EN DIAGONAL
El éxito reside en aguantar. El tripartito bis tiene claro que agotar la legislatura sin escándalos, ni estridencias, ya será un triunfo y le puede permitir una consolidación en el Govern similar a la que disfruta desde hace más de 25 años en el Ayuntamiento de Barcelona. La historia no tiene más secretos. El fracaso de la primera legislatura del tripartito es paradójicamente el gran aval que tiene el Govern para su segunda oportunidad. Las divisiones de sus miembros afloraron con tanta intensidad y sus pensamientos fueron tan ingenuamente transparentes que ahora sólo se trata de resistir las tentaciones y esperar que las hojas vayan cayendo del calendario sin repetir anteriores errores.
Este guión ha podido saltar por los aires esta pasada semana con las dos primeras crisis serias a las que se ha enfrentado el Govern: el decreto de Ernest Maragall sobre la tercera hora del castellano y el fallo del Consultiu dictaminando que buena parte de la ley de Dependencia es inconstitucional. Montilla ha logrado que el Govern vuelva a hacer piña y lo que en su día hubiera sido un festival declarativo ha quedado reducido a un breve intercambio de reproches en el despacho del president Montilla, al que le han recordado esta semana que se equivocó al nombrar conseller al hermano de su antecesor. Pero nada más.
Y hay que felicitarse, en parte, por ello. No vale criticar el esperpento de la legislatura anterior y censurar también ahora al tripartito por hacer justamente lo contrario. La ropa sucia se lava en casa y la imagen que transmite el Govern al exterior es de una seriedad que a Catalunya le va muy bien.
Pero existe una segunda perspectiva de esta polémica que radica justamente en el contenido del debate y no en las formas. Es harto discutible fijar la tercera hora de castellano desde Madrid y optar por una actitud pasiva en torno a la ley de Dependencia. Es decir, bienvenidos los millones que el Gobierno destinará a los ciudadanos que se acojan a la ley, pero no está de más recordar que estas transferencias deberían ser administradas por la Generalitat. Y podríamos añadir que existen más problemas en el horizonte, como la lentitud con la que se aplicará la reforma del limitado Estatut y los problemas que tendrá Montilla para lograr reformar el sistema de financiación.
En el Govern dicen ahora que lo importante son las infraestructuras, la sanidad y los colegios, y las cuestiones identitarias deben pasar a un segundo plano. Bien. Pero para tener más carreteras, hospitales y escuelas, se necesitaría un sistema de distribución de recursos más justo que el que hoy impera en España. Y sería una pena que la estrategia del sosiego impida que estos problemas endémicos se afronten a fondo.
Montilla ya le paró un día los pies a Zapatero cuando la estrategia monclovita pasaba por hacer president a Mas en un gobierno de coalición entre CiU y PSC. Estaría bien que la fuerza no se le hubiera acabado aquel día. Podemos estar encantados de nuestros gobernantes porque por fin ofrecen una imagen seria del país, pero estaría bien que todo no quedase en un mero escaparate. Estamos mentalizados para aburrirnos mucho esta legislatura pero pedimos también eficacia.
Atención a Corominas...
Lluís Corominas siempre ha estado en un segundo plano en la dirección de CDC a pesar de ser el secretario de organización del partido. Esta semana ha sido noticia al conocerse que se responsabilizará de la campaña municipal, desplazando a David Madí. A pesar de su discreción, o justamente por eso, Corominas es una de las personas que tienen mejor relación con Artur Mas. Hay quien ha llegado a decir que es el que más.
... y a Castellà, el delfín
Y el responsable de la campaña de Unió no será otro que Antoni Castellà, el hombre que suena con más fuerza para sustituir en su día a Duran al frente de Unió. A pesar de los problemas que tuvieron en su día cuando Castellà lideró la Unió de Joves, la relación hoy ha mejorado ostensiblemente y está bendecido también por el influyente Josep Sánchez Llibre.
Los viajes de Carod
Carod se va a India el próximo 18 de febrero e inaugura una serie de grandes viajes que emprenderá a lo largo de la legislatura. Así como el president Montilla no tiene ninguna intención de hacer largos periplos, el conseller de la Vicepresidència sí que está dispuesto a conocer mundo. Veremos si sus viajes dan tanto jugo como el último que hizo con Pasqual Maragall a Israel. Por si acaso, la mayoría de medios catalanes se han apuntado a seguir las andanzas de Carod por India.

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