Se han roto todos los puentes, de Pablo Sebastián en Estrella Digital
El PSOE y el PP dirimen sus divergencias políticas en las calles de Madrid al frente de sendas manifestaciones que encabezan como tapaderas respectivas de las convocatorias los sindicatos, en el nombre del Gobierno, y el Foro de Ermua o la AVT en el de la oposición. ¿Cómo y por qué se ha llegado a esto? Los demócratas a palos y divididos y los cachorros de ETA celebrando un guateque político y de burla de la Justicia en un frontón de Bilbao. El deterioro de la situación política progresa y, lo que es peor, deja en manos de ETA la posibilidad de alterar el curso normal de la política como ya ocurrió en marzo del 2004 con el atentado islámico del 11M, la matanza de Madrid que puso patas arriba el país y facilitó el vuelco electoral con la ayuda de un Aznar que no dijo la verdad y pagó muy cara su loca aventura en la guerra de Iraq. Ahora Zapatero sabe que está, en cierta manera, en manos de ETA y a medida de que se aproximen las elecciones municipales y sobre todo las generales con más y peor motivo. Y por ello el temor de un nuevo y gran atentado lo tiene atenazado y lo empuja hacia la lamentación de caer en manos de los nacionalistas más radicales y menos solidarios, le empuja a estar más cerca de Ibarretxe y de Otegi a ver si ETA no mata, si consigue ganar tiempo, si llega sin más muertos a la cita electoral.
La otra alternativa que tímidamente le recomiendan los viejos barones del partido y “su” diario El País es que se ponga a resguardo de la banda, que pacte con el PP el regreso al pacto por las libertades y el terrorismo y que, juntos, los dos grandes partidos pongan a ETA frente a la tesitura de dejar las armas o enfrentarse a la Policía y al poder judicial con todas sus consecuencias. Pero el presidente ha escogido el primer y más arriesgado de los caminos, el del pacto con el nacionalismo, convencido de que el discurso de la paz y del diálogo ablandará a los etarras y mantendrá intacto su suelo electoral. Lo malo de este espinoso e incierto camino, con el que además se quiere demonizar y aislar al PP, es que le obliga al presidente a hacer continuas concesiones políticas y judiciales que dejan en evidencia, más si cabe, al Gobierno y al PSOE ante los ciudadanos, que no ven con buenos ojos el regreso a la negociación con ETA, a punta de pistola, bajo el humo de la bomba de Barajas, como si no hubiera pasado nada.
El espectáculo del Gobierno y del PSOE intentando liberar a De Juana Chaos, o ayudar a Ibarretxe frente a la Justicia y mientras insulta al foro de Ermua, o forzando a diario la vista gorda del fiscal general, o no cazando a los 19 jóvenes escapados de Jarrai y Segi para que luego éstos se entreguen con escarnio en un grotesco espectáculo, son gestos, son concesiones a ETA y Batasuna con los que Zapatero pretende frenar el regreso de ETA para que no repita una avalancha de muertes como en el 2000 cuando se rompió la tregua.
El presidente anda metido en su propia trampa y el PP y Rajoy lo están a su vez en su propio callejón, sin salida también, obligados a decir a todo que no y a rechazar toda nueva oferta de pacto porque desde el principio se opusieron a la negociación negando, sin decir la verdad, que Aznar negoció y hizo concesiones a ETA. Es verdad que ahora la negociación no busca la paz sino la política porque Zapatero cometió el error de abrir esa puerta de manera imprudente con lo de la mesa política con Batasuna. Pero el PP no ha querido, de ninguna manera, buscar una solución a esta crisis ni tampoco el PSOE, y ahí van los dos de espaldas y contando los pasos como si estuviéramos en la vísperas de un duelo al sol. Y ya sólo queda esperar que hablen las urnas, primero en las elecciones municipales y luego en las generales, salvo que ETA decida volver a romper su silencio mortal y haga acto de presencia con otra bomba para presionar un poco más a Zapatero y ver si el que era su decidido negociador está agotado y ya no le sirve, en cuyo caso irá a por él de manera despiadada como cuando ponían bombas cuando el golpismo del 23F amenazaba las libertades en toda España. El cuanto peor mejor suele ser una máxima de ETA. Y eso que no tiene en cuenta Zapatero lo tiene muy claro el PP.
Lo malo de todo esto es que mientras llegan las elecciones en este largo año electoral, por el camino se van quedando muchos destrozos. El poder judicial, el Parlamento, los medios de comunicación —inmersos en el fragor político a uno y otro lado de la batalla—, hasta la propia Iglesia anda dividida como lo están las víctimas del terrorismo, y también las organizaciones civiles como el Foro de Ermua y Basta Ya, que en un tiempo atrás sirvieron para unir a los españoles, y que ahora forman parte de cada uno de los bandos en contienda. Y por si algo faltara al Gobierno y al PSOE, no les ha gustado nada que se usen en la manifestación del PP la bandera de España y el himno nacional, porque ellos no los pueden ni los quieren usar sin que se enfaden sus socios nacionalistas o los de IU republicanos. Pero el uso de esos símbolos de España es también una respuesta a errores graves de Zapatero que se resumen en uno solo: poner patas arriba todo a la vez: modelo de Estado, reforma autonómica, negociación con ETA, revisión de la Guerra Civil y el aislamiento del PP.
La situación conduce a dos bloques enfrentados que recuerdan la imagen de las dos Españas de otros tiempos, aunque afortunadamente sin violencia, y en este escenario tienen parte de culpa los dos grandes partidos. Pero tiene una mayor quien gobierna y ostenta el poder porque, a fin de cuentas, todo esto ocurre en la España de Zapatero y esto mismo, esta ruptura nacional, no pasaba en la de González, Almunia o Borrell. Y sobre ello deberían reflexionar el presidente y su partido, que si todavía no están por los suelos en las encuestas electorales es por culpa de las malas maneras y los errores de este PP que sigue mirando al pasado del 11M, que está dominado por personajes como Zaplana y Acebes, que producen el mayor de los rechazos, y porque Rajoy no manda en el partido y luego pierde los nervios frente al PSOE. Se han roto todos los puentes entre los dos grandes partidos nacionales y ello no traerá nada bueno para nadie, hasta el punto que, mientras los ejércitos electorales de uno y otro bando velan las armas, ETA es quien tiene en sus manos la llave de la situación.
