Nueva Escarlata O'Hara, de Pedro González-Trevijano en La Voz de Galicia
COMO ustedes saben, Escarlata O'Hara, interpretada por la actriz Vivien Leigh, narraba la historia -en la conocidísima película Lo que el viento se llevó - de una orgullosa y rica jovencita que, en los difíciles tiempos de la Guerra de Secesión americana, lucha por salir adelante. Pues bien, para muchos, la nueva Escarlata O'Hara, con todas las salvedades y matizaciones que se quieran, está encarnada desde la semana pasada por la candidata a la presidencia de EE.?UU. Estoy refiriéndome, claro que sí, a la inteligente, ambiciosa y resolutiva Hillary Clinton.
La mujer del que fuera presidente americano, Bill Clinton (1992-2000), ha anunciado, hace unos días, su decisión de presentarse a las elecciones a la presidencia norteamericana de noviembre del 2008. Y lo ha hecho de acuerdo con la época que le ha tocado vivir, esto es, sirviéndose del imparable desarrollo de las nuevas tecnologías. Y así, la señora de Bill Clinton, y hoy senadora del estado de Nueva York, utilizaba su página web para darnos a conocer la buena nueva: su decisión de luchar, desde las filas del Partido Demócrata, por la más alta magistratura del Estado. El lema escogido no me negarán que no goza del necesario tirón mediático: «Estoy dentro y para ganar» («I'm In»). Por más que aquí sí que hay alguna diferencia, y además relevante, respecto del melodramático mensaje cinematográfico que Vivien Leigh declamaba con un trozo de tierra en su mano: «A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre».
Efectivamente, los tiempos han cambiado. Ni nos encontramos en la Guerra de Secesión ni en Atlanta, ni la situación económica de la senadora es la misma. Aún así, la senadora de Nueva York sí tiene en común, con su homónima precedente, muchos de sus rasgos: su carácter indómito, su fortaleza de ánimo y su capacidad de liderazgo.
Diferencias al margen, la senadora se convertiría, de lograrlo, en la primera mujer que alcanza la presidencia del gigante americano. Si Vivien Leigh era recompensada por su trabajo con el Óscar a la mejor actriz principal (1937), la señora Hillary Rodham Clinton sería investida como el 44.º presidente de los Estados Unidos. Y con ello tendríamos, además, un matrimonio presidencial por partida doble. Sólo puede asemejársele hoy el caso de la candidata del Partido Socialista Francés, Ségolène Royal, al Palacio del Eliseo. Pero, ya se sabe, Francia no es hoy lo mismo que EE.?UU. y, además, el marido de la política gala, François Hollande, no es más que el secretario general del PS.
Pero si lo afirmado no deja de ser sorprendente, no lo son menos sus competidores desde las filas del Partido Demócrata, con los que tendrá que enfrentarse en unas reñidísimas primarias. De una lado, Barak Obama, senador de color por el estado de Illinois. Y, de otro, Bill Richardson, gobernador hispano de Nuevo México. En resumen, los tres candidatos con más peso político constituyen una tríada integrada por una mujer, una persona de color y un hispano. Algo desde luego impensable no hace tantos años, y que habla, muy bien por cierto, de la movilidad y flexibilidad de las estructuras sociales y políticas norteamericanas.
Lo que nadie duda es que nuestra moderna Escarlata O'Hara no deja impávidos a los americanos. O se la respalda explícitamente o se la ataca abiertamente. A mí ¡me gusta!
