La Coctelera

Reggio

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23 Febrero 2007

Jesús Quintero y José María García, de las pesquisas de Marcello en estrella Digital

Bien empieza, con censura y escándalo, Luis Fernández, el nuevo director general por consenso de la RTVE que se dice independiente, inventada por Zapatero y bendecida por Rajoy. El nuevo director general decidió prohibir la entrevista que Jesús Quintero había hecho al periodista José María García porque, según un comunicado de RTVE, en ella no se vertían opiniones sino insultos y descalificaciones a terceras personas. Y para intentar camuflar semejante disparate TVE aceptó emitir, manipulando y cortando el programa, una pequeña parte en la que García recordaba que Luis Fernández había sido empleado del Grupo Prisa, intentando los nuevos responsables del Ente público paliar el escándalo pero empeorando la situación porque a la censura añadieron la manipulación. Todo un despropósito que aborta el despegue del nuevo equipo directivo de RTVE, lo que sin duda tendrá consecuencias políticas, amen de otras como la pérdida de la escasa credibilidad con la que partía esta nueva etapa de la televisión pública de la que tanto presumía Zapatero. Pedir la dimisión de Fernández parece una pretensión inútil, como puede serlo solicitar la de Quintero por su necesaria colaboración, porque el Loco de la Colina está loco pero no es tonto, y se agarrará al contrato y al sillón.

La primera responsabilidad de lo ocurrido es de Luis Fernández, pero también lo es de Jesús Quintero, por más que García quiera exculparle, porque el Loco de la Colina se tragó como un impasible faquir el sable de la censura política en un programa en el que Quintero suelta unos sermones cursis y pretendidamente progresistas sobre la libertad, la democracia, la paz y los pobres a los que invita a comer —suponemos que con dinero público— en una santa cena donde aparece convertido en Jesús de Nazaret, rodeado por los hambrientos apóstoles de la miseria. Menudo morro tiene Quintero y menuda le va a caer encima si se agarra al contrato de RTVE y no renuncia, ni hace pública —donde sea— la entrevista censurada que TVE guarda celosamente y de la que García ha dado todos los detalles para su divertimento y con justificada denuncia e indignación.

Y no es ésta la primera espada que se traga Quintero en su reaparición en RTVE, que ya antes se había comido una daga cuando le fue censurada otra entrevista hecha al facha Ricardo Sáenz de Ynestrillas, y a punto estuvo de caer la de Farruquito horas antes de su entrada en prisión. Quintero, al que le asesora y escribe guiones en la oscuridad un negro amigo de la provocación, va de listo por la vida y ha creído, como les pasa a tantos que vienen a la capital a hacer fortuna, que Madrid es como Sevilla, que Las Ventas son como la Maestranza, y que el Betis es como el Real Madrid, que esto es coser y trincar. Y obsesionado por la audiencia, la fama y el dinero, se había preparado una lista de entrevistas con personajes que ya se sabe que van a dar el espectáculo, o a decir todo lo que piensan sin cortapisas, como era el caso de Ynestrillas o García, convencido el Loco que los platos rotos los debía de pagar TVE en aras de la libertad de expresión. Y así anduvo trasteando a Jiménez Losantos, a Farruquito y a Garzón, con la idea de que el ámbito nacional televisivo iba a moderar a los personajes, pero con García se equivocó.

Y lo que es peor, cuando llegaron la censura política y las turbias maniobras Quintero se achantó, y vino a hacer aquello que dijo una vez Antonio Gala cuando los ciegos de Durán entraron a caballo en El Independiente: “entre el amigo y la idea me quedo con la idea”, es decir, con la pasta, que es lo que más le gusta del mundo al brillante autor de El Manuscrito Carmesí, como le gusta a Quintero, que además es un manirroto rumboso para los negocios. Tras montar una emisora de Radio en Sevilla, de la que se decía que debía hasta de callarse, unos gachós vieron a Quintero hablando solo por la calle Sierpes, y uno de ellos comentó: “está loco de verdad”; y otro respondió: “no, está echando las cuentas de lo que debe”.

Lo más triste de esta historia es que Quintero es un crack, como persona y periodista, aunque sea un ladrón de ideas ajenas y tenga en el sótano de su casa a un escuadrón de negros que les escriben hasta los suspiros y los silencios de los guiones. Marcello lo conoce muy bien, lamenta lo que ha ocurrido y porque lo aprecia le dice, sin el menor riesgo a equivocarse, que tiene que presentar la dimisión aunque sea tarde y mal, porque cuando se llama a una persona a hablar libremente en una televisión que además es pública, luego no se la puede silenciar, censurar y calumniar diciendo como ha dicho TVE de García que es un insultador sin haber mostrado la prueba de dicha acusación.

Una retirada a tiempo, para un demócrata, siempre es una victoria, pero Quintero, que se cree El Zorro, piensa que el escándalo le dará todavía más notoriedad y audiencia, por más que le reste decencia y credibilidad. Mientras no le quiten la pasta, lo demás no parece que le importe demasiado.

Su escándalo llega al mismo tiempo que ese otro de Telemadrid donde el borrico de Sánchez Dragó ha convertido el Diario de la Noche en un bodrio que, en contra de lo que pretendía Aguirre cuando impuso la censura y contrató a su vecino para semejante espectáculo, puede acabar convirtiéndose, en plena campaña electoral, en la bandera que necesitaba su oposición en el cinturón de Madrid.

Es verdad que, con el lío de Fernández y Quintero, los de Telemadrid pensarán que han empatado el partido con el PSOE. Pero no, eso no es así, como se ha podido comprobar cuando el borrico Sánchez Dragó insultó desde su programa, en directo y sin derecho a réplica, al primer partido de la oposición en la Asamblea de Madrid, el PSOE, porque los dirigentes socialistas se habían atrevido a pedirle la dimisión, que es lo que suele hacer la oposición frente a los responsables de las televisiones públicas en las que gobierna el adversario.

Nunca en una televisión pública se había visto semejante desafío y falta de respeto a un partido político, como la del burro Sánchez Dragó insultado al PSOE en directo y desde el sitial de conductor de un informativo. Pero ése es el estilo de Telemadrid y también el de Esperanza Aguirre; ése es el modelo de la COPE, y también el del PSOE y de sus periodistas y medios afines. Ahí están las últimas declaraciones apocalípticas y fuera de la realidad y de la moderación del director de El País, Javier Moreno, contra El Mundo, al que acusa de “desestabilizar las instituciones democráticas” —¡otra conspiración!—, sin que nadie pretenda poner freno a tanto desvarío y hacer las cosas bien, o al menos con el respeto que merecen la audiencia y el disfrute de un medio público de comunicación.

La guerra mediática en España suele formar parte ineludible de la batalla política, y de ahí nace el espectáculo de la crispación. Máxime cuando estamos en campaña electoral y cuando la última encuesta del CIS habla de una mínima ventaja —1,2 puntos— de los socialistas sobre el PP, lo que traducido al cristiano y quitado el plus gubernamental que suele regalar el CIS quiere decir que el PP ganaría las elecciones si se celebraran ya.

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Lector de artículos de opinión, fundamentalmente de política y economía, que pretende divulgar trabajos publicados por diferentes autores en otros medios digitales.

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