CANELA FINA
«Una lengua normal -ha dicho Carod-Rovira, el amigo de Josu Ternera, ese hombre- ha de estar presente en todos los ámbitos, ha de ser capaz de llegar a todo el mundo y penetrar en los agujeros más recónditos». Tiene razón el líder de Esquerra Republicana de Cataluña, coronado un día de espinas, experto ahora en introducir la lengua no ya donde solía sino también en los agujeros más recónditos.
A mí me parece que los catalanes tienen un líder más allá de lo que se merecen, un hombre con visión amplia, moderno hasta decir basta, preciso y riguroso en sus posiciones, mucho más cerca, eso sí, del 69 que del misionero, más del griego que del francés. Maragall está deseando fotografiarle en sus nuevas funciones, como lo hizo con regocijo cuando en Jerusalén se coronó graciosamente de espinas.
Tamaña maestría de Carod-Rovira con la lengua ha merecido que, en la delicada película Las excursionistas calientes, primer film de porno duro en catalán, su director, el maestro Conrad Son, haya honrado al gran líder independentista, dedicándole una canción titulada Sexe en català. Conrad Son reivindica en esa canción el sexo dominado por la lengua catalana «para pasármelo bien y cardar en la calle». No conozco la letra íntegra de la canción y no puedo explicar a los lectores de EL MUNDO si Conrad Son le ha recomendado a Carod-Rovira que se desprenda de la corona de espinas en el momento del trato, pues al penetrar con la lengua «en los lugares más recónditos» puede producir en el entorno desgarraduras muy dolorosas. Ni el marqués de Sade hubiera imaginado semejante juego erótico de coronas y espinas.
Total, que los productores y directores catalanes de porno duro le han sacado a la Generalidad un buen pico para subvencionar sus películas, una auténtica pepitilla de oro. También los organizadores de 'Dura Sex Barcelona' y de 'Salón del Sexo en Catalán' de Manresa han exprimido la generosa ubre del Gobierno Montilla, consiguiendo que una parte del dinero de todos los catalanes, sometidos a impuestos confiscatorios, vaya a parar al alto destino de subvencionar el cine pornográfico.
Carod-Rovira, que tiene muchos votantes en esos ámbitos, según él mismo ha confesado, cree que la lengua catalana, el bellísimo idioma de Pere Gimferrer y de Maragall el bueno, no puede estar ausente del porno duro. La lengua catalana tiene que penetrar en los agujeros más recónditos, pues no faltaba más. Y hablando de agujeros recónditos, Carod-Rovira estudia ahora si subvenciona o no a las asociaciones en favor de la pederastia en catalán. Ha solicitado un estudio para saber si la legislación internacional le puede afectar, pues la española se la pasa airosamente por el arco del triunfo y siempre tiene a Zapatero para que le eche una mano. La posición de Carod-Rovira no puede ser más lógica. Si la lengua catalana debe llegar a los lugares más recóndi-tos del porno duro, sería un desdoro que no estuviera instalada también en los grupos pederásticos en catalán, que, como todo el mundo sabe, han traducido al sánscrito sus aspiraciones, dentro de la mejor tradición kamasutra e, incluso, del vedanta sankárico.
Y que continúe, en fin, el esperpento aldeano en la maravillosa Cataluña de Pla y Dalí, en ese espejo de cultura y seriedad que siempre ha sido el país catalán en España y en Europa, hollado hoy por personajillos que, de no ser por un sistema electoral absurdo, estarían pegando panfletos a favor del porno duro en los murales de preuniversitario.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española
© Mundinteractivos, S.A.

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