Hace una semana, en sábado, hacia última hora de la tarde, pasé por rambla Catalunya y paseo de Gràcia, a la altura de València y Mallorca. Había estado leyendo un montón de estudios económicos que pronosticaban que el 2007 sería un buen año, pero es que allí se notaba que lo estaba siendo. Las tiendas estaban a tope. El aire olía a tarjeta de crédito quemada de la cantidad que debían de estar pasando en las tiendas y la velocidad con que se hacía para reducir las colas en la caja. Las mujeres van a pisar fuerte en el 2007, porque se estaban comprando miles de botas. Yo si fuese con botas cedería mucho menos. Hacía ilusión ver aquella densidad de tráfico. La gente con sus todoterrenos enormes buscando dónde dejarlos. Los coches son riqueza. Se pueden llenar de bolsas conteniendo comida, vestidos, botas, hasta muebles vi meter. Además, de ellos viven los concesionarios, los talleres, los que venden recambios o seguros, las financieras, las gasolineras y hasta los que colocan radares. Hay por ahí alguna zona peatonal que ha arruinado a sus tiendas. La mayoría de la gente con poder adquisitivo o capacidad de quemar tarjeta de crédito no suele ir en bicicleta. Pensé en aquellos alcaldes que tuvo Barcelona que se atrevieron a poner unos parkings fabulosos debajo del paseo de Gràcia, de plaza Catalunya, de plaza Bonanova, de Pau Casals. ¡Qué visión tuvieron! ¡Qué riqueza pusieron en el subsuelo de Barcelona! Seguramente tendremos que esperar al 2020 para que volvamos a preocuparnos de enriquecer Barcelona con estos activos. Hoy pensamos en términos de bicicleta, como en la China de Mao.
Pero es que hasta las farmacias estaban llenas. Seguramente era gente comprándose vitaminas para no perder ninguna oportunidad en el 2007. Mientras, en Madrid, los ministros rivalizan en intentar cargarse sectores. Uno se carga el agua anunciando la expropiación de manantiales con conceptos bolivianos que no recuerdo haber leído nunca en la revista de Harvard. Otra no quiere ser menos e intenta cargarse el sector del vino. Tú el agua, pues yo el vino. Si yo fuese panadero, empezaría a temblar, agua, vino, ¿pan? Ya les decía la semana pasada que también hacen lo que pueden por machacar al sector farmacéutico y empiezan a estudiar cómo cargarse el automóvil. Y sólo nos faltaba Al Gore contaminando nuestro ecosistema con su avión. La conservación del entorno sólo se debe predicar viajando en vuelo regular y clase económica, que es la forma menos contaminante de viajar. Si Gore enseña inglés a nuestro presidente, aún, pero me temo que estas clases saldrán caras a sufridos accionistas de alguna empresa que las apuntará en la cuenta de responsabilidad social corporativa.
Pero es que si sales de las tiendas de rambla Catalunya y te vas a Madrid y pasas de los botiguers a las grandes multinacionales españolas, de las que tuve que ver a un par de presidentes el miércoles, las cosas también se ven fenomenalmente allá en las alturas. Nada toca fondo. Hay montones de proyectos en cartera. Es como si todo estuviese por hacer. Y los que ya se han atrevido a pisar fuerte por el mundo, incluso sin ir con botas, ven un mundo lleno de oportunidades para el saber hacer, el saber financiar o el saber dirigir español. Este es el año. No se lo dejen escapar. En el 2007 les puede crecer el Ebitda más de lo que imaginan (beneficios antes de intereses, impuestos, depreciaciones y amortizaciones, o sea, vaya usted a saber, pero es lo que se usa para valorar empresas). Vayan mirándose el Ebitda cada mañana y verán cómo les crece a pesar de nuestros gobernantes. Eso sí, recen para que alguien convenza a Blair de que convenza a Bush de que no se le ocurra atacar Irán para ayudar a sus amiguetes que viven de las guerras. Esto sí que lo estropearía todo.

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