HISTORIAS DEL MUNDO

En los diarios de Beirut aparece un recuadro publicitario con el rótulo "Vehículos blindados" y el número de teléfono móvil 03 290 399. Cuando llamo, me informan en seguida de sus ofertas. Para blindar, por ejemplo, un Mercedes hay que desembolsar entre cuarenta y setenta mil dólares, y son necesarias cuatro o cinco semanas para acabar el trabajo. Mi interlocutor, Patrik Auad, explica que es una empresa estadounidense la que garantiza con sus certificados autentificados el blindaje. Me cita en su oficina sin pérdida de tiempo, para tratar del asunto.

Las cruentas guerras, los atentados incesantes en países de Oriente Medio como Iraq, Afganistán y Líbano, sirven para hacer el agosto a unos sofisticados talleres, o simples garajes, que se dedican también a proteger los vehículos, ya sea toda la carrocería o sólo ventanas y ruedas, de las balas.

La primera vez que subí a un vehículo blindado fue en 1987, en plena guerra del terror en Beirut. Era el flamante Mercedes blanco de mi amigo el embajador español Pedro de Arístegui, que murió más tarde en el bombardeo de su residencia. Recuerdo que aquel automóvil con matrícula diplomática pesaba una tonelada y había sido enviado directamente desde la Península.

Los recientes atentados en Líbano, y sobre todo los perpetrados contra políticos que circulaban en sus coches -como el del diputado, periodista e hijo del propietario del diario An Nahar, Gebran Tueni, o como el de hace unas semanas contra el ministro Pierre Gemayel, del partido cristiano nacionalista Kataeb-, han aumentado la demanda.

En Beirut la empresa Yaka Group, con material importado de EE. UU., Alemania e Italia, blinda vehículos destinados a Iraq, a la embajada estadounidense en Bagdad y a otros clientes de la región. Es más barato adaptarlos en Líbano que hacerlo en talleres estadounidenses. Desde el 2003, el año de la invasión de Iraq, sus beneficios han crecido vertiginosamente. Políticos y hombres de negocios, pero también ciudadanos de a pie, son los clientes de esta pujante empresa.

Hay compañías que ofrecen sus servicios de alquiler de coches blindados por mil dólares diarios y facilitan, además, chóferes y guardaespaldas. El envío de un nuevo contingente militar estadounidense a Iraq fomentará aún más esta industria. Las compañías de seguridad, en el caso de Líbano vinculadas -a veces- a encumbrados dirigentes de la República, tienen un mercado muy amplio.

Pero no sólo ha crecido la demanda de vehículos blindados, sino también la de armas ligeras, como el kalashnikov, tan popular en Oriente Medio, y el M-16 de fabricación estadounidense. Estos fusiles ametralladores llegan a Líbano a través de los contrabandistas desde Iraq, cruzando la vecina República de Siria. Y en lo que se puede afirmar como barómetro de la violencia o inseguridad existente en la República Libanesa, el precio del kalashnikov ha pasado, en unos pocos meses, de cien a setecientos dólares. Sin duda, una clara prueba del estado de rearme que vive Líbano, país en el que al final de las guerras civiles, en 1990, todas las milicias fueron desarmadas a excepción de la organización chií Hizbulah, vanguardia de la resistencia contra la ocupación israelí del sur de la República.

Mañana volveré a llamar al anunciado teléfono de los diarios de Beirut para concertar una cita y probar uno de sus vehículos blindados de alquiler.