¿Quién le pasa a La Voz de Asturias la sentencia de Morala y Carnero antes de que le sea comunicada a los propios interesados, y para qué?

Menudo asunto, ¿no?

Sólo puede salir de dos ámbitos: del judicial o de Delegación del Gobierno. Más claro agua.

¿Se hace esto para quemar el interés de la noticia para La Nueva España? Esas cosas se hacen, pero en este caso sería una estupidez, porque para La Nueva España se va a convertir en una cuestión de honor que La Voz de Asturias le pise la noticia.

Estas cosas con La Nueva España suelen partir de Antonio Trevín, y normalmente utiliza al Comercio para estas operaciones, porque a él le viene bien, dado que ese periódico tiene entrada en su territorio privativo, el Oriente y Llanes.

Al Comercio el asunto Carnero y Morala le resbala, puesto que le ha venido poniendo la misma sordina informativa que La Nueva España le puso al conflicto de Cajastur. Eso explica también por qué a La Voz de Asturias, aparte de hacerse para quemar la noticia.

Pero aquí hay más tomate. Coincidiendo con la celebración del primer juicio, el que ahora parece sentenciado de la peor manera posible para estos dos sindicalistas, puesto que tres años de cárcel implican ingreso en prisión, El Comercio inició la publicación de un culebrón, protagonizado por la gente de UGT, Donaire, Braga y compañía, azuzando el traslado de Izar y Naval Gijón al Musel: una provocación en toda regla para los procesados y su entorno político, social y laboral.

Tal parece, que todo este proceso, no sólo es una operación encaminada a liquidar la resistencia sindical contra el gran pelotazo de la bahía de Gijón, sino que además parece también que esa operación tiene toda la pinta de estar impulsada desde el sector del PSOE afín a Trevín, la llamada "tercera vía" -en la que juega un papel muy importante la UGT-, al que desde luego da la sensación de que no le importa en absoluto que Vicente Álvarez Areces se pegue el castañazo definitivo en las próximas elecciones autonómicas. Lo del ayuntamiento de Gijón resulta más oscuro todavía.

No hace falta tener ninguna relación personal con el entorno político y sindical que gira alrededor de Carnero y Morala -un variopinto conglomerado de fuerzas de izquierda radical y en muchos casos de corte nacionalista-, para darse cuenta de que la consecuencia de todo este engendro que parece concebido por alguna mente enferma, no es otra que la más que probable aparición de fenómenos de kale borroka hasta ahora desconocidos en Asturias.

Soy consciente de que habrá merluzos que digan lo de que "el primero que lo huele en el c... lo tiene". Me importa poco. Es sentido común. No se puede provocar de esta manera a la gente.

En Asturias hay paro, emigración, frustración laboral, bajos salarios y todo un submundo de marginalidad que convive con la aparente abundancia de un falso bienestar basado en los subsidios y en las plusvalías de un negocio especulativo que se desinfla a la carrera. En este sentido, Gijón, que disfruta de una impresionante bolsa de prejubilaciones del metal y del carbón -pan para hoy por la mañana y hambre para la cena-, y de una impresionante inyección social de dinero público a través de las empresas dependientes de la administración, con los pisos más caros del Principado, es una bomba fabricada por el enemigo.

Si al panorama de Gijón se une, el que se dibuja en las cuencas mineras -y especialmente la del Nalón-, con la defenestración de su gran domador, José Ángel Fernández Villa -y sobre todo, de su modelo de control social-, cualquiera con una mínima capacidad de análisis, comprende que, o bien estamos en manos de una pandilla de oligofrénicos, o bien, en las de un grupo de gente especialmente pérfida. Queda una tercera posibilidad: el descontrol político es total y las decisiones -casi todas- las toman directamente cuatro especuladores que se ciscan en la democracia en su pelea por llevarse los últimos despojos del gran festín asturiano.

No se cuál de los tres escenarios es peor para la estabilidad y el futuro inmediato de esta tierra.

Las palabras de Morala en este discurso tienen más importancia de lo que parece

Firmado: Juan Vega