La gente se abstiene porque quiere, de Ángel Expósito en La Vanguardia
EL MIRÓN PERPLEJO
El fenómeno de la abstención es el típico suceso del que todo el mundo habla criticándolo, pero reconociendo a la vez que hace gracia. Es algo así como decir: "¡Toma ya!". En clave española es una especie de bofetada que con la boca chica se dice que no se debe propinar, pero que en el fondo gusta al personal. De hecho, que levante la mano quien no se haya abstenido alguna vez.
Si analizamos las causas, esas pellas ante las urnas se pueden deber a que no te gusta ninguno de los que se presentan a las elecciones; a que quieres castigar al sistema; a que te has ido de fin de semana y no permites que nadie te estropee el planazo o a que pasas de todo. Este último supuesto, el pasotismo, se repite especialmente cuando las urnas te citan para un referéndum, sea cual sea la pregunta.
De ahí que tenga mis dudas sobre si se pueden extrapolar los índices de participación en una consulta para unos comicios. Sea como fuere, urna a urna, cita a cita y mitin a mitin, vamos camino de unas abstenciones generalizadas, muy preocupantes para cualquier análisis, pero que, al parecer, no importan casi nada a quienes más preocupados deberían estarlo.
Recuerdo a una vecina anciana que aseguraba que la abstención se sumaba y esas ausencias se añadían al ganador. En el subconsciente popular también hay quien sostiene que el que no acude al colegio electoral no tiene derecho a protestar durante la legislatura correspondiente. Incluso, para algunos, si te abstienes en un referéndum es que deberías haber votado no. En cualquiera de los casos, los sociólogos y analistas parece que obviamos una cuestión fundamental: la gente hace lo que le da la gana, más allá de sesudas consideraciones periodísticas o antropológicas. La gente acude a donde le llaman, si quiere, y si no, pasa del tema y ni siquiera muestra su enfado o rechazo. Simplemente… pasa.
En el fondo, la ya abismal separación existente entre partidos y sociedad civil aumenta cada día más, a medida que los unos sólo piensan en sus afiliados y los otros no se afilian. Un poco más allá, las estructuras de los partidos sólo vislumbran al votante que va a votar con el fin de lograr su papeleta, y no al votante censado para conseguir que salga de casa y acuda a las urnas. Esta especie empieza a ser ya un caso perdido.
Un importante político me comentaba ayer: "Deberíamos aprender una lección después de lo ocurrido en Andalucía. La gente no nos exige demasiado a los políticos, no nos exige casi nada, tan solo pide que no le creemos problemas. Con eso basta". Poco antes, un ministro me dijo: "Si hemos acertado o no, al final, serán los ciudadanos los que valoren a sus administraciones". Como si no estuviera ya clara su valoración, pensé.
No pretendo caer en la banalidad de si la abstención en Andalucía supondrá tal o cual resultado en las elecciones. Eso sería jugar a la lotería y no suelo hacerlo, pero alguien en los partidos debería tener algo más de perspectiva, ampliar el foco de los análisis y percatarse de que algo está cambiando no hacia un partido u otro. Algo está cambiando a favor del pasotismo y en vez de intentar paliarlo parece que nos gusta alimentarlo. Al final, ni siquiera los afiliados van a ir a votar.
El vino y los toros sí preocupan Los estrategas del PSOE en Andalucía advierten que el debate sobre la suspendida ley de bebidas alcohólicas ya ha hecho daño, a pesar del "pause" al que ha sido sometida. Por si fuera poco, aseguran que cada vez que se habla de la fiesta de los toros les tiemblan hasta las urnas. Un candidato socialista me advirtió que sólo faltaba ahora poner en tela de juicio al Betis o al Sevilla.
El voto joven en disputa A medida que se acercan las citas electorales, los sociólogos se devanan los sesos por estudiar los distintos sectores del censo. Hay quien apunta que la franja de edad de entre 25-35 años se decantaría mayoritariamente por la izquierda, mientras que el sector de nuevos votantes, entre 18 y 22 años, empieza a virar hacia la derecha. La incógnita no es tanto a quién votarían, sino si van a ir a votar.
El ATC, tras las elecciones Y seguimos hablando poco de temas fundamentales como el Almacén Temporal Centralizado para residuos nucleares. Hay ofertas concretas sobre la mesa, de todos los colores políticos y de distintas autonomías. El próximo 28 de febrero habrá una reunión clave y a partir de ahí se comenzarán a conocer las condiciones. Sea como fuere, hasta después de las elecciones de mayo no se dirá ni mu. Para los optimistas se conocerá el desenlace antes de las generales; para los realistas, será cuestión de la siguiente legislatura.
