La ministra Salgado: "Con dos carreras, nadie me va a decir que el vino no tiene alcohol", de Jesús Cacho en El Confidencial
La ministra Elena Salgado, un dechado de “sangre fría” según me cuenta alguien de su entorno, se encontraba ayer “tranquilísima”, apenas unas horas después de habérsela envainado con su pomposo “Anteproyecto de Ley de Medidas Sanitarias para la Protección de la Salud y la Prevención del Consumo de Bebidas Alcohólicas por Menores”, que ha provocado el lío que ustedes conocen, tanta tormenta, tamaño revuelo, tal tremolina, que no ha tenido más remedio que irse con su proyecto a otra parte, sin duda obligada por un gallardo Zapatero que le ha visto las orejas al lobo de los muchos votos que el PSOE podía dejarse en esta gatera electoral. Y no hay salud a preservar que sea más importante que los votos a perder. Ya saben, hablamos de política...
“Con dos carreras en mi haber, a mí no me va a decir nadie que el vino no tiene alcohol, y que eso es malo para los niños...”. Así de rotunda y jacarandosa se mostraba ayer la señora Salgado, una mujer por la que un servidor de ustedes ha sentido siempre una cierta simpatía. La ministra dice a sus amigos que sigue sintiéndose muy arropada “por mis médicos”, aunque entiende que se ha enfrentado a “intereses muy poderosos” que, con viento electoral en popa, han hecho temblar de pánico al inquilino de Moncloa.
Intereses tan importantes y de tanta tradición como la industria del vino, en un país donde se plantan viñas y se produce vino desde tiempo inmemorial. Meter el caldo en esta coctelera ha resultado un dislate, sobre todo cuando son incontables los testimonios científicos de aseguran que un par de copitas al día no causan daño alguno a la salud, sino todo lo contrario. La argumentación de viticultores y bodegueros según la cual el vino no es bebida favorita de los menores, no parece falta de lógica. La amenaza de prohibir la publicidad de los caldos ha contribuido, en fin, a movilizar en contra del proyecto a la mayoría de los medios de comunicación tradicionales. La pela es la pela.
Otra cosa son los jóvenes –por cierto, ¿por qué ese empeño oficial por calificar de menores a tiarrones de 17 años, todos ya con bigote y pelo en pecho?- que consumen habitualmente alcohol los fines de semana. Las manifestaciones al respecto del sector español de las bebidas espirituosas (FEBE) parecen llenas de sentido común cuando, después de compartir los objetivos del proyecto, asegura que “este texto legal no será útil para erradicar esta problemática. Cuando se trata de menores, cualquier consumo de bebidas con contenido alcohólico debe ser erradicado, tanto por razones fisiológicas como psicológicas y sociales”. Para este sector, las medidas prohibicionistas no son efectivas para cambiar conductas, sobre todo cuando se trata de menores.
Parece, en fin, que por encima de las indudables buenas intenciones de la ministra Salgado, cuya preocupación por la salud de los jóvenes no podemos sino compartir, nos encontramos ante un nuevo episodio de esa larga tradición existente en países de corta tradición democrática como el nuestro que consiste en hiperlegislar, legislar para todo y sobre todo, y hacerlo sobre las materias más variadas, a veces incluso pintorescas, a menudo incluso en contra de costumbres socialmente muy arraigadas en el imaginario colectivo, simplemente por el hecho de prohibir, de recortar derechos, y casi siempre a sabiendas de que la ley no se cumplirá en absoluto y, por lo tanto, no servirá a los fines que teóricamente se persiguen.
Con lo cual se consigue desacreditar a la Ley y, por ende, todas las Leyes, relativizando su cumplimiento, asunto tanto más peligroso en países como el nuestro, escasamente respetuosos con la ley. Aquí hay muchos ministros que parecen llamados a dejar su impronta en el territorio legislativo, cuando deberían limitarse a poner orden en su casa, que con eso ya sería bastante. Aquí se está convirtiendo en arma arrojadiza acusar al ministro tal o al presidente de la Comunidad cual de haber sacado adelante pocas iniciativas legales, cuando habría que felicitarles efusivamente por ello, porque lo que está bien no necesita cambios, lo que funciona no hay que tocarlo, y mucho menos si hacerlo implica empeorarlo.
La ministra Salgado se ha metido en un jardín cuya poda necesita de un amplísimo consenso, imprescindible para abordar un asunto que, más que de prohibiciones, tal vez necesite de medidas concretas en los ámbitos educativos y de prevención. Parece obvio que quienes han terminado lanzándose a su frágil yugular han sido los presidentes de comunidades vitivinícolas gobernadas por el PSOE. Imagino lo que en privado habrá dicho sobre el asunto el amigo José María Barreda, presidente de Castilla-La Mancha. Doña Elena ha terminado por envainársela, aunque, eso sí, muy digna, muy segura de sí misma, porque, “con dos carreras, nadie le va a decir que el vino no tiene alcohol, y eso es malo para los jóvenes”. También las drogas, el exceso de velocidad, o las pocas ganas de estudiar.
