obviamente como tantos otros de su talante personal y especialidad profesional, Alas Arguelles no pudo sustraerse a la tentación de implicarse en asuntos de la res pública del momento.En particular a la discusión de la Constitución de 1931 y al inmediato desarrollo legislativo de la carta magna republicana. Pero como todo emepeño tiene un fin, el profesor ovetense respiraría tranquilo cuando tras dos años de estancia en Madrid retorna de nuevo a Asturias y al rectorado de la Universidad de Oviedo. ¿A disfrutar largo y tendido, a partir de entonces, de la nueva España modernizada en la esfera educativa?
Sí pero solo por un curso académico dado que en Octubre de 1934 se verá en el amargo trance de contemplar desde su domicilio, a simple vista, el incendio de la Universidad sus amores. A reconstruirla toda entera, empezando por la Biblioteca , se dedicará sin tregua hasta que un malhadado día de julio de 1936 cuando estaba casi finiquitada una pandilla de desalmados le detuvo en su domicilio y lo encarceló; otra de militares lo condenó a la pena capital, y un pelotón de ejecución lo fusiló en el patio de la cárcel de Oviedo otro 20 de febrero, el de 1937.
En un acto como este huelga añadir que Alas Argüelles estaría deseoso de compartir el homenaje que se le brinda con los 4 compañeros de cárcel y paisanos suyos que le acompañaron ante el mismo pelotón de fusilamiento; fueron estos : Braulio César Alvarez Tiñana , de 33 años, de profesión barrendero del Ayuntamiento de Oviedo, acusado de pertenecer al PCE. Manuel Martínez Fernández de 37, casado y padre de 4 hijos, jornalero, acusado de tenencia de armas. Alfredo Villeta, de 51, casado y con 4 hijos, marmolista, acusado de pertenecer al PSOE y finalmente Francisco Vázquez, soltero de 23 años, peón de la construcción, acusado también de pertenecer al PCE.
El rector Alas dejaba 2 hijas, Cristina y Mary Paz, niñas aún, acusándosele del nefando delito de pertenecer a Izquierda Republicana, el partido que lideraba el ya entonces presidente de la República asaltada por militares y fascistas,Manuel Azaña. Innumerable fue la lista de quienes a nivel nacional e internacional condenaron el asesinato del rector Alas abarcando prácticamente todo el espectro ideológico incluido el de los verdugos ya que su viuda e hijas recibirían el apoyo de muchas personas que a su vez habían perdido a familiares muy cercanos, a manos de uno y otro bando, como consecuencia de la maldita guerra civil que provocó la sublevación militar. Baste recordar dos sentidos pésames, el del “ Honor a la inteligencia que sabe ponerse al lado del pueblo” de Dolores Ibárruri en representación del Partido Comunista, y el de “Han matado a un santo” de Benjamín Ortiz, canónigo de la catedral de Oviedo.
“Sobre la razón fría de la Ley está el corazón de los hombres”, había declarado Alas Arguelles al conocer el indulto del minero socialista Ramón González Peña, presidente del Comité Revolucionario del Octubre del ´34, al que el Gobierno de centro–derecha de la República conmutó en 1935 la pena capital por la de 30 años de prisión. Alas Arguelles sin embargo no solo no recibiría el mismo trato que el ya conocido como “generalísimo de la revolución” sino como también documenta F. Galera, 3 años después de su asesinato legal, su viuda Cristina Rodríguez se vería en la penosa obligación de pagar 250 -de las !623 pesetas¡que entonces tenía en su cartilla familiar- por el segundo procesamiento abierto a su marido el 31 de enero de 1940 al amparo de la Ley de Responsabilidades Políticas de 9 de febrero de 1939. Pero no menor extravagancia sería que en este segundo juicio se le inculpara de “inducción a la rebelión militar de octubre de 1934” en aplicación de lo que después se conocería como “la justicia al revés”, engendro penal ideado por la Fiscalía Militar del bando vencedor de la Guerra Civil para legitimar la dictadura surgida de la sublevación militar de julio de 1936.
Cuando en el cincuentenario del asesinato se le homenajeó por primavera vez a Alas en esta universidad siendo rector Alberto Marcos Vallaure, nada se sabía de esta segunda sentencia contra el rector Alas. Ahora que se conoce ¿Se requieren nuevas pruebas de la flagrante injusticia para que el actual presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero en representación de la tercera generación de la Guerra Civil española a la que pertenece -generación llamada a clausurar de una vez por todas la caja de los truenos abierta en julio de 1936- subsane la omisión de los 4 presidentes anteriores de la democracia e impulse la nulidad de los procesos abiertos contra el único rector republicano que hasta la fecha ha tenido esta Universidad de Oviedo? Probablemente muy pocas decisiones tendrían mayor carga simbólica de reconciliación nacional habida cuenta de la enorme talla moral del personaje al que rendimos este merecido homenaje al cumplirse los 70 años de su fusilamiento.
David Ruiz, Catedrático Emérito de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo, leyó este texto durante el homenaje al Rector Alas Argüelles, celebrado ayer coincidiendo con el 70 aniversario de su fusilamiento.

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