La prueba del nueve, de Toni Soler en La Vanguardia
QUÉ HAY DE LO NUESTRO
BENDITO GOBIERNO. Se diría que el Gobierno de Rodríguez Zapatero quiere vengarse de Montilla poniéndolo en algún brete perverso, como el follón de la tercera hora de castellano. Pues bien, a lo mejor no hay mal que por bien no venga. El Tripartito 2.0 necesita precisamente este tipo de injerencias externas como agua de mayo. Es como una prueba del nueve de su solidez. Fíjense en el encaje de bolillos: Montilla acata lealmente la norma, pero atiende a ERC presentando un recurso de inconstitucionalidad (que ya veremos lo que recurre el recurso, ésa es otra). Con cuidado y sigilo, el Govern exhibe unidad de acción, mientras sus componentes lanzan guiños a sus respectivas parroquias. El Gobierno español también cubre objetivos, mostrándose ante el PP como un firme defensor de la lengua común. Y como la sociedad civil catalana ni se ha inmutado, la jugada les ha salido redonda. Bueno: el uso social del catalán sigue retrocediendo, pero eso son higos de otro cesto.
TURA MEDIÁTICA. Hasta ahora, el titular del Departament de Justícia de la Generalitat sólo aparecía en la prensa para a) lamentarse por la lentitud en los procesos judiciales, b) lamentarse por el escaso uso del catalán en los juzgados y c) lamentarse por la fuga de algún preso. ¡Menudo caramelo para un político con aspiraciones! Para un conseller de Justícia, lo mejor es pasar inadvertido, como le ocurrió al ciutadà pel canvi Josep Maria Vallès. Pero hete aquí que irrumpe Montserrat Tura, a quien todos dábamos por castigada, y en pocas semanas ha conseguido su primer gran titular: su departamento ha aprobado la revisión parcial del Código Civil para impedir que los maltratadores puedan heredar de sus víctimas. Lo cierto es que la revisión de los primeros libros del código se inició en el lejano 2002, pero ya ven: el titular de prensa es para Tura. Un político de raza siempre sabe cómo atraer los focos.
CARTAS POLACAS. Me permitirán que por una vez no hable de lo nuestro, sino de lo mío; me resulta inevitable tras leer ayer en La Vanguardia, en crónica firmada por Francesc Bracero, el informe sobre el estado de cosas en ERC. Resulta que Joan Puigcercós no disputará el poder a Carod-Rovira, en parte, para no parecerse a su doble de Polònia, un "malandrín que siempre hace la puñeta a un cándido Carod". Convendría recordar que, en Polònia, además de un Carod cándido y un Puigcercós malandrín, Montilla aparece alelado, Maragall siempre está in albis, Saura grita "la calle es mía" porra en ristre y Artur Mas es un ególatra coqueto. La parodia no es más que eso, un baile de personajes convertidos en caricatura, que se mueven en situaciones deformadas, exageradas y salpimentadas; la parodia nunca debe sustituir a la realidad, ni ser la base de un análisis político realista. Así deben entenderlo los espectadores y también sus involuntarios protagonistas.
SAURA Y ABSTENCIÓN. Es irrebatible que la democracia se nutre de los votos y que la abstención, si rebasa ciertos límites, puede revelarse como un mal síntoma. Justificable, pues, la preocupación del conseller Joan Saura como responsable de participació. Pero no estamos en la España de la Restauración. La gente -en general- no se abstiene por ignorancia, falta de medios de transporte o presión caciquil, sino por una decisión voluntaria, adulta, tan respetable como cualquier otra. Los abstencionistas son ciudadanos como los demás y no parece muy normal que el departamento de Saura se dedique a detectarlos, listarlos, analizar sus rasgos sociológicos y determinar las claves de su bajo nivel de democratina. El problema, si lo hay, no son ellos.
