Lo que empieza mal suele terminar peor. El Estatut acabará su periplo laminado por un Constitucional sin ningún tipo de autoridad moral y convertido en una especie de Gran Hermano donde unos y otros se pelean hasta ser expulsados de la Casa. El PSOE y el PP acabarán encontrando alguna solución al problema que quizás debería pasar por la dimisión de todos sus miembros, después de conocerse los insultos que se profirieron en una de las últimas reuniones. Bien harían Zapatero y Rajoy en olvidarse de sus consejeros áulicos y cerrar un acuerdo para devolver la dignidad a esta institución.
Lo que parece claro es que con pacto o sin pacto entre los dos grandes partidos, el que va a resultar gran trasquilado de toda esta operación es el pobre Estatut. No hará falta declararlo inconstitucional y devolverlo para casa. Bastará con podar unos cuántos artículos y fijar una filosofía favorable a las tesis del Gobierno en todos aquellos temas que la ambigüedad de su redacción dejaba abiertos a toda clase de interpretaciones.
¡Qué final! Tenía toda la razón del mundo Jordi Pujol cuando decía que no hacía falta reformar el Estatut. Se embarcó a la ciudadanía en una aventura que despertó los más bajos instintos en muchos rincones de España, alentados por un PP tocado por el 11-M. Muchos lo dijeron - dijimos- entonces. Quizás no es el mejor momento para hacer una reforma de este tipo. Se pactó un Estatut de máximos que llenó de orgullo a la mayoría de catalanes, pero fue un espejismo que duró muy poco. El texto pasó el cepillo del Congreso y fue apoyado sin entusiasmo por una ligera mayoría de ciudadanos. Ahora, el Constitucional le acabará de dar la extremaunción. En este contexto, Zapatero ha emprendido una directa campaña de recuperación de una serie de competencias que estaban en manos de la Generalitat e imposición de otras nuevas. La tercera hora de castellano es el mejor ejemplo, pero ahí están la ley de Dependencia, la ley de Adopciones o el intento del ministro Sevilla de armonizar la relación entre las autonomías y el Gobierno.
¿Qué armas tiene Catalunya contra todo esto? Un president que llega justo con la voluntad de no enfrentarse cada día con Madrid; una Esquerra amordazada en el poder disfrutando del coche oficial; una CiU desorientada en la oposición que sólo sabe hacer agit-prop y pierde toda legitimidad; una sociedad civil que carece de un liderazgo intelectual potente que marque una línea coherente; una clase empresarial que se limita a crecer y ganar dinero, y que en todo caso sufre las consecuencias de la catástrofe política - opa de Gas Natural, crisis del cava-...
La conclusión será que habrá que buscar la felicidad en otro tema. Las universidades catalanas tienen un porcentaje altísimo de estudiantes que ganan los premios más importantes europeos. En el campo de la investigación y la medicina, la proyección de Barcelona es cada vez mayor. De la misma manera, igual que Catalunya atrae cada día más turismo de primer nivel, es significativa la presencia de grandes empresas interesadas en invertir en el principado. Quizás lo que toca es que seamos modernos, enterremos el hecho diferencial y huyamos de victimismos. Esperemos tiempos mejores.
Brindis por un cargo La escena se vivió en un selecto restaurante de Madrid. Un grupo de amigos brinda con cava por el próximo nombramiento de uno de ellos como secretario de Estado. La alegría embarga a los comensales. La designación parece clara. Nada que objetar si no fuera porque el futuro secretario de Estado es un dirigente de Unió, muy cercano a Duran. ¿Tan claro tienen los dirigentes de Unió que llegarán al Gobierno?
ERC empieza a inquietarse Montilla ha descubierto esta semana cómo la pax olímpica con la que quiere dirigir el Govern no será tan fácil. Carod, el lunes, y Puigcercós, el jueves, le plantearon abiertamente al president que si no reaccionaba de forma clara ante la ofensiva centralizadora del Gobierno, el tripartito bis tendría problemas. "Dejad que lo arregle a mi manera", respondió Montilla. Por si acaso, Carod ha vuelto a sacar del armario el discurso independentista.
Campaña contra Nebrera Como todos los fichajes que se cuelan finalmente en una lista electoral, la inclusión de Montserrat Nebrera en la lista de Piqué disgustó a muchos dirigentes del PP. Desde el primer día no le dejan pasar una y existe toda una campaña para provocar su deserción. Claro, Nebrera tampoco ayuda nada porque en ocasiones -como esta semana al felicitarse de la grieta que los jueces han abierto en el Estatut- actúa más como tertuliana que como política.

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