LA ESTRATEGIA DEL GOBIERNO
Impulsa el nombre de Bermejo, acorde con la firmeza que se quiere dar a la recta final de legislatura.
De la Vega tutela la retirada de la ley del Alcohol por las elecciones y la falta de consenso.
Supervisa las relaciones con Catalunya conversando casi a diario con el president Montilla
Si hay algo que no despierta dudas en el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero desde el inicio de la legislatura es el mando que tiene la vicepresidenta, otorgado por el jefe del Ejecutivo, y que ha ejercido con autoridad. Pero a un año de las elecciones generales y después de que se abriese una etapa políticamente diferente tras la ruptura de la tregua y la atenuación del debate catalán, María Teresa Fernández de la Vega ha reforzado su papel en el Gabinete, donde se intenta imprimir una línea más audaz y "sin complejos" de cara a la recta final de la legislatura . Para ello, basta con analizar lo que ha sucedido esta semana.
Siempre en coordinación con Zapatero, De la Vega está detrás de dos importantes decisiones políticas que han cuajado en los últimos días y que demuestran su margen de maniobra. La retirada de la ley del Alcohol no ha sido plato fácil para la titular de Sanidad, Elena Salgado, una ministra muy valorada y que salió airosa de otras iniciativas complicadas, como la ley del Tabaco. Salgado se ha tragado el sapo después de que el Gobierno, y por tanto, la vicepresidenta, llegasen a la conclusión de que ni la cercanía de las elecciones autonómicas permitía grandes debates sobre una cuestión -el vino- que afecta a autonomías en juego como Castilla-La Mancha, ni era el momento de posiciones maximalistas.
Desde el Ejecutivo se señala que una ley de este tipo es necesaria a largo plazo y que siempre acabará solapada con algunas elecciones y, por tanto, con polémica. Pero otra cosa es que no se buscase desde Sanidad con suficiente ahínco el acuerdo con los sectores afectados. Zapatero dijo hace unas semanas que sin consenso no habría ley, y De la Vega ha sido la encargada durante estos últimos días de tomar el pulso a la situación y, a la postre, de llevar a cabo el anuncio del presidente.
Los sinsabores de esta decisión han quedado compensados por la actuación del nuevo ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, el pasado miércoles en el Congreso. La bancada socialista salió en su mayoría satisfecha de la contundencia y los reflejos del fichaje del Gabinete frente al ataque en tromba del PP, y con la sensación de que un ministerio en estos momentos tan complicado como el de Justicia va a quedar bien blindado. Y, sobre todo, al ver como el Gobierno actuaba con "desparpajo". En la llegada de Bermejo a este departamento tiene mucho que ver la vicepresidenta, ya que colaboró con él en los ochenta, cuando De la Vega era jefa de Gabinete del entonces titular de Justicia, Fernando Ledesma.
Las fuentes gubernamentales consultadas destacan la sintonía no sólo personal sino también política entre ambos. También hacen notar que la apuesta de Zapatero y de De la Vega por este ministro es una declaración sobre las intenciones de encarar el tramo final de la legislatura en términos generales y, en concreto, sin concesiones a las maniobras del PP en la Justicia y hablando claro sobre el poder judicial.
El Partido Popular volverá a intentar el próximo miércoles otro ataque en tromba al nuevo fichaje, mientras que la vicepresidenta daba ayer mismo la razón a Bermejo y le respaldaba en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros en sus críticas al Consejo General del Poder Judicial.
Con el proceso de paz aletargado por lo menos de cara a la opinión pública -un proceso en el que la vicepresidenta también está en la cocina-, y el debate catalán en otra fase, vuelve a quedar claro que es De la Vega la que coordina la agenda del Gobierno, al margen de los asuntos económicos que dependen de Solbes.
Aunque desde el Ejecutivo y desde la configuración del nuevo tripartito se intente silenciar el debate catalán y se apueste por dar marcha lenta al desarrollo del Estatut, la vicepresidenta también está teniendo un papel importante en las relaciones con el Govern de la Generalitat. Las fuentes gubernamentales consultadas señalan que habla casi a diario con el president José Montilla para evitar encontronazos entre ambos ejecutivos en la medida de lo posible, y para coordinar algunas estrategias a la hora de afrontar problemas comunes, como la recusación del magistrado del Tribunal Constitucional Pablo Pérez Tremps en las decisiones pendientes sobre el Estatut. Hoy De la Vega está en Barcelona y se reúne con Montilla en el Palau de la Generalitat, mientras que mañana asistirá a un acto del PSC.
Dirigentes del PSOE consideran que en el último año de legislatura el enfrentamiento con el PP va a ser aún más duro y estiman que Zapatero ya ha optado por una línea de "concesión cero" para evitar las erosiones del PP y la imagen de debilidad que la formación de Mariano Rajoy intenta transmitir del presidente y del Ejecutivo. En paralelo, se quiere subrayar la actividad legislativa gubernamental, dos líneas de actuación en las que De la Vega sigue en los mandos, y donde será imprescindible la mano izquierda si algunos socios parlamentarios empiezan a fallar.

¡Qué razón tiene, efectiva mente, esta privilegiadísima muestra del 'género' humano a la que -sin aprobar las oposiciones de Juez(a)- se le hizo, primero, miembr@ del Poder Judicial y luego del Parlamento Legislativo y el Ejecutivo: aunque todos los que ayer intervienieron en la Plaza de Colón rezaran que su manifestación era "para que no se le haga rebaja -por las gubernamentales Instituciones Penitenciarias- al cumplimiento real de la última pena impuesta a De Juana, en el Supremo", es obvio que la mala intención del PP cae por su base: ¡hasta tiene la obsesión de criticar a esos líderes del "Proceso de Paz" que, según los imparciales ZP o/y Pepiño, son el susodicho Iñaki más Otegui o Permach!
Y, por más que no lo afirmen, se les nota su intolerable discrepancia -íntima o con lo más profundo de una opinión reprimida en aras de lo "políticamente correcto"...) ante las sentencias judiciales que van a permitir salir de prisión al terrorista asesino de 25 personas tras no más de unos 20 años...
¿Cuándo aprenderán del progresismo que -como hace hoy la misma portada de EL PAÍS laico, que editorializa contra esa actitud- lo que hay que denunciar es otra sentencia paralelamente fallada del superior Tribunal Constitucional sobre no se qué asunto de unos enseñantes de no sé cuál... religión?