LA TERRAZA

Mi crónica "Del Ikea al Ateneu" (28/ 1/ 2007) sigue provocando agradables sorpresas. Primero fue la inmediata devolución de la cabeza de mi padre por parte del Teatre Nacional de Catalunya, la cual me apresuré a llevar al bar del Ateneu (dentro de un par de semanas la entronizamos, según me dice el filólogo Garolera), y esta semana he recibido una amable carta, fechada el lunes día 5, del señor Daniel Martínez de Obregón, presidente del Grupo Focus, que dice así: "Benvolgut Sr. de Sagarra: Després de llegir el seu encertat article del passat diumenge 28 de gener, titulat ´Del Ikea al Ateneu´, vull manifestar-li que, com a teatre Romea, hem sol · licitat a l´Ajuntament de Barcelona permís per tutelar (restauració i manteniment) l´estàtua dedicada a l´actriu Margarida Xirgu, situada a la plaça Canonge Colom. En aquest moment estem en converses amb l´Ajuntament per procedir al condicionament de l´indret i l´estàtua, amb la pretensió d´aprofitar el proper dia mundial del Teatre per organitzar un acte públic que restitueixi la dignitat al record ciutadà dedicat a l´actriu. D´aquest acte tindrà complida notícia i invitació per a la seva asistència. Agraïm el seu article que ha originat l´assumpció d´aquesta responsabilitat per part del teatre Romea. El saluda cordialment...".

Muchas gracias, señor Martínez de Obregón, por tan noble iniciativa. Dios se lo premiará, aunque mucho me temo que con responsabilizarse de la restauración y mantenimiento de la estatua, lo cual no es poco, no bastará. Es preciso establecer una mayor vigilancia. En mi crónica de hace un par de domingos, la que motivó el generoso y encomiable gesto de don Daniel, les hablaba de la mierda de las palomas que ensucia la estatua de la Xirgu, de la irresistible afición de ciertos ciclistas por aparcar en ella sus bicicletas y del inevitable negrata del top manta que despliega su sábana sobre la inscripción al pie de la estatua para mostrar su mercancía. Pues bien, hoy voy a narrarles otra escena, entre esperpéntica y surrealista, que presencié el miércoles -el mismo día que recibí la carta de don Daniel- en la plaza Canonge Colom, alrededor de las cinco de la tarde.

Regresaba de almorzar en Casa Leopoldo, como tengo por costumbre cada miércoles, con un grupo de amigos, compañeros periodistas, cuando al pasar por la calle Hospital vimos a un tipo, desnudo de cintura para arriba, que gritaba y agitaba los brazos justo enfrente de la estatua de la Xirgu. Dado que el autor de dicha estatua es el prestigioso escultor Eudald Serra, introductor de la escultura oriental en la Catalunya de los treinta, como gentilmente nos informó el señor Fontbona en carta a este diario, seme ocurrió pensar que se trataba de un oriental que, confundiendo la estatua de la gran actriz con la de una diosa vietnamita, estaba entonando una prédica. Pero, de repente, el tipo se dio la vuelta y vi que no tenía nada de oriental: el tipo estaba simplemente borracho, como una cuba. Al poco, avisados supongo por algún vecino, empezaron a llegar los miembros de la Guardia Urbana. Primero uno, luego dos, hasta cinco. Hubo un momento en que en la diminuta plaza del Canonge Colom había el borracho, los cinco guardias, una camioneta de BCNeta que se había detenido a contemplar el espectáculo, una ciclista que sin bajar de la bicicleta se había subido a la acera y estaba besando a un chico que se tomaba una cerveza en una de las mesas que hay en la terracita de la plaza, y un perro que visiblemente excitado por aquel improvisado jolgorio se había puesto a mear al pie de la estatua. Y en aquel preciso instante apareció el actor Carles Canut, presidente de la Fundació Romea, que ajeno al espectáculo cruzó la plaza mientras hablaba por el móvil, camino del teatro. Ése fue el momento en que uno de nosotros sacó una cámara para inmortalizar la escena. Pero se encontró con uno de los guardias que le dijo que a los guardias no se les puede fotografiar, que conoce bien sus derechos y que por si ello fuera poco "soy - dijo- licenciado en publicidad". Entonces el fotógrafo le dijo que no pretendía fotografiarle a él sino al actor Canut cruzando la plaza entre el borracho y la estatua. A lo que el guardia le respondió: "Yo también soy del Espanyol". El fotógrafo sonrió y le lanzó un "¡Viva Tamudo!". Y nos marchamos. No me negarán que la escena resulta de lo más surrealista. Y más con la calle Hospital llena de camellos. No, no me refiero a los vendedores de drogas, sino a los camellos de los Reyes Magos, a las luces que siguen ahí desde Navidad. Me pregunto si todavía los iluminan al llegar la noche.Al día siguiente, el jueves, me fui a la librería La Central del Raval a la presentación del libro Ciudad propia,un volumen de 300 páginas que contiene la poesía autorizada de Francisco Ferrer Lerín, editado por Artemisa Ediciones, y que se vende al precio de 18 euros. Presentaban el libro Félix de Azúa, Carlos Jiménez Arribas, responsable de la edición y del prólogo, y Javier Ozón Górriz, autor de la nota biográfica. Ferrer Lerín también estaba presente. En su libro Bartleby y compañía,mi primo Enrique Vila-Matas le dedica unas líneas y dice de él que es un "buitrólogo". Hablando del poeta Ferrer Lerín, Enrique escribe: "Al parecer, de no haberse ido tan pronto de Barcelona, habría sido incluido en la antología de los Novísimos de Castellet. Pero se fue a Jaca, donde vive desde hace treinta años dedicado al minucioso estudio de los buitres. Es, pues, un buitrólogo". Enrique incluye a Ferrer Lerín en la larga lista de los escritores que un buen día optaron por dejar de escribir. Pero parece ser que ése no es el caso de Ferrer Lerín, que ha seguido escribiendo poesías, en verso y en prosa, poemas hasta hoy inéditos y que se recogen en Ciudad propia,lo cual le hace concluir su prólogo a Jiménez Arribas con estas palabras: "Hoy, con Ciudad propia,el pájaro de nuevo anuncia su presencia entre los árboles".

Los presentadores se referían a Ferrer Lerín llamándole Paco, y allí, en el sótano de La Central, estaba Paco ante un público más devoto que otra cosa, escuchando atento y elegante cómo Félix le comparaba con el lince de Doñana y Jiménez Arribas desgranaba el rosario en busca del calificativo adecuado. ¿Un poeta de leyenda, un poeta singular, un poeta raro? Al final, Jiménez Arribas dio con él: "Un poeta irrepetible", dijo. De ese poeta, al que yo conocía más como "buitrólogo" que como poeta, me había hablado Félix en Nápoles y, precisamente, como de un poeta de leyenda. Ahora, gracias a Jiménez Arribas y a Javier Ozón ya sé más cosas de él. Sé, por ejemplo, que estudió en mi colegio, en los jesuitas de Sarrià, "de donde fue despedido por su escasa propensión a las prácticas piadosas", y sé que, en los sesenta, su escritura era una escritura "no asimilable, lo que - escribe Jiménez Arribas- podría explicar su no comparecencia en la cocktail party, con pick-up incluido, de Nueve novísimos:aquella antología - todo un cambio de chaqueta- que con cierta confusión teórica, gran pompa y circunstancia, no tanta miga poética, oficiara Castellet en 1970". (Excelente y acertadísima descripción y valoración del fenómeno, la que hace Jiménez Arribas.)

Me pasé la noche del jueves zampándome esa poesía autorizada de Ferrer Lerín. ¡Qué gozada! Me la pasé en compañía de Bárbara Blomberg, en el castillo de Montearagón, la noche en que conoció a Drácula; de Pepé le Moko convertido en cuervo, viendo como un perrazo olisquea el cadáver medio devorado por las ratas de la pobre Fréhel, y de Emma Moury, la que llevaba "plomo en las nalgas"... Hacía tiempo que no disfrutaba tanto con unos poemas. Me los zampé con una botella de Bushmills y unos robustos de Hoyo de Monterrey. Fue una noche estupenda, sí señor.

Leo en La Vanguardia que han cerrado el bar Mas i Mas, en la calle Marià Cubí. "Un portavoz del distrito de Sarrià-Sant Gervasi aseguró ayer a este diario que la medición de sonometría llevada a cabo en el establecimiento tras las ´reiteradas´ denuncias vecinales sobrepasó en 10 puntos el nivel sonoro permitido". Al Mas i Mas iba yo con Ramon Barnils y Quim Monzó. Allí dimos María Jesús de Elda y un servidor una copa a los amigos cuando nos casamos. Barra libre. ¿Cuál será el próximo?

P. S.

Xavier Febrés me ha hecho llegar su último libro, Alguns rastres marcats a la neu (La Magrana), que he empezado a leer con curiosidad y placer, como con todo lo suyo. En la página 93, Xavier habla de mi entrañable amigo el filósofo Joan Borrell y dice que su muerte "va ser notícia a Le Monde i no va a ser-ho a cap diari català". No es cierto. La Vanguardia publicó un espléndido artículo, "Un teòric de la revolta", el 28 de abril de 1992, en su sección de Cultura, firmado por Joan Tarrida y Joaquim Sala-Sanahuja.