Han transcurrido treinta años desde la muerte del doctor Trueta en su recuperada residencia de la rambla Catalunya, después de un forzado exilio en el que se distinguió, como pocos hombres de ciencias europeos, en una noble y arriesgada defensa de las libertades y de los principios de la civilización occidental. Un combate que libró salvando vidas, al pie de las mesas de operación. Primero en Barcelona durante la Guerra Civil, luego en los hospitales de Londres cuyo funcionamiento coordinó ante la dramática batalla aérea en el cielo de la capital británica, a la que aportó su revolucionario método de curación de heridas.
Antes incluso de llegar la hora de la paz, con la victoria de los ejércitos del Gobierno de Churchill y de sus aliados, Trueta ocupó la cátedra Nuffield, en Oxford, de cirugía ortopédica, donde impartió enseñanzas a sucesivas promociones de especialistas de todo el orbe. Británicos, franceses y canadienses le premiaron con altas distinciones. Fiel a su voluntad de volver un día a su tierra, este gran catalán renunció sin embargo a unos tentadores ofrecimientos: un escaño en la Cámara de los Lores, con título de baronía, y en Mónaco la dirección de un moderno hospital y de un centro de investigaciones científicas.
Todo lo reservó para su regreso definitivo a Barcelona. Su ilusión era la de recuperar su condición de ciudadano de una Catalunya libre, dentro del marco de una España democrática y plural. "Yo conocí los horrores de la guerra en los quirófanos y no quiero que mis nietos pasen por iguales trances", le dijo un día a don Juan de Borbón en Estoril. El conde de Barcelona aseguró por su lado que su reivindicada monarquía habría de ser la de un rey de todos los españoles. Entre ambos establecieron un pacto de caballeros a favor de la reconciliación de los pueblos de España. Trueta contribuía no sólo con su reconocida sabiduría que le había conducido a la presidencia de la sociedad internacional de cirujanos ortopédicos. También con la difusión de un libro de historia explicando el origen y personalidad de la patria catalana. La primera versión en inglés de The spirit of Catalonia fue a parar a manos de algunos de los más ilustres gobernantes anglosajones. Ya infinidad de colegas de muy distintas nacionalidades, aumentando el número de lectores entre exiliados y otros cultos personajes iberoamericanos.
En este año de la Ciencia, cuando Manuel Castells, Mas Cullell y otras indiscutibles autoridades académicas piden que Catalunya sepa mirar al futuro, es bueno recordar el legado de Trueta y de muchos otros maestros de un glorioso ayer de la ciencia médica de este país, reflejado en las memorias del admirable doctor Moisés Broggi. Una luminosa generación que ha inspirado sin duda a que las actuales eminencias hayan logrado volver a colocar esta humana y noble rama de las ciencias médicas de Catalunya entre las primeras del mundo. El mejor ejemplo de cómo seguir adelante.

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