DEBATE

A quién sirve mi dinero? Es decir, ¿qué realidad económica y social promueven mis ahorros? Una pregunta aparentemente sencilla, pero potente y que invita a reflexión. De hecho, el rumbo del mundo depende de la respuesta consciente y libre que nosotros queramos dar a esa pregunta.

Vivimos en una época llena de enormes contradicciones. Hemos alcanzado un importante desarrollo científico y técnico que nos permite un nivel de vida impensable hace unos años, aunque no todo el mundo puede gozar de él. Pero este desarrollo sin rumbo, inconsciente, nos lleva a la destrucción del equilibrio ecológico, algo de lo que empiezan a dar cuenta los gobiernos, los organismos internacionales y los medios de comunicación; sin embargo, hay gente que aún se empeña en cuestionarlo.

Otra gran contradicción la encontramos al observar la realidad social. Desde la caída del muro de Berlín asistimos a una defensa a ultranza de la liberalización económica de los mercados, la denominada globalización. La economía ha adquirido todo el protagonismo en la actualidad. Pero la vida de una sociedad no se basa sólo en la economía, sino también en la cultura y en la política, y entre esas tres actividades debe existir un equilibrio. Pero ese equilibrio social se ha roto, y lo que tenemos es un predominio (¿o es un dominio?) de la economía sobre la cultura y la política. ¿En qué modelo de vida educamos a nuestros jóvenes, además de la lucha egoísta para conseguir el máximo beneficio? ¿No debería sorprendernos que la violencia juvenil sea un fenómeno creciente? Si abogamos por la globalización económica, ¿por qué no globalizamos también la conciencia? ¿Cómo es posible que con el desarrollo que tenemos, con la riqueza económica que existe en el mundo, millones de personas vivan en la miseria absoluta? Cuando nos enfrentamos a esas contradicciones de nuestra época, fácilmente caemos en la tentación de argumentar: los gobiernos tendrían que..., las empresas deberían... Nos hemos habituado a demandar a otros la responsabilidad de los problemas que nos rodean. Pero la cuestión realmente importante, la pregunta que nos atañe directamente y que no deberíamos eludir es: ¿qué parte de responsabilidad tengo yo en los problemas del mundo? ¿Cómo puedo contribuir a mejorar la calidad de vida de las personas y de la Tierra?

Nos dejamos apagar por el desánimo y nos creemos impotentes para solucionar los problemas del mundo. Pero ¿qué es lo que realmente mueve el mundo? La respuesta es simple: el dinero. ¿Cómo puedo incidir realmente en el rumbo del mundo? Por medio de mi dinero, de mis ahorros; con ellos yo puedo llevar mi voluntad al mundo y contribuir a cambiarlo. Depositamos nuestros ahorros en entidades financieras y sólo les exigimos la máxima rentabilidad, pero no nos preocupamos por averiguar en qué empresas los invierten y qué proyectos estamos favoreciendo. Mire sus ahorros, analice sus fondos de inversión, y si consigue descifrar en qué empresas está invertido su dinero, pregúntese si realmente quiere que esté ahí. ¿Por qué en una decisión tan importante dejamos la iniciativa en manos de otros y no asumimos nuestra responsabilidad? ¿Por qué no abandonamos la comodidad y procuramos invertir de modo coherente con nuestra forma de ser y pensar?

Le propongo un criterio de inversión que le aportará una gran rentabilidad personal y social: "Ponga su dinero donde tenga su cabeza y su corazón".

JOAN ANTONI MELÉ, asesor financiero y conferenciante.
joan. mele@ triodos. es