Malas noticias, de Manuel Hidalgo en El Mundo
A CONTRAPELO
Es aceptable la definición que el diccionario de la Real Academia Española propone de noticia: «Contenido de una comunicación antes desconocida». Desconocemos, al consultar un medio de comunicación, si los, supongamos, 3.000 trenes que ayer circularon por España tuvieron problemas, pero lo que es noticia, en la práctica, es que el AVE tuvo problemas.
De este modo, noticia no es ya el contenido de una comunicación antes desconocida, sino la comunicación de una excepción en el normal desenvolvimiento de una actividad. Es verdad que ese mismo carácter de excepción del hecho referido implica que todo lo demás transcurrió con normalidad, pero también es verdad que, desde un punto de vista psicológico, lo que se subraya y termina por afectarnos es la excepcionalidad del hecho en la práctica noticioso, hasta el punto de que llega a parecernos que la excepción es la regla. Y ésta es la cuestión.
La sociedad del conocimiento es la sociedad de la información, pero la información resalta la excepción como materia del hecho noticiable, y eso nos lleva a una desazón creciente, pues también tropezamos con que la excepción nunca es, o rara vez, un hecho de cariz positivo, sino siempre o casi, un hecho negativo, que, por algún mecanismo también psicológico, es el que suscita nuestra curiosidad y nos emociona.
Es obvio que un periódico o un telediario no podrían atraer la atención de su audiencia sobre la base de decir que 3.000 trenes llegaron a su destino, 1.000 barcos pasaron por nuestras costas sin incidentes, dos millones de coches circularon sin accidentes, tres millones de parejas convivieron ayer sin matarse, 300 países vivieron ayer en paz, 5.000 millones de personas acudieron ayer a su trabajo, 1.000 millones de soldados -cifras a voleo, todas, se entiende- conservaron su vida, pero lo cierto es que el verdadero retrato de la realidad de ayer mismo sería éste y no el que se deduce de la comunicación de los hechos excepcionales.
¿Qué hacer? Creo que sería bueno recordar esta idea tan simple que acabo de exponer. Pero también sería bueno que, junto a la carretada de acontecimientos negativos que los medios narran y que su audiencia consume con avidez, se reseñaran cada día las excepciones de signo contrario, esto es, las más positivas.
Los medios, y muy especialmente las televisiones privadas, nos están ocultando, de forma a mi entender harto dolosa y nociva, otros hechos quizás también excepcionales, pero que son modelos que nos interesa, si somos responsables, conocer y seguir: modelos de talento, mérito, esfuerzo, bondad, conocimiento, entrega, superación, compromiso, virtud e, incluso, normalidad o regla, y entiéndase esto, sin líos, en su sentido más inmediato.
Una cabecera de un telediario o una primera página de un periódico no reflejan en absoluto ahora mismo el conjunto de la realidad, pero las tomamos como si así fuera. Conocimiento e información están llamados a ser lo mismo, pero se corre el riesgo de que sean lo contrario.
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