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Grecia no tiene petróleo, como casi todo hijo de vecino europeo, pero disfruta de la geografía necesaria para distribuir energía por un tubo. Ésta es la ambición de Atenas: hacer de Grecia un hub o plataforma energética. "Grecia será una puerta vital para Europa porque seremos más baratos, más rápidos y más seguros", afirma Euripidis Stylianidis, viceministro de Asuntos Exteriores griego, en una entrevista concedida en Atenas a este corresponsal.

El mapa del sudeste de la Unión Europea es un desafío para los tiralíneas occidentales y rusos. Un oleoducto ya operativo es el conocido por BTC, que une Baku (Azerbaiyán) con Tiflis (Georgia) y Cehlan (Turquía). "El tiralíneas respondió aquí a intereses estadounidenses", afirma Michael Thomadakis, vicepresidente de la Autoridad Reguladora de la Energía y ferviente europeísta. Y el petróleo que corre por este tubo es azerbaiyano, no ruso. El resultado ha sido que Rusia ha visto disminuida su influencia en la región transcaucásica. El trazado obedeció al interés de estadounidenses y turcos en la independencia económica de Azerbaiyán y Georgia con respecto a Moscú. Turquía aboga por el ingreso de Georgia en la OTAN, a lo que se opone Rusia con toda su energía.

Otro oleoducto, conocido por las siglas BA, es un proyecto que transportará petróleo ruso desde Burgas (Bulgaria) hasta Alexandrópolis (Grecia). Pero Atenas no lo considera como la respuesta al oleoducto que burló los intereses rusos. "No es un proyecto competitivo con el BTC, sino complementario, cuyo objetivo es reducir el paso de petroleros por el Bósforo, ya congestionado, lo que provoca inseguridad y retrasos", asegura Panos Livadas, secretario general de la Secretaría de Información. La idea del BA la lanzó Grecia en 1993, pero han sido necesarios catorce años para que los tres países implicados hayan reafirmado su compromiso. Yla negociación ha puesto de manifiesto como las gasta Vladimir Putin, que es quien pone el petróleo. Para Costis Stambolis, presidente del Instituto de la Energía del Sudeste Europeo, "Grecia no ha sido muy hábil en la negociación; la idea griega era repartir a partes iguales, pero Rusia tendrá el 51%; Grecia, un 24,5%, a distribuir entre empresas (23,5%) y el Estado (1%), y el 24,5% búlgaro irá a compañías estadounidenses".

El tercer gran tubo de la zona es el gasoducto TGI, ya parcialmente construido en suelo turco, que se extenderá desde Baku hasta Grecia, desde donde se prolongará hasta Italia, según un acuerdo concluido a finales del pasado enero. "El oleoducto BA es geopolíticamente importante para Grecia, pero el TGI es más importante para la Unión Europea", afirma Nikolaos Stefanou, secretario general del Ministerio de Desarrollo griego.

Toda esta compleja trama hará de Grecia, según medios oficiales, un nudo energético vital para Europa. Primero, porque se sorteará el Bósforo, lo que reducirá la inseguridad en el suministro que amenaza a la Unión Europea. Y segundo, porque se diversificarán las fuentes, disminuyendo la dependencia con respecto a Rusia. No todos, sin embargo, ven el negocio claro, incluido el cambio operado en la política exterior griega hacia Turquía, la plataforma necesaria para hacerle llegar el petróleo y gas natural del Caspio.

Cuando desapareció la Unión Soviética, la política exterior griega señaló como primera amenaza el arco musulmán (incluida Turquía) que le rodeaba. "Ahora, el primer problema de Grecia es el tremendo gasto militar", afirma Charalambos Vlahoutsicos, profesor de la Universidad de Atenas de Economía, para quien "la entrada de Bulgaria y Rumanía en la comunidad ha significado un inmenso avance, porque ya no estamos aislados, y el ingreso de Turquía sería un gran beneficio para Grecia". El gasto militar griego es casi cinco veces superior a la media europea, y el motivo es Turquía, el enemigo histórico. "Grecia apoya ahora totalmente el ingreso turco", afirma Panos Livadas.

Charalambos Tsardanidis, director del Instituto de Relaciones Internacionales Económicas, no comparte esta europeización de la política exterior griega. "La posición griega es más táctica que estratégica. Puede ser buena para Grecia, pero no para la Unión Europea, ya que no se debate sobre las consecuencias del ingreso turco", argumenta. ¿Ven los griegos, entonces, la luz al final del tubo? Paul Mylonas, jefe del departamento de estrategia del Banco Nacional de Grecia, prefiere mirar a China. "No creo que el paso del gas y del petróleo cause un boom económico en Grecia. La gran oportunidad, más que el petróleo, es el interés chino en convertir a los puertos griegos en una plataforma para sus intereses". "Grecia es el primer consumidor de barcos construidos en astilleros chinos y Pekín está interesado en invertir en los puertos griegos", afirma el viceministro Stylianidis. Ahora, el 42% del petróleo y gas que consumen los chinos es transportado por barcos griegos, y China, superpotencia emergente, necesitará petróleo por un tubo. Grecia, pues, tiene algo más que geografía.