Luis Fernández se ha estrenado de la peor forma posible al frente de la nueva RTVE. No tan nueva si en las primeras de cambio vuelve a las andadas. Las andadas consisten, por ejemplo, en practicar la censura previa en un medio público por razones ajenas al ejercicio del periodismo. Por lo general, de carácter político y acompasadas a los intereses del partido en el poder. En todo caso, razones ajenas a la dinámica diaria de los medios de comunicación en un régimen democrático. Menos de veinticuatro horas después, la entrevista ya estaba en la red digital a disposición de cualquiera.
Lo que parece: censura previa en nombre del respeto debido a terceras personas. Eso alega la dirección de TVE al explicar que no consideró oportuno emitir la entrevista de Quintero a García porque no hay opiniones sino "insultos, descalificaciones y ataques a terceras personas". Ya empezamos.
En la nota oficial de TVE no se mencionaban supuestos delictivos -injuria, calumnia-, ni atentados al honor, la intimidad o la propia imagen. La extracción parlamentaria del presidente de la nueva Corporación de RTVE tampoco le faculta para decidir cuando un personaje -¿y si es en directo?- desborda los límites de su libertad de expresión. Entonces alguien debería explicar las causas reales para condenar a José María García a una especie de silencio preventivo mediante censura de una entrevista grabada. Censura previa, pero inútil, una practica fugada del baúl de los recuerdos.
Es un clásico de la televisión pública favorecer los intereses del partido que manda, como queda dicho. Pero lo curioso es que quienes salen mal parados, sin que García los insulte, o al menos no me lo parece, son determinados personajes del anterior reinado del PP. A saber, Aznar, Villalonga y Buruaga, amén de Florentino Pérez -"primero me quiso echar y luego me quiso comprar"-, y el propio presidente de RTVE, Luis Fernández, al que García identifica como "hombre de Polanco", cuya imparcialidad "está por demostrar", dice.
O sea, nada o casi nada contra Zapatero y el PSOE. De manera que hay una clara descompensación en los sartenazos verbales del García justiciero ("Lo mío ha sido luchar siempre contra molinos de viento", me dice). A lo mejor por ahí se empieza a entender la cosa. ¿Se imaginan ustedes el estreno de Luis Fernández con un ataque en toda regla al PP, aunque sea en boca de un personaje enclavado en la agenda de Quintero? Se hubiera interpretado como una coz del recién llegado a la dirección de RTVE, alguien que, dicho sea de paso, sufrió acoso y derribo del Gobierno del PP como director de Informativos de Tele-5.
No se me ocurre otra explicación al escándalo, inútil, innecesario, del que ayer hablaba todo el mundo. Aunque, de todos modos, y dicho sea como comentario al margen, algo no cuadra en el sistema cuando mensajero entrevista a mensajero con records de interés y de audiencia. Las cifras de quienes han visitado en Internet la entrevista empiezan a desbordar todas las previsiones y eso merece celebrar el trabajo de Quintero y, por encima de todo, el retorno de José María.

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