El pasado domingo 7 de enero, la agencia Colpisa, mayoritariamente perteneciente al Grupo Vocento, daba una noticia profundamente molesta para uno de los más influyentes sectores de la economía española, el eléctrico, que resultaba prudentemente acallada en la mayoría de los medios de comunicación españoles, y que por supuesto fue casi totalmente silenciada en Asturias, dada la tremenda y creciente dependencia que el Principado tiene de esas compañías que inspiran y parecen dirigir buena parte de las decisiones inversoras del Gobierno PSOE-IU en la comunidad autónoma.

Hemos bautizado aquí como el Plan del Gas, la extraña idea de construir una regasificadora en Gijón -que viene a unirse a la desmedida proliferación de baterías de molinos eólicos- y el anuncio de un descontrolado número de ciclos combinados de generación de energía eléctrica a partir del gas natural, que vendrán a incrementar de manera exponencial la capacidad instalada existente en nuestra comunidad, que ya es en estos momentos ampliamente excedentaria en su producción, gracias al parque termoeléctrico más contaminante de España.

Decía la noticia de Colpisa algo que fue muy bien recibido por la ciudadanía, que cada vez goza de una mayor conciencia de los peligros cotidianos y reales que tiene para el entorno inmediato, y para el futuro de la humanidad, la emisión incontrolada a la atmósfera de unos gases que se libran al aire, con y sin Protocolo de Kyoto, pues parece que tal protocolo ha servido para crear un gran negocio de tráfico de derechos de emisiones que para neutralizar de una manera real este problema que algunos pintan con pinceladas de estremecedora capacidad expresiva.

Según el despacho que citamos de la agencia Colpisa, publicado por periódicos como El Correo –en Asturias sólo La Voz se hizo eco de tan importante información-, El Gobierno está decidido a enmendar los, a su juicio, desorganizados planes de inversión en infraestructuras de generación eléctrica del país. Su gran objetivo es dotarlos de un mayor equilibrio territorial y para lograrlo prepara una regulación que incorporará «incentivos o desincentivos zonales» para las nuevas instalaciones de producción. El departamento que dirige Joan Clos estima que el actual modelo no garantiza un reparto equitativo de las inversiones según las necesidades de cada región. Ello podría provocar que se incrementasen las diferencias territoriales y que en las zonas menos desarrolladas se disparase el riesgo de sufrir apagones.

Tal parece que Asturias no está en el país, o que dentro del mapa de la Nación de Naciones que está diseñando el gobierno liderado por el jefe del señor Clos, José Luis Rodríguez Zapatero, hay excepciones a la regla, y Asturias será una especie de puerto franco energético que va a quedar exceptuado de estas medidas, pues a pesar de las informaciones divulgadas por esa agencia hace ahora un mes, el gobierno de Asturias pretende triplicar la producción energética asturiana, única razón que hace necesaria la instalación de esa peligrosísima planta transformadora y de almacenamiento de Gas Natural Licuado, que por sus enormes riesgos, en los países civilizados, sólo se permite su construcción mar adentro, mientras que aquí se ubicará a tan sólo dos kilómetros de unos barrios extraordinariamente populosos.

A partir del momento en que se conoció la intención del Ministerio de Industria de poner en marcha una política tan plausible y racional, el Gobierno asturiano ha desarrollado una impresionante campaña para silenciar por todos los medios esa información y las lógicas reacciones de alegría de los ecologistas y los ciudadanos más concienciados con los peligros –que el Gobierno PSOE-IU oculta celosamente- que entrañan estos planes, pero es en esta semana de febrero, cuando las maquinaciones alrededor de la visita del Ministro Joan Clos han alcanzado su cara más desconcertante, gracias en buena medida a la feroz censura que impone el autoritarismo del régimen de Vicente Álvarez Areces y Jesús Iglesias (jefe de IU en esta coalición afianzada sobre pactos de hormigón y gas), mediante el mercenariado informativo creado con el reparto arbitrario y corrupto de licencias de televisión y sumas incontroladas de dinero que el gobierno oculta a la oposición y al Parlamento.

O bien ningún periodista le preguntó nada a Joan Clos sobre la razón por la que el Principado se queda fuera de su política energética, o bien, si la pregunta se formuló, ningún medio dio a conocer la respuesta. El caso es que tanto el gobierno, como sus agitadores sociales, en este caso la dirección regional de la UGT, dedicaron estos días a decir por activa y por pasiva que el Ministro apoya sus deleznables planes para vender por parcelas el Paraíso Natural a las eléctricas, llenando el territorio de peligrosísimas, enormes y antiestéticas torres para el transporte al exterior de la comunidad, de la impresionante cantidad de energía que va a sobrar en los próximos años, en una industria que apenas si creará en su conjunto más empleo que un centro comercial.

Pero la cosa no paró ahí. El lunes día cinco Vicente Álvarez Areces se retrataba en Gijón con Clos en las instalaciones de la Autoridad Portuaria de Gijón, ante la plana mayor de la Duro Felguera, empresa que fue adquirida a base de importantísimas aportaciones financieras de Cajastur, y allí estaba la plana mayor del conglomerado Cajastur-HC Energía, representado por el bipresidente Manuel Menéndez, el director general Felipe Fernández y el hombre público de HC Nicanor Fernández, que constituyen un grupo que en su día tuvo denominación de origen en el PSOE, en el que era conocido como el Lobby del Carajito, hoy claramente atrapado en la telaraña del gobierno PSOE-IU, por la enorme debilidad que se ha ganado, gracias a sus injustificables y desmadrados conflictos laborales, trufados de despidos y represalias contra sus trabajadores.

Esa reunión fue un claro mensaje para las cúpulas de las empresas que esperan beneficiarse del impresionante pelotazo directo que suponen los más de quinientos mil millones de las antiguas pesetas de inversión –sin contar con las operaciones de bolsa que hay detrás- financiera garantizada por el Estado, por el carácter estancado e intervenido de estos negocios eléctricos, que sólo se pueden desarrollar con esta falta de control, en territorios en los que no importan ni las enfermedades derivadas de la alta tensión, ni los riesgos de explosión de regasificadoras instaladas en las ciudades, ni las emanaciones masivas de sustancias nocivas que hacen que Gijón y Avilés compitan ya hoy en día por el dudoso honor de ser las ciudades más contaminadas de la Península Ibérica y de toda la Europa desarrollada.

Pues bien, ese mismo día, en el que el Ministro que anuncia planes para racionalizar y repartir entre los españoles las consecuencias negativas de la generación eléctrica, se prestaba a la gran foto de familia con los grandes beneficiarios del escape libre de CO2 en Asturias, la Fundación Príncipe de Asturias daba a conocer la candidatura del demócrata Al Gore al Premio de Cooperación, en cuyo jurado se encuentra nada menos que la presidenta de la Junta General del Principado María Jesús Álvarez -el Parlamento en el que estas cosas no se debaten- o la consejera de Vivienda Laura González, que protagonizó hace pocos años una intensa lucha en el Parlamento Europeo contra la regasificadora de Reganosa en El Ferrol, y que todavía no ha dicho ni palabra sobre la de Gijón.

Esto es totalmente insoportable para todo aquel que conserve un mínimo respeto por su propia inteligencia. Que el mismo día se anuncie, a la vez, que el gobierno PSOE-IU de Asturias proclama, con la complacencia del ministro, que se pasa por el arco de triunfo la política energética del gobierno central y que en esa comunidad llamada a su destrucción medioambiental, se concede el Premio Príncipe de Cooperación al protagonista de Una Verdad Incómoda, la película más impactante que se haya hecho jamás sobre el cambio climático y sus efectos, en lo que es un auténtico alegato contra la política medioambiental de los republicanos de George W. Bush, es una tomadura de pelo sin precedentes, y eso que pelos nos quedan ya muy pocos.

Pero es que encima, el martes, al día siguiente de saberse lo suyo en Asturias -y sin plazo por lo tanto para dejar dudas sobre la planificación de la operación-, Al Gore se hacía una foto en La Moncloa con el presidente Jose Luis Rodríguez Zapatero, gran impulsor de la política energética que destroza el Principado, para declarar juntos que Bush es muy malo y contamina mucho y que “el cambio climático es el reto más grande que tiene la humanidad”, y el miércoles, esta apretada y descarada secuencia –anuncio de la candidatura al premio y visita a Zapatero- se completó con la ministra del ramo ecológico, Cristina Narbona, para analizar “las principales iniciativas que España ha puesto en marcha para combatir el cambio climático”.

¿Seguiremos dejando que nos tomen el pelo e insulten nuestra inteligencia de esta manera? ¿Nadie se va a poner en contacto con Al Gore para contarle el impresionante papelón que va a hacer viniendo a recoger tal premio a la comunidad más abusivamente contaminadora de España? ¿Alguien puede creer que todas estas actuaciones no están coordinadas desde la más absoluta desvergüenza? ¿Llevarán también a Gore al Musel para que pose con la plana mayor de las empresas beneficiarias de los negocios energéticos de los gobiernos PSOE-IU? ¡Todo es posible en Asturias!

Entrevista a Al Gore en la Cuatro Enlace