La ausencia de Fernández Villa en la candidatura autonómica socialista es un reflejo de su pérdida de peso en el PSOE

LA ausencia de José Ángel Fernández Villa de la Junta General del Principado y la participación de Javier Fernández en la lista autonómica, formando tique con Álvarez Areces, crea una situación nueva en la familia socialista asturiana. Nunca antes se vivió algo igual. El hecho de que Javier Fernández reúna la doble condición de secretario general de la FSA y 'número dos' de la lista autonómica ha llevado al equívoco de identificar la próxima legislatura con el primer mandato autonómico, cuando 'Suso' Sanjurjo era el máximo responsable de la FSA e iba detrás de Pedro de Silva en la candidatura socialista al Principado. El tándem Areces-Fernández sería una repetición del dúo Silva-Sanjurjo. El decorado es el mismo pero el drama tiene distinto argumento. Veamos.

En aquel tiempo, primavera de 1983, el socialismo asturiano no era cosa de dos, sino de tres: Silva, Sanjurjo y Villa. Una terna en la que todo el poder recaía en el líder minero, que necesitaba de la prosapia del abogado gijonés para presidir el Principado y se servía de la dedicación al partido del mayor de la familia Sanjurjo para gestionar la FSA.

El paso de la preautonomía a la autonomía había evidenciado el poder de Villa cuando Rafael Fernández, el legendario líder del socialismo asturiano en el exilio, tuvo que dejar el bastón de mando porque cometió la ingenuidad de someter el futuro de la minería a debate en el órgano de dirección de los socialistas: Pura Tomas, su mujer, fue la única que le secundó en la votación. En 1983 Villa ya era el 'hombre fuerte' del socialismo asturiano, un poder que descansaba en su privilegiada relación con el todopoderoso Alfonso Guerra.

Hay un hecho muy poco conocido de aquel año que pudo cambiar el rumbo del socialismo asturiano y demuestra el fino instinto político de Villa, cuando se trata de ventear poder.

Con Felipe González y Alfonso Guerra dedicados a la tarea de Gobierno, se buscaba un responsable de Organización para el PSOE, papel que ahora ocupa José Blanco. Los dos sevillanos (González y Guerra) habían pensado en 'Suso' Sanjurjo, pero Villa pretextó que Sanjurjo era una persona clave para seguir al frente de los destinos de la FSA y logró que la propuesta se sometiera al criterio de la delegación asturiana. Resultado de aquel lance: Txiqui Benegas fue elegido secretario de Organización del PSOE y Villa continuó siendo el único líder socialista asturiano que tomaba asiento en la comisión ejecutiva federal del PSOE.

En las dos primeras legislaturas autonómicas el poder de Villa en la FSA se ejercía a través del sindicato. Los miembros del SOMA tenían mayoría en las ejecutivas del PSOE de los municipios mineros y elaboraban las candidaturas municipales. Desde las cuencas, y siempre a través del SOMA, se tejía una alianza con los liberados de la FSA y con las agrupaciones divididas, como la ovetense (AMSO), para tener mayoría en la región e imponerse al foco de contestación de Gijón y Avilés. Un esquema de poder que necesitaba para perpetuarse de un liderazgo de bajo perfil en la FSA, como era el de Luis Martínez Noval.

Recuperemos una foto de la época: Noval, dedicado a sus quehaceres de ministro de Trabajo; De Silva, rodeado del pequeño grupo de 'institucionalistas' en el Principado; Celestino Suárez, ejerciendo de líder de la agrupación ovetense, y Villa, encantado con el cierre del programa de las nucleares, que chocaba con las pretensiones del carbón autóctono. En aquel tiempo, el bigote y el oficio propiciaban la metáfora de «El Walesa asturiano».

La llegada de Álvarez Areces a la alcaldía de Gijón cohesionó la corriente de los renovadores, que pasaron a constituir la oposición en la FSA. La reconversión del carbón provocó el choque entre el SOMA y el Gobierno de Felipe González, con el encierro de los sindicalistas en el pozo Barredo. La salida del Gobierno de Alfonso Guerra dejó a Villa sin su principal valedor y la situación dio un vuelco, en 1995, cuando Sergio Marqués se hizo con el Gobierno del Principado e IU conquistó la alcaldía de Langreo. De la precaria situación en que se encontraba Villa fue a sacarle el Plan de la Minería de José María Aznar, que preveía un novedoso programa de fondos mineros que reactivaría el poder territorial del sindicato. Líderes sindicales y alcaldes mineros adquirieron un protagonismo que desplazó al Gobierno de Sergio Marqué a un segundo plano. La gestión de los fondos mineros estaría en la base del cisma del PP.

Las primarias

Si el programa de los fondos mineros vino a dar alas a Villa, una decisión del PSOE fue a complicarle la recuperación del poder en la región: las elecciones primarias. Una iniciativa creada para reactivar la lánguida oposición del PSOE a Aznar dio la oportunidad a Álvarez Areces de aspirar a la candidatura autonómica, basada en el prestigio ganado en tres mandatos en la alcaldía gijonesa. El SOMA no encontró un candidato para que confrontara con Areces en las urnas. Villa hizo de tripas corazón y asumió como propia la candidatura de Areces. Este gesto táctico fue interpretado en clave emocional por alguna militante cursi de los renovadores al decir «hay química entre Tini y José Ángel». De chiste.

La historia reciente es conocida. Con Areces ejerciendo de presidente del Principado, la Ley de Cajas reabrió las hostilidades entre los villistas y los renovadores, conflicto que precedió al 28 Congreso de la FSA, que ganó Javier Fernández. Y partir de ahí cambió el argumento del drama, porque el nuevo secretario general de la FSA encontró seguidores en todas las agrupaciones, desde las huestes de Graciano García en San Martín del Rey Aurelio hasta la tropa gijonesa de José Manuel Sariego, pasando por la 'tercera vía' de Trevín y Donaire. En poco tiempo, Javier Fernández se convirtió en el 'hombre fuerte' del socialismo asturiano, algo que no estaba previsto en el cuaderno azul de Villa. Por eso ahora la situación es completamente nueva: la bicefalia se hizo hueco en la lista y el líder minero guarda silencio en la oposición. Pero no estamos ante el fin de la historia...