TRANSBORDO, MONCLOA
La situación política es ésta: con todas las cámaras y luces enfocadas al juicio del 11-M, Zapatero encuentra por primera vez un clima de sosiego para gobernar. No siente el agobio de verse vigilado en cada uno de sus actos. Si se hubiera retirado a Doñana después de prometer el liderazgo mundial de la alta velocidad, nadie se habría enterado. Todo su público habitual está analizando cómo empezó el juicio, los silencios y negaciones de los implicados y el débil fundamento de las acusaciones que hemos visto hasta hoy. Y por cierto: el resultado provisional de estos dos días no favorece las tesis del instructor y alimenta las esperanzas de la teoría de la conspiración. Cada no que suena en la vista es una alegría para quienes se han dedicado a descalificar el trabajo de la policía, del juez Del Olmo y de la fiscal Olga Sánchez.
Ignoro el tiempo que el juicio conseguirá concentrar tanta atención. Sea el que sea, es un periodo de calma insólito en el palacio de la Moncloa. Zapatero dispone de un excepcional ambiente de discreción para repensar su estrategia. Una estrategia que, por el momento, ha dejado tres indicadores. El primero, que enfoca los doce meses finales de la legislatura con el mismo equipo de gobierno, para desconsuelo de quienes suspenden a sus ministros en las encuestas. El segundo, que ha lanzado a sus equipos a pregonar las excelencias de la situación económica, que es lo primero que dice cualquiera de sus portavoces ante un micrófono. Yel tercero, que va a endurecer todavía más su relación con la oposición política, como se desprende de las palabras del nuevo ministro de Justicia.
¿Aprovechará Zapatero este clima de discreción para relanzar su ambición de "luchar por la paz", como dice en cada intervención? Si quiere volver a auscultar a los otros terroristas, los de ETA, lo puede hacer: ésta es la "penumbra" que un día invocó el obispo Blázquez. Si se quiere hablar, éste es el momento, quizá el único, en que no habrá un "proceso retransmitido". Pero no hay la menor pista de que se esté haciendo: el Gobierno lo niega, por vergüenza torera después del atentado de Barajas. La oposición lo sospecha, pero no tiene ninguna prueba. Lo único seguro es que la Moncloa no rechaza la idea de hablar. Si la rechazara, habría vuelto al pacto antiterrorista con el Partido Popular.
Y en ésas, aparece Arnaldo Otegi y anuncia la presencia de Batasuna en las elecciones locales de mayo. Y no lo hace con disimulo, sino prometiendo "una gran marca electoral" que hasta el momento se identifica como "izquierda abertzale". Es decir, que quizá presenten "listas blancas", pero a rostro descubierto y con plena identificación. ¿Sin nada a cambio? ¿Sin un mínimo gesto de rechazo de la violencia? ¿Sin someterse a la ley de Partidos? ¿Sin esperar a que esa ley sea cambiada? Esas son las reflexiones que debe hacer Zapatero en este periodo de penumbra. Quizá, los asuntos que alguien debe negociar en Euskadi en su nombre. Si Batasuna está en las urnas de mayo en las condiciones actuales, se producirá tal quiebra del principio de legalidad y de autoridad, que puede significar el descrédito final del presidente. Yel tiempo se agota. Apenas queda arena en el reloj.
Derribo
"De momento, ya ha perdido su credibilidad". Ése es el balance de la operación derribo de Zapatero que plantea el PP. Hace semanas anunciamos aquí esa estrategia de acoso. No se trata sólo de combatir sus ideas o su obra de gobierno. Se trata de un asedio en toda regla para destruirlo como líder, a sabiendas de que es el gran valor electoral socialista. El balance del PP es optimista: se consigue el objetivo. La pérdida de credibilidad es el éxito inicial.
Alianzas
La maquinaria del PP echa humo haciendo cuentas de previsiones electorales. No descartan, para nada, la idea de ganar. Pero, para gobernar, necesitan socios. La novedad de la semana es la generosa oferta de formar gobierno con nacionalistas. ¡Sorpresa! Unas horas antes de ese ofrecimiento habían proclamado: "La soledad es nuestra fortaleza". Ya ven ustedes: la necesidad es la fuente de la virtud.
Los padres
No es que la ministra Salgado sea intratable. No es que lleve una pequeña dictadora dentro. Tampoco es que le guste hacer difícil la vida de los españoles con su ley contra el alcohol. Es que el Gobierno tiene estudios de opinión, y dicen que la gran mayoría de los padres -en torno al 90%, se dice pronto- están dispuestos a aplaudir la máxima dureza en la prohibición de alcohol a sus hijos. Y encomiendan al Gobierno esa misión.

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