El ojo del tigre
¿DE QUÉ DEMOCRACIA HABLAMOS…?
Podría parecer una estupidez decir que la génesis de la democracia española actual fue acelerada por la crisis ideológica y política que invadió el sistema que , durante cuarenta años , permitió la libre concurrencia de pareceres y el necesario contraste de los mismos a través de los cauces legalmente establecidos. Aquello era –decían- una democracia , pero… Pero estrechamente vigilada por la institución fundamental del régimen: el Movimiento Nacional. Partido único. Es decir: aquello era una democracia orgánica. Dicho de otra manera , era un sistema controlado en grado superlativo; gracias al cual, la nefasta herencia recibida del liberalismo ideológico (libertad de pensamiento, libertad de expresión …) había sido liquidada; entre otras razones , porque fomentaba el libertinaje, el libre albedrío de las conciencias y, como consecuencia, el caos social.
Ensartar en el mismo hilo de la actualidad la historia de ese pasado reciente y la gestación de la historia liberal del presente democrático es para quienes fueron protagonistas de la democracia orgánica –o herederos directos de aquel protagonismo familiar- un anacronismo indecente; mientras que para los que ahora mismo protagonizan el actual espectáculo político, nacidos después de aquel represivo período del paternalismo estatal; o sea los que nacieron en pleno disfrute de la democracia de las libertades, son batallitas propias de inteligencias en estado senil. Sin embargo , de aquel mundo totalitario procedemos todos… Hasta el actual régimen. Sin darnos cuenta, empezamos a caminar por el estrecho sendero de la democracia liberal y parlamentaria con la mochila todavía llena del resabios totalitaristas. (Que cada uno revise el contenido de su propio petate y lo comprobará).
Transcurridos treinta años de senderismo democrático en libertad, ¿qué queda de aquellos primeros años de entusiasmo generalizado, aunque con las inevitables excepciones de rigor?. Casi nada. Apenas queda el recuerdo de la historia de su génesis; la cual , se inició clandestinamente a mediados de los años 50; se hizo patente en los 60 y se consumó mediados los 70. Cuando la tromboflebitis, que había conspirado contra la salud del Gran Dictador, culminó su faena patológica en ese momento la democracia liberal enseñó la oreja…
Ahora, me parece que entre todos –unos más que otros- hemos espantado la democracia de las libertades sin haber tenido tiempo para disfrutarla en su plenitud. Esto quizá tenga una explicación que es bastante lógica. ¿De dónde salieron tantísimos, por miles, demócratas liberales al día siguiente de celebrarse las primeras elecciones libres, el 15 de junio de 1977, si prácticamente hasta la víspera del final de aquel régimen absorbente, esa muchedumbre había sido educada en unos principios políticos que se resumían en la observación estricta de tres elementos sagrados: Familia, Municipio y Sindicato (una versión, puesta al día, de aquella famosa trilogía de la derecha paleolítica: Dios , Patria y Rey). Al cabo de cuarenta años de Nacionalcatolicismo por un lado, y de Nacionalsindicalismo por el otro, en la conciencia de cada español se desarrolló un pertinaz sentimiento autoritario.
Hemos confundido la democracia de las libertades universales con la democracia orgánica del casticismo españolista. No es nada raro que un presidente autonómico funcione como si fuera un antiguo gobernador civil; ni que un delegado del Gobierno en una autonomía se parezca mucho a un jefe provincial del movimiento; ni que los políticos parezcan funcionarios; que los empresarios hablen como los políticos y éstos piensen como los empresarios… Aún hay más: extinguido el régimen del partido único, el bipartidismo reinante ha asumido sus funciones .
En condiciones normales todo esto sería suficiente para que los españoles estuviéramos al borde de un ataque de nervios. Pero aquí nada es normal: se alarma la derecha porque piensa que el Gobierno de Zapatero es de izquierda; precisamente, cuando se han cumplido setenta años desde que la izquierda española se perdió en el desierto… Se insiste en que esta monarquía es una República coronada, pero nadie se avergüenza después de haberlo dicho, ni tampoco nadie se indigna después de escuchar semejante barbaridad.
Me gustaría saber que se ha hecho con la democracia de las libertades, del sufragio libre y universal, y de la igualdad de oportunidades. Sobre todo , que fué de la conciencia democrática individual. Pero me lo pregunto a mí mismo porque es inútil preguntárselo a los demás; sólo serviría para que a uno le acusen de ser un antiguo. En tan sólo tres décadas aquí han cambiado hasta los nombres clásicos de algunas ideas tradicionales: a la solidaridad ahora se le llama hipoteca bancaria; al bienestar social, endeudamiento hipotecario; al proletariado, pequeños propietarios; a la izquierda, stalinismo; a la extrema derecha , centro democrático. A la mentira, verdad…
Atrapados en esta locura colectiva, ¿quién se atreve a ser demócrata de verdad, si sabe que lo más probable es que le mueran en el intento…?
Lorenzo Cordero. Periodista.

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