IDEAS Y DEBATES

Como homenaje muy póstumo a don Ramón Menéndez Pidal, quiero referirme hoy tanto a su ansia por saber como al conocimiento del cómo. Recuerdo que hace muchos años -cerca de cincuenta- aconsejaba a los historiadores y también a los simples observadores de la realidad que leyeran a los otros. Don Ramón acertaba en ésta como en tantas cosas; después de proyectar su poderoso caleidoscopio a los saberes que encierra el Romance del Mío Cid (aquellas astucias de Raquel en la constitución de un depósito ficticio) reincidía en la necesidad de leer a los otros.

Su consejo que hoy recuerdo resulta cada vez más indispensable en unos tristes tiempos en los que la calificación ha sido sustituida por la descalificación y el improperio. Y los resultados de seguirlo están a la vista, aplicados a una inicial curiosidad sobre la transmutación del ex presidente del Gobierno, don José M ª Aznar López, en profesor transandino de la Universidad norteamericana de Georgetown, regida por los delegados de la Compañía de Jesús, conocidos también como jesuitas, según se tercie. Un cierto misterio rodeaba la aventura -dicho sea con admiración- que suponía pasar del temario enteco de los inspectores de Hacienda a una explanación de la realidad universal.

Finalmente, las pesquisas han dado resultado. Se admite plenamente el interés (ya lejano) de Aznar en efectuar una operación para dorar sus blasones, que debía alcanzar al profesorado en Georgetown. ¿Pero cuáles han sido los medios o procedimientos para pasar de Logroño a Georgetown? La explicación es sencilla: Aznar López, en los días finales de aquel período que algunos voceros de FAES y de la JONS, llaman los ocho gloriosos, cuidó su futuro científico y ya en el año 2001 encargó al Gobierno que presidía la suscripción con la Universidad de Georgetown de un acuerdo de postgrado, por un importe de 1,8 millones de euros; cantidad que salió de los Presupuestos Generales del Estado. Como es natural, varios fueron los ministros y seguidores de Aznar que aprovecharon la existencia de una beca tan generosamente establecida. Vean algunos nombres (que ornan el cuadro de honor de Georgetown): Federico Trillo, Javier Rupérez, Pilar del Castillo y finalmente el presidente de honor del PP, don José M ª Aznar López.

Ahorro de apuntes contables

El coste de la operación para los contribuyentes supuso una exacción de más de 400 millones de las antiguas pesetas bajo la gestión de Ismael Crespo desde el Ministerio de Educación, el cual supo delegar en su mujer Antonia Martínez, previamente becada, con el consiguiente ahorro de apuntes contables.

Lo poco o demasiado que sabemos de las conferencias magistrales del señor Aznar López nos indican que el experimento -como pasa con los de Silvio Berlusconi- tuvo corta duración. Es cierto que los apuntes llegados a Barcelona son reveladores y constituyen el anticipo de su etapa actual con el Imperio Murdoch, pero sirven también para ver -con la óptica de Georgetown- cómo teniendo una elevada dosis de precaución, un becario de oro que financia a tiempo su beca -y la de algunos allegados- puede llegar a transformarse en un profesor de postín; en un profesor que puesto a dar lecciones, las da todas magistrales.

Y como he recurrido al consejo de don Ramón Menéndez Pidal les diré que leyendo a los otros he escogido esta vez a Palomo y su reciente libro De Aznar a Rajoy. Léanlo y comprobarán una vez más que me quedo corto.

Fabián Estapé - Economista.