La sanidad necesita un nuevo discurso, de Anxo Guerreiro en La Voz de Galicia
EN LOS últimos meses se ha suscitado un amplio debate sobre el estado de nuestra sanidad pública. Desde luego, la preocupación está justificada si se considera que el sistema sanitario es uno de los principales instrumentos de cohesión social del país, emplea a cerca de cuarenta mil trabajadores y representa un tercio del presupuesto público de Galicia.
La primera conclusión que cabe extraer de la controversia es la coincidencia de los más diversos sectores sociales y profesionales sobre la necesidad de dotar con más recursos a nuestra sanidad pública. Las demandas están justificadas si se tiene en cuenta que Galicia -y España- es el país que tiene el gasto público sanitario por habitante más bajo de la UE (15) después de Grecia, y se sitúa con algo más de 1.200 euros por habitante a enorme distancia de la media europea (1.820 euros por habitante).
La situación es más grave todavía si se repara en que, pese al crecimiento económico de los últimos años, el gasto sanitario público gallego -y español- se ha ido distanciando del promedio europeo desde 1993. Y a todo ello hay que añadir que el pasado ejercicio presupuestario se ha cerrado con un superávit en las cuentas públicas cercano a los 15.000 millones de euros y que el presidente Zapatero adquirió un solemne compromiso según el cual con su Gobierno no existiría superávit mientras persistiera el histórico atraso social de España.
Pero la escasez de recursos no es el único problema que aflige a la sanidad pública. Un análisis de las prioridades del gasto sanitario permite concluir que, además de gastarnos poco, lo gastamos mal.
En efecto, el actual presupuesto de la Xunta dedica el 58% del gasto a la atención especializada y sólo el 14,5% a atención primaria. Esta limitación de recursos en atención primaria es una de las causas de la masificación de estos centros, con un promedio de tiempo de visita de los más bajos de Europa. La escasa prioridad de la atención primaria explica también en gran medida la carga asistencial de los hospitales, incluyendo la sobrecarga de sus servicios de urgencia, donde más del 70% de los casos podrían ser correctamente atendidos en los centros de atención primaria, si éstos estuviesen convenientemente dotados.
Las consecuencias de todo ello están a la vista. Más del 20% de los pacientes hospitalarios deberían estar bajo otra forma de atención sanitaria (domicilio, atención sociosanitaria, centros de día¿). Puesto que el coste de un hospital es equivalente al de un hotel de cinco estrellas, puede concluirse fácilmente que el coste de tales prioridades sanitarias erróneas es enorme.
En tales circunstancias, la Consellería de Sanidade tiene que situar como una de sus prioridades la obtención de los recursos que necesita nuestra sanidad, pero también está emplazada a reformular las prioridades del gasto sanitario. Urge, pues, un nuevo discurso que, rompiendo con las políticas continuistas actuales, nos permita abordar los grandes problemas de nuestra sanidad pública.
