LA NUEVA AGENDA
Cada proceso de paz tiene sus propias características, su intransferible contexto histórico y sus condicionamientos específicos. Pero todos los procesos de paz también tienen un punto en común. Shimon Peres, ex primer ministro y ex ministro de Asuntos Exteriores de Israel, explica que "un proceso de paz comienza con un encuentro secreto, vacilante, que puede desmentirse, entre unas partes que no están seguras ni de los otros ni de sí mismas. Hay que arriesgarse, hay que invertir antes de saber qué beneficio se obtendrá" (Que salga el sol, Seix Barral, 1999).
¿Hay que esperar a que el enemigo cambie para abrir un proceso negociador o hay que actuar con el convencimiento de que será el mismo proceso el que hará cambiar las posiciones del enemigo? La posibilidad de arriesgarse es la que marca precisamente la línea divisoria entre los partidarios de abrir un proceso de paz, aunque aún no se den todas las condiciones favorables, y quienes se oponen frontalmente. Esto es lo que sucede, entre otros, en el conflicto palestino-israelí.
Los dirigentes de Al Fatah y Hamas, las dos organizaciones palestinas enfrentadas, firmaron el pasado 8 de febrero un acuerdo a instancias de Arabia Saudí para formar un gobierno de unidad nacional que supere el aislamiento internacional que sufren los palestinos desde que Hamas, que no reconoce al Estado de Israel, ganó las elecciones legislativas celebradas en enero del 2006. Este acuerdo interpalestino no cumple todas las condiciones fijadas por el Cuarteto (Estados Unidos, Rusia, Unión Europea y ONU) para abrir un proceso de paz, pero, según lo estipulado, obliga a Hamas a "respetar" los acuerdos firmados con Israel por los palestinos moderados, que se integran en la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), a la que no pertenece Hamas.
La comunidad internacional ha impuesto a Hamas, considerada por israelíes, estadounidenses y europeos como una organización terrorista, tres condiciones: el reconocimiento de Israel, la renuncia a la violencia y el compromiso de respetar los acuerdos firmados entre palestinos e israelíes. Yel pacto sellado en La Meca parece indicar que Hamas está dispuesto a cumplir la tercera condición y, al mismo tiempo, a mantener el alto el fuego declarado hace dos años. ¿Cabe, entonces, la posibilidad de arriesgarse ahora en un proceso de paz? Israel y Estados Unidos dicen que el pacto interpalestino es insuficiente, por lo que insisten en que el enemigo cambie antes de negociar.
El mensaje de Israel parece simple. El Gobierno de Ehud Olmert, del que forma parte el laborista Shimon Peres, dice a los palestinos lo que pueden ganar o perder en función de la vía por la que opten. Si se decantan por Mahmud Abas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina y líder de Al Fatah, podrán tener un Estado integrado por Gaza y parte de Cisjordania, territorios ocupados desde 1967. Abas cumple las tres condiciones impuestas por la comunidad internacional. Pero si los palestinos optan por los islamistas radicales de Hamas, añade Israel, sólo tendrán un bloqueo económico. La nueva ecuación palestina, sin embargo, no es tan simple: no se prepara un gobierno de Hamas o de Al Fatah, sino que se negocia otro de unidad nacional, con una parte que reconoce la existencia de Israel y otra que no.
Hamas, que ganó las elecciones legislativas de manera impecable, según los observadores internacionales, se alimenta de la política de hechos consumados por parte de Israel, que unilateralmente sigue trazando sus fronteras y ampliando los asentamientos, extremo que no contempla la hoja de ruta del Cuarteto. Y para escapar de este círculo vicioso, tan antiguo como el mismo conflicto, el movimiento islamista ha hecho recientemente una declaración en la que reconoce a Israel como "una realidad". Esto resulta insuficiente para Israel. Yes lógico que así sea. A finales de enero, un oficial israelí, citado por el diario The Guardian,manifestó que la declaración de Hamas no aclaraba nada. "Yo reconozco el sida como una realidad, pero esto no impide que quiera derrotarlo y destruirlo", argumentó. Sin embargo, Israel, con la exigencia de que el enemigo le reconozca, reconoce implícitamente que la negación es la última baza que le queda a Hamas.
¿Cabe, pues, la posibilidad de arriesgarse ahora en un proceso de paz? Estados Unidos e Israel dicen que no. Oficiales europeos sugieren en privado que no sería necesario que el reconocimiento de Israel por parte de Hamas fuera explícito. Y Rusia, que pretende recuperar el terreno perdido en Oriente Medio, propone que se levante el bloqueo económico internacional a los palestinos.
Mouin Rabbani, analista del International Crisis Group, afirma que "no hay nada en el acuerdo entre los palestinos que sea incompatible" con las condiciones del Cuarteto. ¿Es así? El Ulster tiene una respuesta. El proceso de paz se abrió mientras el IRA juraba que nunca entregaría una pistola. Un decenio después, la comisión internacional encargada de supervisar el alto el fuego ha confirmado que la organización republicana ya ha abandonado las actividades terroristas.

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