EL RUNRÚN
Uno de los enigmas que llenan los tarjetones del juego de sobremesa Mindtrap pide: "¿Qué animales comen con la cola?". Si el jugador es inexperto en las trampas para la mente que dan nombre al juego, puede que piense en algún género de camaleones de cola prensil y multiuso. Pero no. Muchos de los supuestos enigmas forman parte de ese género tan frustrante llamado engañifa. La respuesta a "¿qué animales comen con la cola?" es "todos", y su explicación, que se publica entre paréntesis como si este signo tipográfico disimulara la estulticia, "ninguno se la quita para comer". El jueves pasado Josep Puigbó marcó un gol en 8tv cuando llenó el plató de portavoces políticos con nariz de payaso. La foto de los seis políticos carnavalizados salió el sábado en algunos diarios, con lo que el bueno de Puigbò logró poner énfasis en el segundo concepto del planiano título de su programa: Amics, coneguts i saludats. En las páginas de política de este diario Joaquim Roglan contaba un contraste notable: en el plató de Puigbó, los seis portavoces parlamentarios con nariz roja cohabitaron con la nariz desnuda de un payaso profesional (del Circ Cric), cuya napia natural basta para pasar del sentido recto al uso despectivo del noble vocablo payaso. A mí esta reversión de narices me recordó aquellas facecias denominadas viceversas: no es lo mismo una mona muy chica que una chica muy mona, ni tener familia en La Mancha que tener una mancha en la familia, ni llevar una gorra de viaje que viajar de gorra, ni la tormenta se avecina que la vecina se atormenta.
La cuestión es que la estampa que consiguió Puigbó, en nombre del sentido del humor, fue todo un hallazgo. Jaume Bosch (IC), Miquel Iceta (PSC), Felip Puig (CiU), Joan Ridao (ERC), Albert Rivera (C´s) y Francesc Vendrell (PP) con la napia enrojecida, casi a punto de entonar el uhú de Charlie Rivel. El domingo, en su crítica televisiva, Víctor Amela se preguntaba qué hubiese pasado si alguno se hubiese negado, sin dejar de sonreír, con un "mire, no estoy aquí en mi nombre, sino en función de mi representatividad pública, y no sé si a todos mis representados les agradará verme jugar con una nariz de payaso mientras tantos problemas quedan por resolver". Seguro que, al leerlo, los seis payasos a tiempo parcial pensaron que habían perdido una buena ocasión para marcarse un tanto. El que más, Rivera. Más allá de algunas payasadas electorales que le dieron notoriedad, parte de su éxito en las urnas se debió sin duda a la percepción de que sus críticas a la totalidad de la clase política catalana eran sinceras. En mi barrio mucha gente desencantada se acercaba a las mesas petitorias del nuevo partido y se regalaba los oídos con las aceradas críticas que sus promotores endilgaban a los desastres de la Catalunya del 3%, la persecución del castellano y las payasadas del (primer) tripartito.
¿Qué pensarán ahora los inocentes electores que auparon a Ciudadanos hasta el 3% de votos viendo a su líder compartir nariz roja con los representantes de las otras cinco formaciones parlamentarias catalanas? En sólo unos meses Rivera es ya uno más de esos a quienes tanto criticaba. La nueva edición del Mindtrap debería incorporar otra engañifa: "¿Qué políticos comen con la nariz?".

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