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5 Febrero 2007

El capital humano de la política, de Xosé Luís Barreiro Rivas en La Voz de Galicia

UN BUEN político, con experiencia, es un capital impagable que los países más cultos y avanzados acostumbran a cuidar como un tesoro. El mejor ejemplo de esta actitud se ve en los Estados Unidos, donde los ex presidentes y miembros de ambas cámaras no sólo son protegidos en su dignidad y forma de vida, sino que son utilizados por las administraciones sucesivas para realizar informes y propuestas o para representar a la nación en solemnes eventos. Y el ejemplo más lamentable seguramente estaría en Galicia, donde los ex presidentes, conselleiros y diputados son tratados como pañuelos desechables, que, una vez utilizados, acaban en la papelera.

Si para muestra basta un botón, conviene saber que, habiéndose cumplido en enero las bodas de plata de la Xunta, los gobernantes actuales ni siquiera se dignaron enviar un telegrama (o un mensaje al móvil) a quienes pusimos las difíciles primeras piedras sobre las que hoy se asienta su actividad y su prestigio. Frente a este desprecio u olvido, que son términos equivalentes, tanto la autonomía vasca como la catalana hicieron -año y medio atrás- algunos emotivos actos en los que se recordaba a todos los ciudadanos que la acción de gobierno es un continuum que está por encima de los partidos y de los avatares personales.

Por eso es criticable la propuesta de atribuir a los ex presidentes de la Xunta una prebenda con sueldo que se materializará en su condición de miembros del Consello Consultivo (72.000 euros anuales). Porque, lejos de apuntar hacia un necesario cambio de cultura, sólo se intenta resolver un problema económico que, así tratado, suena a chabacano e injusto.

Lo primero que debería hacerse es incluir este problema, que es real, en un tratamiento conjunto de la dignidad de los miembros del Parlamento y de la Xunta, en cuyo marco correspondería a los presidentes un estatus singular. Y lo segundo sería fijar la cuantía que se le garantiza a estos servidores públicos como sustento de su dignidad personal, bien sea desde que dejan su cargo (caso de los presidentes), o desde su jubilación (caso extensible a todos). Pero esto no debería hacerse con criterio de prebenda, sino de simple complementariedad de sus ingresos personales ya consolidados. De esta forma, muchos presidentes, diputados y conselleiros no le costarían nada al erario público, porque ya tienen garantizados esos niveles dignos por su trayectoria profesional. Y aquellos que hubiesen de ser complementados lo serían mediante un aporte muy reducido de recursos públicos que devengaría enormes beneficios políticos a la comunidad. Pero, por lo que veo, aún falta mucho para que se hagan buenos trajes, en vez de gobernar con remiendos.

Tags: politicos

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