RELEVO EN EL EJECUTIVO
Zapatero nombra ministro a un fiscal duro para capear la tormenta judicial
Cuando van mal dadas, la primera obligación de la política es pegarse al terreno. Adaptarse a la orografía de las dificultades es lo que hizo ayer por la tarde el presidente del Gobierno al difundir que el próximo ministro de Justicia será un fiscal; un fiscal de perfil duro, un acreditado fajador: Mariano Fernández Bermejo, pesadilla del Partido Popular en Madrid cuando tuvo en sus manos la jefatura del ministerio público en la más central de las autonomías.
El señor Fernández Bermejo sustituye a Juan Fernando López Aguilar, el ministro más locuaz del Gabinete Zapatero, que regresa a Canarias con la ardua tarea de conquistar la presidencia insular en los comicios regionales del próximo mes de mayo. El archipiélago canario es un lugar políticamente espeso.
Hábil dibujante, simpático caricaturista y poseedor de una oratoria oceánica y melodiosa, el profesor López Aguilar abandona el Ministerio de Justicia con todas las alarmas encendidas en el viejo caserón de la calle de San Bernardo: hay revuelo de togas. De una manera totalmente descarnada, la judicatura vuelve a estar en el centro del tablero político, como en los peores años de la estrategia de la tensión; como en el trienio 1993-1996.
En el breve plazo de quinces días, tres acontecimientos han subrayado ante la opinión pública que un sector del Poder Judicial, como las torres en el juego del ajedrez, se apresta a tener un papel decisivo en el tramo final de la legislatura. Contrariando el parecer de la Fiscalia General del Estado, la Audiencia Nacional decidió la semana pasada mantener en régimen de prisión al militante de ETA Iñaki de Juana Chaos, en avanzada huelga de hambre. Días después, el Tribunal Superior de Justicia del País Vasco llamaba a declarar al lehendakari Juan José Ibarretxe por haberse entrevistado con el líder de Batasuna, Arnaldo Otegi: era la primera vez que un presidente de comunidad autónoma entraba en un juzgado para ser interrogado. Y apenas amainada la tormenta en Bilbao, en reñida votación, el Tribunal Constitucional aprobaba el martes la recusación de uno de sus miembros, dejando el Estatut de Catalunya al borde del precipicio.
Horas antes de que la Audiencia Nacional decidiese, por amplía mayoría, dejar a De Juana al albur de la alimentación forzosa, el ministro López Aguilar estaba convencido de que los jueces serían más clemente con el preso: así lo difundieron algunos de sus colaboradores y así le consta a este diario. Mejor informado sobre los avatares internos del Tribunal Constitucional, poco pudo hacer para evitar una bronca deliberación que ha dejado las vísceras del Alto Tribunal muy expuestas.
Difíciles, por tanto, son las tareas que aguardan al señor Fernández Bermejo. Su perfil parece mejor adaptado a los rigores del combate que el de otros candidatos. Por ejemplo, el portavoz del grupo parlamentario socialista, Diego López Garrido, cuyo nombre ha sonado con insistencia. O Carme Chacón, vicepresidenta primera del Congreso y futura cabeza de lista del PSC por Barcelona en las elecciones generales, cuyo ascenso al Gabinete se consideraba posible. Otro dato que subrayar: un solo cambio, el imprescindible. Sale Aguilar y entra Bermejo. El presidente Zapatero, laico confeso, parece haber escuchado a san Ignacio de Loyola: en tiempo de turbación, poca mudanza.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados