BARCELONA, ¿LETARGO O EMPUJE?

INVESTIGADORES EXTRANJEROS COMPITEN POR DESARROLLAR SUS PROYECTOS EN BARCELONA

En los centros de investigación no hay ninguna sensación de estar estancados, ni veo una actitud autocomplaciente de que somos fantásticos y nos basta con lo que tenemos. Al contrario, estamos en un momento de una enorme energía. Vamos a más". La declaración es de Joan Guinovart, director del Institut de Recerca Biomèdica (IRB), ubicado en el campus de Pedralbes y presidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (Cosce), y la suscriben de manera unánime todos los investigadores entrevistados para este reportaje.

Pero aunque la situación actual es de gran dinamismo, con nuevos centros a los que aspiran a ir científicos de otros países, los investigadores comparan su situación actual a la de un árbol aún frágil que empieza a brotar. Su gran temor es que, después de todos los años y todos los esfuerzos que ha costado convertir Barcelona en una ciudad científicamente competitiva, el crecimiento del árbol se vea truncado y la investigación vuelva a quedar como víctima colateral de algún cambio de gobierno. "El reto ahora es consolidar lo que se ha hecho en los últimos años y mantener una estrategia de crecimiento a largo plazo", advierte Jordi Camí, director general del Parc de Recerca Biomèdica de Barcelona (PRBB), ubicado junto al hospital del Mar.

Ejemplos de la "enorme energía" de la que habla Guinovart son los potentes centros de investigación que se han impulsado en el área de Barcelona desde el año 2000, como - entre otros- el Barcelona Supercomputing Center (que tiene el ordenador Mare Nostrum, el más potente de Europa), el sincrotrón Alba (que se está construyendo en el entorno de la Universitat Autònoma), el Institut de Ciències Fotòniques (que investiga tecnologías de futuro como las comunicaciones cuánticas en Castelldefels) o el instituto Idibaps, vinculado al hospital Clínic.

Cierto que cada uno de estos centros ha nacido, no de una gran demanda social ni de una gran visión de futuro de políticos o empresarios, sino de la tenacidad de algún científico visionario que ha batallado hasta conseguir lo que creía mejor para el país: Mateo Valero en el caso del Mare Nostrum; Ramon Pascual en el del sincrotrón - maratoniana tenacidad la suya, quince años le costó hasta la colocación de la primera piedra-; Jordi Camí en el caso del PRBB - otro corredor de fondo: veinte años desde el primer proyecto hasta la inauguración-; Joan Rodés en el del Idibaps... Y detrás de todos ellos, Andreu Mas-Colell, un investigador metido a político que dirigió el Departament d´Universitats i Recerca del 2000 al 2003 e impulsó la investigación de excelencia.

Pero todas estas iniciativas individuales, apoyadas durante el primer tripartito por los departamentos de Universitats i Recerca y de Salut, han fructificado en una red de centros competitivos a escala europea. Al PRBB, por ejemplo, han ido a trabajar científicos de más de treinta países, y en el IRB se ha entrevistado esta semana a nueve candidatos de países científicamente potentes como Estados Unidos, Francia o Alemania para una única plaza de investigador sénior.

Con todo, el mundo de la investigación no puede gestionarse con criterios de resultados inmediatos, observa Ramón López de Mántaras, del Institut d´Investigació en Intel · ligència Artificial (IIIA) del CSIC: del mismo modo que los éxitos actuales son fruto de decisiones tomadas años atrás, las decisiones que se tomen ahora no se traducirán en éxitos visibles a corto plazo. ¿Existe el riesgo de que, a pesar de la efervescencia que reina actualmente en los laboratorios, se esté entrando en una nueva fase de estancamiento? La eliminación del Departament d´Universitats i Recerca tras las últimas elecciones fue recibida con inquietud por un gran número de investigadores. Y el nombramiento como conseller de Josep Huguet, que no oculta su mayor sensibilidad por la industria que por la ciencia, no contribuyó a disipar la inquietud. Pero "tenemos importantes proyectos de investigación en marcha en Catalunya y no hemos recibido ninguna señal que haga suponer que esto se vaya a parar", destaca Joan Rodés, del hospital Clínic. "Por ahora todo indica que seguimos adelante".