Espiritusanto Villatoro Lozano, calle de los Juzgados, Carmona, ¡Qué nombre más bonito! El placer de haberlo capturado casi justifica el viaje de estos días a Sevilla para asistir al perezoso referéndum del segundo Estatuto de Andalucía.
Quien les escribe tiene la afición de coleccionar nombres para una novela que jamás comenzará, porque ése no es su oficio y la ficción le infunde respeto: la novela es mucho más exigente que el astuto zascandileo del periodismo. La cosa comenzó hace diez años en una hostería de Nápoles, camino de Calabria. El dueño del local, un tipo con ademanes de pianista, un hombre fuera de contexto que Italo Calvino no habría dudado en reclutar para uno de sus cuentos, resultó llamarse Nicola Di Petris.
Nicola Di Petris. Convendrán que es un nombre musical y apto para la literatura. Di Petris fue capturado a la hora de los postres y recluido en una libreta en la que no todos pueden entrar. Ahí está, por ejemplo, Attila Varga, policía húngaro, con unos bigotes rubios como la cerveza, apresado una tarde de invierno en el aeropuerto de Budapest. Cierra la lista, de momento, el citado señor Espiritusanto Villatoro Lozano, por su franca invitación al realismo mágico y porque su placa de abogado en un viejo caserón del centro de Carmona -azul añil sobre un fondo blanco de cerámica- nos cuenta cosas interesantes de Andalucía.
¿Qué dice esa placa de Carmona? Dice que Andalucía es el mejor sur de Europa. Dice que en una ciudad del sur de Italia -ese mezzogiorno veteado por las mafias donde Nicola Di Petris sirve pizzas con manos de pianista- no sería fácil hallar un abogado honesto en una mansión rural venida a más.
Nos dice esa placa de Carmona algo que damos por muy sabido -que Andalucía ha dejado atrás la miseria- sin captar del todo su trascendencia. Quizá porque las buenas perspectivas históricas requieren tiempo; quizás porque el tópico siempre acecha a Andalucía, antes por ser pobre de solemnidad, ahora por su satisfacción estática y casi pequeñoburguesa tras engullir buena parte del segundo plan Marshall. En un libro reciente, José Luis González Vallvé y Miguel Ángel Benedicto, expertos en política europea, le han dado otro nombre a ese segundo plan Marshall: La mayor operación de solidaridad de la historia.Ya saben, la España pedigüeña que decía el ceñudo Aznar en 1992: ayudas y subvenciones por valor de 118.000 millones de euros en veinte años. La España que se lo debe todo a Europa y que ahora no le corresponde como es debido. Lo ha recordado esta semana Josep Borrell en Barcelona: el Gobierno de Zapatero debería implicarse mucho más en la construcción europea. ¡Ay, la alianza de civilizaciones!
No nos extraviemos. La bella Carmona, romana, mora y ahora mesocrática, nos dice otra cosa: fuera de Madrid, fuera de la cámara hiperbárica de Madrid, España se ve más relajada y menos sombría. Desde la puerta de Córdoba de Carmona, con los campos hasta el infinito, se divisa al conde duque de Olivares galopando un caballo azabache, wi-fi e inalámbrico. Poca broma con el neoolivarismo. Madrid ha demostrado estos años poseer una inteligencia verdaderamente lampedusiana: ha dejado que todo cambiase - del gris centralismo al bullicio autonómico- para que todo siguiese igual. Igual no, mucho mejor para sus intereses. De Madrid hay que aprender. Hay que aprender que debajo del topicazo español late una inteligencia renovada y oligárquica que hoy se sabe superior a sus periferias. Sólo tiene una duda el neoolivarismo: ¿seducirlas o dejar que el tiempo haga su trabajo de manera implacable? Portugal -¡ay, la independencia!- comienza a tener noticia de ello y lo está pasando mal. En fecha próxima hablaremos de Portugal. Y de Catalunya el lector ya tiene noticia, aunque ahora se esboza una batalla apasionante, esta sí, la del aeropuerto de El Prat, que debe ser combatida y ganada.
Si la historia hubiese sido clemente con Andalucía, dándole una aglomeración metropolitana que no posee, el De Olivares lo tendría hoy bastante más complicado. El despegue andaluz, por el contrario, ha sido difuso y rural: mucho más intenso en los pueblos y en las ciudades intermedias - Carmona, por ejemplo- que en las capitales, pelotón del que ahora despunta Málaga, dinámica y virada a la derecha.
Ese progreso capilar y rural es una de las novedades más relevantes de la democracia. Treinta años después, Andalucía ha cristalizado como el poder regional más potente y genuino de España, dando nuevo formato al PSOE. Ferraz, Zapatero y sus levitaciones, Rubalcaba y sus astucias zorrunas, Blanco y sus lunes, no son sino superestructuras de una realidad primera: el PSOE es, ante todo, el Partido Regionalista Andaluz. O sea, la CiU del sur.

sólo decir que "el citado abogado" Espiritusanto resulta ser una mujer, ese nombre es de mujer, no de hombre