Hambre de cuerpo y alma, de Eugenia Rico en El Mundo de Madrid
AQUI NO HAY PLAYA
Un terremoto ha sacudido Madrid y no se trata del que ha juzgado los gramos que pesa el alma de una modelo. Hasta el Concilio de Trento, las mujeres no tenían alma y allí se decidió que la tenían, aunque por un solo voto. Ahora que las mujeres tienen alma tienen que demostrar que tienen cuerpo. Como las modelos de Cibeles, que están demostrando día a día cuántos gramos pesa el alma antes de dejar el cuerpo. Les han hecho una inspección de trabajo a ver si comen galletitas o si han venido directamente de la hambruna de Sudán. El hambre es el patrimonio de los muy pobres y de los muy ricos.
Para las modelos y las anoréxicas el hambre es su manera de demostrar que son superiores a los demás, a los que comen, a los que siguen pegados a la materia. El hambre es la demostración del alma. Para los pobres que vagan por los campos de refugiados el hambre es lo que les hace matar a sus padres, vender a sus hijos: lo que les priva de alma. Para las modelos el hambre es el arma. Ellas no son modelos de pintores de ARCO. Las modelos antes posaban para los artistas y ahora posan para todos. Nos hacen sentir su superioridad privándose de lo que todos tenemos. Aquello de lo que carecen es su orgullo. Tienen la soberbia de no tener: no tener curvas, no tener hambre, que es peor que la soberbia de exhibir. En eso se parecen a muchos políticos que se pavonean de no tener sentido del ridículo, de no tener sentido común. Piensan que eso debería bastar para obligarnos a votarles por habernos salvado a nosotros mismos de ser como ellos. Algunas modelos de Cibeles podrían ser estatuas vivientes de ARCO. Pero, igual que la huelga de hambre de De Juana Chaos, no tienen nada que ver con Gandhi.
Gandhi ayunaba contra la violencia y el terror sólo ayuna por hambre. Hambre de ideas nuevas y salvadoras, hambre de cosas distintas. Hambre de políticos con mensaje y campañas electorales que sean más cortas y menos inútiles. Hambre de un Madrid distinto que pueda comerse el mundo. Llegó el día de los enamorados, aunque el amor es el vicio de querer a quien no te quiere, del que todos nos estamos quitando. Miles de madrileños tuvieron ese día hambre de besos porque nada acrecienta tanto el hambre de amor como sentir que se te vende por todas partes. En el día de los enamorados sentimos la falta de amor, y en Arco sentimos la falta de horizontes nuevos en los caminos trillados de los millones y las galerías. El hambre nos hace sentir vivos. El hambre de verdad nos hace leer periódicos y nos hace cerrar los ojos en el juicio del 11-M. El hambre del alma es peor que la del cuerpo. Pero sin hambre el cuerpo no puede tener alma. Al final todos seremos lo mismo: nada, pero lo que nos hará distintos será el hambre.
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