Hielo que hace de ventosa entre la nieve que aún permanece y la tierra donde decidió posarse. No tardarán en llegar los vientos templados para arrancarla derritiéndola. Tonos verdes y blancos en las cumbres. Frío que remite muy despacio, resistiéndose a dejar paso a ese sol de febrero, invasor de todos los rincones, incluso los más sombríos. Abajo, en las vegas, la tierra va agotando su letargo. El verde, también. Ya empezó la cuenta atrás. Camelias y mimosas, primero. Margaritas, que vendrán después. Nieve que se despide, primavera por cuyos anticipos suspiramos. Violáceos empiezan a ponerse los castaños. Los gatos ya iniciaron su Carnaval. Se diría que sus maullidos anuncian el nuestro, que, como escribió Larra, dura todo el año. Éste en particular, acaso por estar cerca la cita con las urnas, se anuncia con más ruido, con más furia y menor originalidad. Algún que otro aprendiz de juglar, en vez de cantar a la Luna, en lugar de esculpir el cielo con amasijo de prosa, ensaya baladas para ser nombrado valido.