Al Gore, el 'remake', de Andy Robinson en La Vanguardia
El nuevo Al Gore, reinventado como defensor idealista del medioambiente sin aspiraciones presidenciales, es gordo, despreocupado por su imagen, guasón con un acento del sur profundo con aquel deje del gobernador ´del pueblo´ de Louisiana Huey Long en los años treinta; es políticamente incorrecto, de izquierdas, antiguerra, nada creído sino muy dispuesto a tomarse el pelo a sí mismo. "Buenas tardes. Soy Al Gore: antes yo era el próximo presidente de Estados Unidos", suele decir en sus mítines parafraseando el chiste de Oscar Wilde sobre el actor con un futuro prometedor a sus espaldas. Éste es el Al Gore al que quiere con locura la pujante izquierda del Partido Demócrata y un amplio segmento de la juventud de la denominada comunidad internet contagiada por la ´goremanía´, impresionada por la presencia de Gore en el consejo de una empresa ´contracultural´ de Silicon Valley como Apple y en el equipo de asesores de Google. Es el político predilecto en estos momentos -quizás con al excepción de Barak Obama- de Hollywood y esta noche, en el teatro Kodak de Los Ángeles, el documental sobre la lucha empedernida de Gore para salvar el mundo ante el peligro del cambio climático, ´Una verdad incómoda´, ganará con toda seguridad el Oscar al mejor documental. La Academia premiará esta noche al nuevo Al Gore. "El Al Gore que vimos en la película es el Al Gore que deberíamos haber visto en la campaña presidencial del 2000; ahora se ha librado de sus asesores y puede ser él mismo", dijo el actor de ´Mash´, Mike Farrell, en Los Ángeles.
El viejo Gore era un vicepresidente nada idealista en una administración demócrata pragmática a ultranza, más que posibilista, imposibilista en sus metas sociales y medioambientales. Aquel Al Gore era esbelto, pulido, obsesionado por su imagen hasta el punto de no poder moverse con naturalidad, carente de sentido del humor si el chiste no se hubiese puesto a prueba en los sondeos con ´focus group´, y sólo dispuesto a abanderar la causa del calentamiento global dentro de la zona de tolerancia de empresas como Occidental Petroleum. Era el candidato presidencial en el 2000 sin ideas propias, que hasta seguía el (mal) consejo de su asesora principal cuando dio aquel beso a su mujer Tipper en la convención demócrata, morreándose hasta dar vergüenza ajena hasta a los delegados. Era un político conocido por un ego inflado -se autoproclamó el inventor de internet- y por su hambre por el poder, tanto que le dio la espalda a Bill Clinton no como protesta por la demonización de las ´welfare moms´ -las madres solteras privadas de subvenciones por la administración Clinton en 1996- o por la destrucción de millones de árboles por las empresas de madera o por los bombardeos a Iraq y Sudán -como habría hecho el nuevo Al Gore-, sino para distanciarse del affaire Lewinsky, con el fin de no perder votos por debajo del cinturón de la Biblia.
Puede ser que el contraste entre el nuevo y el viejo Al Gore aumente su atractivo. Estados Unidos, a fin de cuentas, siempre se ha deshecho ante quien haya pasado por la redención, o en su versión contemporánea, ante el ´makeover´, la persona que se rehace, bien descubriendo a Dios, bien rediseñando su casa o su ´look´ personal con la ayuda de un reality show televisivo, o -aún más de moda- quien rehaga su cuerpo.
El ´remake´ de Al Gore es total, tanto que, como dice Mitchel Cohen, editor de la revista ecologista de Nueva York ´G´, "Uno piensa viendo la película de Gore que se trata de algún profesor inquieto que jamás ha tenido el acceso al poder, ni ha tenido cientos de miles de dólares en acciones de la Occidental Petroleum por no hablar de que haya sido el número dos del gobierno estadounidense". La deforestación fue más contundente bajo las administraciones de Clinton y Gore que en ninguna otra de la historia, recuerda Cohen.
Pero el lector atento de ´Una verdad incómoda´ verá alguna pista que le permitirá descubrir qué se esconde en el nuevo Al Gore del esqueleto del viejo. Los dos momentos mas íntimos de la película (y el libro) ocurren cuando Gore cuenta, visiblemente emocionado, la trágica historia de su hermana fumadora que murió de cáncer, y otra secuencia de gran impacto sentimental sobre el atropello de su hijo. Esto parece ser un ejemplo de cinematografía excepcional, la capacidad de un director para sacar lo que su protagonista lleva más adentro. Pero quienes siguieron la campaña de Gore en las primarias demócratas y las presidenciales del 2000 recordarán estas historias. Gore las relataba en sus mítines públicos para contrarrestar su imagen de político frío y calculador. Tras contar la historia repetidamente acerca de sus noches de vigilia durante la agonía de su hermana, Gore solía añadir en sus discursos: "Es por eso que, hasta que dé mï último respiro, echaré alma y corazón por la causa de proteger a nuestros niños del tabaco". El nuevo Al Gore dice algo muy parecido sobre su hermana en ´Una verdad incómoda´. Respecto a las constantes referencias en discursos al atropello de su hijo por un camión, Alexander Cockburn y Jeffrey St. Clair comentaron: "En pocas ocasiones se ha rentabilizado en retórica política y literaria un horrible accidente como el del hijo de Gore". Esto también se repite en la película. Por todo lo cual, no debe descartarse, si Hillary Clinton flaquea y Obama no se consolida, que el viejo Al Gore, dispuesto a hacer lo necesario para llegar a la Casa Blanca, aparezca en los próximos meses desde dentro del nuevo.
